(LA PRENSA/ARCHIVO)

“Hasta el más xenófobo entiende el aporte de los migrantes”

Hoy asume en la Diócesis de Alajuela un religioso español. En los primeros años de la migración masiva a Costa Rica desafió prejuicios y el menosprecio hacia los nicaragüenses y se convirtió en su amigo y defensor. Como uno de sus principales orgullos, enumera haber logrado que se les vea como sujetos de derecho y […]

  • Hoy asume en la Diócesis de Alajuela un religioso español. En los primeros años de la migración masiva a Costa Rica desafió prejuicios y el menosprecio hacia los nicaragüenses y se convirtió en su amigo y defensor. Como uno de sus principales orgullos, enumera haber logrado que se les vea como sujetos de derecho y con más respeto
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Monseñor Ángel San Casimiro nació en Pradejón, España, en 1942. Hizo su profesión solemne de religioso en la orden de los Frailes Agustinos Recoletos y fue ordenado presbítero el 3 de octubre de 1965.

En julio de 1966 es enviado por los superiores a México, pero tres meses después, el 6 de octubre de 1966 era enviado a Costa Rica.

En Costa Rica ejerció su ministerio presbiteral en la Diócesis de Alajuela y en obras de su comunidad religiosa, los Agustinos Recoletos.

Fue designado Obispo de la Diócesis de Ciudad Quesada el 25 de julio de 1995, recibió la ordenación episcopal el 7 de octubre de ese año y el mismo día tomó posesión de su sede episcopal.

El nuevo Obispo de Alajuela tomará posesión de su nueva sede este viernes 12 de octubre, día de la Virgen del Pilar, patrona de la Diócesis.

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Ángel San Casimiro, obispo católico de Alajuela:

CORRESPONSAL EN COSTA RICA/ SAN JOSÉ

La voz de monseñor Ángel San Casimiro, de origen español, es una de las más respetadas que tiene la Iglesia costarricense.

Esa voz clara y sonora, con cierto acento español, ha encontrado suelo fértil en la zona norte del país, una región eminentemente agrícola que ha acogido en los últimos años a miles de inmigrantes nicaragüenses que, buscando mejor vida, se han empleado en áreas como cítricos, caña y piña, entre otros rubros.

Desde la Diócesis de Ciudad Quesada y con ayuda de los comités de pastoral social de las parroquias de la zona, San Casimiro ha dirigido durante 12 años una loable labor de acompañamiento a favor de los nicaragüenses, sin apartar su labor religiosa; cuyo fruto se ve reflejado en la reivindicación que han tenido los inmigrantes en la región.

Muchas de las labores es dándole apoyo en procesos de documentación, información y capacitación en varios temas, sensibilización, promoción de derechos humanos y asesoría migratoria. También en procesos de incidencia política para buscar una mejor legislación migratoria.

San Casimiro será desde hoy el nuevo Obispo de la Diócesis de Alajuela.

Monseñor promete realizar un trabajo similar con los nicaragüenses en Alajuela, pero “primero tengo que ubicarme, conocer dónde están, qué hacen, qué problemas tienen, qué vida llevan y de estos signos que yo vea, con la Pastoral Social vemos cómo incentivamos el acompañamiento a esta querida población”, dijo.

Monseñor, después de haber estado durante 12 años en Ciudad Quesada, ¿cuál es el balance de su labor, sobre todo en el trabajo que han hecho con los inmigrantes nicaragüenses?

Cuando uno llega al final de una etapa, yo digo que se impone una especie de evaluación de la obra que a través de uno se ha realizado. Qué duda cabe que en 12 años ha llovido mucho. Ciertamente que este paso por Ciudad Quesada como que me marcó. Me marcó en ciertas facetas de la tarea que como Obispo llegué a cumplir en el nombre del Señor.

Una de las facetas que marcó mi vida fue la que diseñé un 7 de octubre de 1995, precisamente en la Eucaristía en la que fui consagrado. Allí dice que uno de los ejes prioritarios de mi acción pastoral en consonancia con la opción de Jesús y la opción de la Iglesia por los más pobres, iban a ser los que yo califico pobres entre los pobres, que son precisamente los migrantes.

Hay muchas formas de entender la migración, pero a la que nosotros nos referimos es a la migración forzada y en ese caso precisamente a la migración forzada por causas estrictamente económica y laboral.

Después de doce años de trabajo en este campo, la evaluación que personalmente he hecho en cuanto al trabajo que la Pastoral Social ha realizado, es tremendamente positiva, esto no quiere decir que no hubiéramos podido hacer más, uno siempre es un eterno insatisfecho.

Pero en general creo que ese campo, si tuvieran que darnos una nota, me parece que en justicia nos merecemos una buena nota. Hemos logrado después de 12 años, que el migrante, especialmente el migrante nicaragüense, sea hoy día visibilizado en nuestra región y sea visibilizado en nuestra región porque el migrante es ya considerado más persona. Es considerado como sujeto de derecho, aunque también por supuesto hay objeciones.

Pero nos hemos dedicado a acompañar, nos hemos dedicado a que en la región al nicaragüense se le considere como persona y como tal con derecho para acceder a todos los servicios que demanda precisamente una vida humana.

Entonces concretamente en este campo, repito, yo me siento profundamente satisfecho, no diría, porque esto sería demasiado petulancia, con una labor estrictamente personal, no, no; yo siempre les digo que desgraciadamente alguien tiene que llevarse los reconocimientos, en este caso he sido yo, pero junto a mí hay mucha gente que se ha partido el alma y el pecho que quizá no salen por la prensa, pero que han trabajado mucho más que yo y por eso en estos momentos yo tengo que hacer un reconocimiento de todos los comité parroquiales de Pastoral Social, de todos los comités parroquiales que han trabajado en este campo de la movilidad humana, porque ellos son los que han hecho la labor de campo.

¿Fue difícil iniciar esa labor de acompañamiento con los inmigrantes?

Muy difícil. Era muy difícil por cuanto que existía algo que yo no puedo entender.

Existía una gran dosis xenófoba, donde al migrante se le humillaba, donde del migrante se abusaba, donde al migrante se le estigmatizaba en que él era el culpable de toda la patología social de la región.

Fue necesaria una labor convincente, machacona, de mucha paciencia, para que esta cultura se transformara en una cultura de acogida, en una cultura de respeto y valoración a lo que ha significado el migrante en el desarrollo económico y social de la región y de Costa Rica.

Hoy día creo que hasta la mente más xenófoba que pueda existir, difícilmente no entenderá que este crecimiento económico que Costa Rica ha tenido, en gran parte se ha debido a las manos que de afuera nos han llegado.

Yo creo que debo de reconocer el impacto tan positivo que la migración ha tenido en Costa Rica y también yo no debo ser tan radical que yo no vea que dentro de la población migrante ha habido individuos, ha habido personas que le han hecho un grave daño a su colectividad, y es cuando se ven migrantes involucrados en actos de sangre, de robos, que también los ha habido, pero lo que no podemos hacer es estigmatizar a toda una colectividad por la conducta de unos cuantos.

Al inicio yo fui objeto de mucha crítica, de mucha burla, fui objeto muchas veces hasta que mi nombre apareciera en algunas paredes. Pero bueno, ese es el precio que uno tiene que pagar cuando sabe que está cumpliendo con el mandato de Jesús.

Ahora la realidad de los nicaragüenses en la zona norte es distinta, a como dice, la gente ha sabido apreciar su trabajo…

No solamente se revaloriza. Creo que lamenta precisamente que no tengamos más mano de obra nicaragüense, porque el nicaragüense será lo que sea, pero es un hombre de trabajo, es un hombre como ustedes dicen, bien arrecho. Por eso es que estamos teniendo problemas con la mano de obra de cítricos, de caña, en fincas, en la piña. Esto significa que no valoramos lo que tuvimos y ahora añoramos la abundancia que tuvimos.

Incluso el Gobierno habla de traer, importar, mano de obra extranjera…

Es que no queda de otra. Yo me acuerdo que en una ocasión yo dije en una homilía: “Ojalá que mi voz no sea profética pero llegará el día en que le estemos gritando a los nicaragüenses que se vengan para Costa Rica” y esa voz parece que se está cumpliendo.

Aún falta que hacer …

Falta realmente algo importante por hacer y esto es más bien de incidencia política en Nicaragua y en Costa Rica.

En Nicaragua hay que incidir para que se les facilite sus requisitos a fin de poder ser regularizado en sus trámites migratorios.

Uno de los aspectos que yo diría básico y que es legal, es que las autoridades de Nicaragua permitieran que los trámites requeridos precisamente para poder acceder aquí y poder iniciar la regularización para la residencia, se hiciera en los consulados de Nicaragua. Eso legalmente es factible.

¿Y el Gobierno de Nicaragua ha escuchado esa propuesta?

A mí como buen español me gusta hablar con claridad. Al pan pan y al vino vino. Sí, en el pasado no veíamos colaboración de las autoridades de Nicaragua, ni siquiera de la Iglesia.

Hoy día desde hace unos añitos para acá, podemos decir que la Iglesia nicaragüense ha tomado con mucha seriedad esta corresponsabilidad con nosotros. Yo tengo que ser honesto, hay muy buen ambiente en los funcionarios de gobierno. Hay muy buena disponibilidad de colaborar para que sus ciudadanos, que forzadamente han tenido que venir a trabajar a Costa Rica, se les faciliten todos los requisitos en orden para que puedan venir legalmente, por tanto, yo agradezco mucho a las autoridades eclesiásticas y civiles de Nicaragua, que gracias a Dios hoy se están poniendo la camiseta en ayuda al inmigrante.

Del lado de Costa Rica parece que hay mucha flexibilidad.

Yo lo que he visto tanto en el Ministro de Seguridad Pública (Fernando Berrocal), como en el Director de Migración (Mario Zamora) y por supuesto el Presidente (Oscar Arias), que miran el tema migratorio desde un prisma puramente humano.

Recordemos que la ley es para aplicarse a seres humanos.

“MANDO UN ABRAZO MUY FUERTE A TODOS LOS NICARAGÜENSES”

Su trabajo ha llevado a monseñor San Casimiro a querer a Nicaragua.

“He aprendido a quererla. ¿Qué me gusta de Nicaragua? Los y las nicaragüenses. Gente trabajadora, gente que ha sufrido y que en el sufrimiento se han tenido que levantar tantas veces. Por eso cuando uno ve a un pueblo que sufre, que se levanta, que cae y vuelve a levantarse, uno admira mucho eso”, dijo el nuevo Obispo de Alajuela, quien también se ha declarado admirador de Rubén Darío.

Algunas de sus oraciones, según comenta, es que Dios ayude a Nicaragua a crecer integralmente: “Por medio de esta entrevista mando un abrazo muy fuerte a todos los nicaragüenses y deseando que poco a poco vayan buscando la senda para tener una vida digna”, suplica.

¿Le gusta la comida nicaragüense?

Sí claro, me gusta la comida. Las veces que he estado en Nicaragua me ha gustado su comida, aunque el nacatamal como es tan grande, me cuesta terminarlo.

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