El dedazo en las nominaciones

Ante el acercamiento de la campaña electoral para los comicios municipales del próximo año, ya están surgiendo múltiples candidatos de los distintos partidos que tratan de vender su imagen ante los electores, aunque en algunos casos debe decirse ante su caudillo.

En una genuina democracia, los partidos políticos presentan candidatos para que en elecciones periódicas el pueblo elija directamente al Presidente y al Vicepresidente, a los diputados, a los alcaldes y a los concejales. Las autoridades elegidas se convierten en los garantes de la institucionalidad y la democracia, dos condiciones esenciales para la vida en libertad y el desarrollo.

En el caso de las organizaciones de la sociedad civil, aunque éstas juegan un importante papel en el destino político del país sin embargo no tienen facultades legislativas ni ejecutivas. Su actuar está dirigido principalmente a ejercer presión sobre los que tienen el poder de decisión, esto es, los partidos políticos, tanto el que está en el poder como los de oposición. El grado de democracia, de madurez, de eficiencia, de honestidad de los partidos políticos se verá reflejado en el desempeño del gobierno y de los demás Poderes del Estado.

Esto significa que lo que ocurre en el interior del PLC, de la ALN, del FSLN y del MRS, tiene repercusiones directas e indirectas para la democracia nicaragüense. Por ejemplo, la manera cómo estos partidos escogen a sus candidatos para las elecciones presidenciales y municipales es importante. Que los miembros de cada uno de estos partidos tengan o no derecho a diferir, a proponer, a votar, a ser parte de sus directivas, etc., es importante. Igualmente es muy importante que los candidatos surjan de postulaciones hechas por las bases y no por señalamiento del dedo del líder.

En este sentido, llama la atención que el vice alcalde sandinista de Managua, Alexis Argüello —según se puede leer en la entrevista que ofreció al suplemento Domingo, de LA PRENSA, publicada en la edición del 2 de septiembre— insista tanto en que su esperanza en ser candidato a Alcalde de Managua descansa exclusivamente en gozar de la simpatía de Daniel Ortega y Rosario Murillo, al mismo tiempo que destaca «la obediencia» partidaria como la virtud más sobresaliente del partido Frente Sandinista, con el cual se identifica.

Argüello es sin duda una gloria deportiva de Nicaragua. Sin embargo, como político no tiene mayor trayectoria y, sin ánimo de menospreciarlo, tampoco ha demostrado un liderazgo eficiente e independiente desde su actual puesto de Vicealcalde de Managua.

El Alcalde de Managua debe ser una persona con capacidad, iniciativa y creatividad para responder a las muchas y complicadas necesidades de la ciudad, no alguien que responde únicamente a intereses partidarios. Que Alexis Argüello confiese públicamente que su confianza en su postulación como candidato por el FSLN a Alcalde de Managua, descansa en su amistad, aceptación y sumisión con el matrimonio Ortega-Murillo, es suficiente para descalificarlo como candidato idóneo. La elección «de dedo» es precisamente una de las causas principales de por qué Nicaragua no sale del subdesarrollo, de la pobreza y de la ignorancia.

Actualmente hay una crisis de credibilidad de los partidos políticos en América Latina, porque se han convertido en organizaciones controladas por cúpulas y caudillos que manipulan candidatos en base a intereses personales o familiares; porque se impide que gobiernen los mejores, los idóneos, los más capaces; porque se persiste en el viejo vicio de buscar el puesto para el hombre y no el hombre para el puesto. Así, los graves e innumerables problemas sociales permanecen sin resolverse y jamás se sale del atraso.

Los partidos políticos deben democratizar el mecanismo de postulación de candidatos; deben dejar que sus miembros elijan en base a las capacidades individuales de cada candidato, por su trayectoria política y ético-moral, por el grado de confianza que inspiran, por su vocación de servicio, por su independencia y grado de iniciativa para tomar decisiones pensando no en lo que conviene a su partido sino en lo que conviene a la comunidad que los eligió.

Las bases de los partidos políticos deben presionar a las cúpulas para que respeten su derecho a nominar y a elegir. Esto es fundamental para la consolidación de la democracia y para el progreso de la nación.

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