¿Doblemente enamorada?

La realidad es que estos tipos de “amores dobles” suelen durar muy poco Hay personas que son capaces —denotan las investigaciones realizadas— de sentirse como “dos volcanes en erupción, acompasados al ritmo frenético de un corazón al borde del infarto y un cerebro llevado al límite” y contra todos los pronósticos, no se mueren ni […]

La realidad es que estos tipos de “amores dobles” suelen durar muy poco

Hay personas que son capaces —denotan las investigaciones realizadas— de sentirse como “dos volcanes en erupción, acompasados al ritmo frenético de un corazón al borde del infarto y un cerebro llevado al límite” y contra todos los pronósticos, no se mueren ni se enferman. Estos extraños seres no se cansan ni descansan, no decaen ni desisten. A pesar de los inconvenientes, se mantienen de pie, debatiéndose entre dos polaridades simétricas y perfectamente equilibradas en cualquier tipo de balanza. Dos amores con igual intensidad de pasión, de atracción, con ningún ápice de diferencia.

Lo interesante es que las vivencias afectivas, cognitivas y conductuales de quien padece esta doble afectividad se superponen y confunden. En esencia, los dos amores producen los mismos efectos, como si el cuerpo no pudiera considerar por separado los polos del conflicto. La misma taquicardia y la misma emoción localizada en la boca del estómago. No interesa si son mariposas o murciélagos, la consecuencia es la misma: una doble angustia corta la respiración y pone a temblar el sistema hormonal.

“Sueño con los dos, disfruto con los dos, extraño a los dos, no concibo mi vida sin ellos”, me decía una joven incapaz de resolver su ecuación afectiva, donde “ambos amores” los ubicaba a la par, irremediablemente igualados. Supongo que usted, al igual que yo, estará de acuerdo con que al menos en términos prácticos, lo ideal sería no abrir sucursales afectivas. Y no me refiero a la infidelidad, que es el tema aparte, sino a que la emoción se encauce por un solo canal. Sin embargo, nada hay más subversivo que el amor, nada más impredecible y sorprendente.

Otra realidad es que estos tipos de “amores dobles” suelen durar muy poco, ya que se trata de una química concentrada transitoria, ebullición desordenada y vibrante. Pero en ocasiones, la bioquímica es transcendida y el amor se asienta descaradamente durante años. Nos atraviesa como una espada de dos filos y allí permanece como el mayor de los enigmas.

Hay personas un poco mayores, adultos que confiesan haber tenido otro amor, platónico, inconcluso, inconfesable, durante más de muchos años y que siendo posiblemente para algunos un pecado no concebido, para otros constituye un sacrilegio, una mentira.

Es cierto que querer por partida doble nos hace pensar en ciertos escepticismos, como se han planteado en historietas de brujas, montadas, volando en escobas, pero lo que debe quedar claro es que la opción existe y que el amor en ocasiones es capaz de volar en muchas direcciones. Y que al final uno de esos amores se estrelle, no obstante, en el amor todo es posible.

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí