La verdadera amistad

“La verdadera amistad con Jesús se expresa en el modo de vivir, con la bondad del corazón, con la humildad y la misericordia, el amor por la justicia y la verdad, el empeño sincero y honesto por la paz y la reconciliación”. (Benedicto XVI) De los verdaderos amigos, como de los fieles esposos, se afirma […]

“La verdadera amistad con Jesús se expresa en el modo de vivir, con la bondad del corazón, con la humildad y la misericordia, el amor por la justicia y la verdad, el empeño sincero y honesto por la paz y la reconciliación”.

(Benedicto XVI)

De los verdaderos amigos, como de los fieles esposos, se afirma que, con el transcurso del tiempo, se llegan a parecer tremendamente, a identificar.

La identificación, el ser idéntico o muy parecido el uno al otro y viceversa, se produce gracias a la comunión espiritual entre las personas. Comunión imposible de verificarse sin una comunicación bastante frecuente y franca.

Inspirado en ese hondo concepto, se puede concluir que ser verdadero amigo de Jesús equivale a seguir sus pasos o ir adquiriendo sus rasgos , hasta llegar a ser, con la ayuda de la gracia divina, en lo posible, como El, lo que presupone adoptar todo un proyecto de vida, el programa de Jesús o, en expresión de San Pablo, “tener los mismos sentimientos que tuvo Cristo”.

En preciosa síntesis, el Vicario de Cristo, Benedicto XVI, nos propone toda una “radiografía” de esos sentimientos de Jesús que el cristiano ha de hacer vida: la bondad del corazón, la humildad, la misericordia, el amor por la justicia y la verdad, el empeño sincero y honesto por la paz y la reconciliación.

La bondad ha convertido más almas que los argumentos racionales más sólidos. Un muchacho, de esos vagos, quizás comparado con un pandillero de ahora, se convirtió en una persona de bien y, si la memoria no me es infiel, más tarde en un virtuoso sacerdote al descubrir a Don Bosco arreglándole la cama. Este gesto de bondad del santo fundador de la orden salesiana conmovió profundamente al inquieto e insolente adolescente. El mejor apóstol no es el más elocuente, sino el más bondadoso, el santo, el verdadero amigo de Jesús.

El cristiano humilde de corazón, el misericordioso, el que está poseído por un elevado sentido de la justicia y ama profundamente la verdad, el cristiano que con sinceridad y en forma honesta pone todo su empeño por alcanzar la paz y la reconciliación entre los hombres, atrae hacia Cristo a los demás, proyecta una luz que no le es propia, de la cual sólo es su humilde portador, un simple medio que realiza una bella misión. Esa fue la misión de Juan el Bautista, hacer crecer a Cristo a costa de su propia disminución: “Es necesario que Él crezca y que yo disminuya”, proclamaba solemnemente.

La verdadera amistad con Jesús, que se entabla a través de la práctica constante de la oración y la contemplación, la lectura y meditación de la palabra, particularmente del Evangelio, la participación litúrgica y la recepción frecuente de los Sacramentos, nos lleva a ser humildes discípulos y ardientes misioneros.

Hay un evangelio que la gente necesita leer urgentemente en estos tiempos: el evangelio de tu propia vida., el de la mía, el de la vida de aquel o aquella joven que participa en la Eucaristía y comulga, el del adulto y el anciano que va a misa, el del empresario y el obrero que se confiesan cristianos, el del funcionario público y el del ama de casa… muchos no conocen el Evangelio de la Biblia por indiferencia, por pereza, indisciplina o por cualquier otra causa. ¡Enseñémoselo nosotros! ¿Cómo? Expresándolo en toda circunstancia con nuestro modo de vivir, ayudando a entender palpablemente a muchos desorientados de lo que es ser cristiano.

Religión y Fe

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