Al parecer, Tikal era un reputado centro de enseñanza de matemáticas, astrología y arte. (Fotos de La Prensa/EFE )

El renacimiento Maya

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    Vuelve de nuevo el interés por las antiguas civilizaciones. Latinoamérica mira hacia sus raíces y enseña su glorioso pasado, donde culturas, como la maya, establecieron imponentes imperios, llenos de sabiduría, cultura y tradición.

    Durante el siglo XX, a partir de los años sesenta, Centroamérica se vio obligada a echar cerrojo a sus fronteras debido a las guerras internas que azotaban la región en una sangrienta lucha entre derechas e izquierdas. Hoy la paz, el progreso y el restablecimiento de la democracia en dicho territorio se pueden apreciar y la promoción turística de la zona ha ocupado un lugar privilegiado en la agenda de cada gobierno.

    Esta apertura ha hecho posible que se difunda información sobre la riqueza cultural centroamericana. La herencia maya es fuente de orgullo y su legado es una joya que se muestra en todo su esplendor y cuyo encanto ha llegado hasta el pleno corazón de Hollywood. La película “Apocalypto”, del conocido director Mel Gibson, ha contribuido a despertar el interés del público por la civilización maya.

    La civilización maya sigue siendo hoy un misterio, pese a que muchos son los templos que permanecen intactos y generosamente repartidos en un área de aproximadamente 500 kilómetros cuadrados. Frecuentemente se producen nuevos hallazgos arqueológicos que despiertan la atención internacional y que develan nuevos datos de su vida y obra, pero aún no se conocen los motivos que generaron la decadencia del Imperio. Sólo se sabe que cuando llegaron los conquistadores españoles, los mayas ya habían abandonado sus centros más importantes y se habían dividido internamente.

    Lo cierto es que la historia demuestra que todo Imperio, por más rico y desarrollado que sea, decae, y la civilización maya -lejos de ser una excepción a la regla- vivió su propio Apocalipsis, pero antes conquistó y dominó un vasto territorio del que hoy quedan magnificas huellas que evocan su esplendor y que constituyen una valiosa muestra cultural y patrimonial que dominó a lo largo de tres siglos gran parte de Centroamérica, construyendo su imperio en lo que hoy es México, Guatemala, Belice, Honduras y El Salvador.

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