(FOTOS LA PRENSA/M. LORIO)

“La lucha no es fácil, pero tengo fe en llegar”

Después de Devern Hansack, el pelotero nicaragüense que más progreso registró este año en las Ligas Menores se llama Ofilio Castro, un joven jugador de cuadro de los Nacionales de Washington, quien subió hasta Doble A y enfrenta una etapa decisiva en su carrera luego de seis campañas en la lucha por subir Ofilio Castro, […]

  • Después de Devern Hansack, el pelotero nicaragüense que más progreso registró este año en las Ligas Menores se llama Ofilio Castro, un joven jugador de cuadro de los Nacionales de Washington, quien subió hasta Doble A y enfrenta una etapa decisiva en su carrera luego de seis campañas en la lucha por subir

Ofilio Castro, infielder de los Nacionales de Washington

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    Ahora que ha llegado el momento de realizar el recuento tras concluir la temporada en las Ligas Menores, el balance es positivo para Ofilio Castro.

    “Este año lo comencé en Clase A. Batee sobre .300, fui al Juego de Estrellas de la liga y terminé en Doble A. Tengo que estar satisfecho”, señala con orgullo el infielder capitalino.

    Y tiene razón. Alcanzar la categoría en la que Castro terminó es tan difícil que el ochenta por ciento de los más de cien nicas firmados en la historia, ni siquiera la soñaron. El límite suele ser Clase A.

    “Para mí llegar ahí (Doble A) fue dar un paso muy grande, pero sé que la lucha por subir a Grandes Ligas es dura, aún así, tengo fe en que podré llegar”, dice Ofilio, quien luce fuerte y con una mejor definición muscular.

    Las Ligas Mayores están a un paso, o a dos, o quién sabe a cuántos, pero Castro está más cerca ahora de donde comenzó en el 2001, luego de ser firmado por los Expos de Montreal, ahora Nacionales de Washington.

    Quizá eso explique su satisfacción, o a lo mejor el hecho, de que su carrera por poco termina antes de comenzar, le ha permitido un sentimiento especial a cada uno de sus logros.

    En su primera temporada en la República Dominicana, Castro sufrió un accidente en una práctica de su equipo. Mientras recogía pelotas en el infield, un compañero conectó una línea que le impactó en su cara.

    “Lo recuerdo bien. Fue el 28 de mayo de 2001. Recuerdo que sangraba bastante por la nariz y fui llevado a una clínica donde me internaron. Ahí pensé que todo había terminado, pero un mes después, estaba en el terreno”, dice Ofilio con brillo en sus ojos.

    De aquel inconveniente le quedó una leve hendidura en la frente, pero sobre todo, una gran lección sobre el amor a la vida y lo necesario que es luchar para alcanzar los objetivos.

    EL RECORRIDO

    ¿Ese accidente fue lo más duro que te ha pasado en tu carrera?

    Fue duro, pero ahora lo veo como una experiencia que me fortaleció para las luchas que vendrían después. Nada es fácil en la vida, pero tras el accidente me sentí más fuerte, con más deseos para luchar. Recuerdo que cuando hablé con mi mamá el Día de las Madres, le dije que estaba bien, pero en realidad estaba con el ojo inflamado.

    ¿Es dura la vida para un pelotero en las Ligas Menores?

    Sí. Muchas veces la gente opina que uno no se faja o que le falta empeño, pero hay muchos obstáculos que se tienen que superar. Y no sólo es el idioma, también la cultura, alejarse de la familia y aprender a sobrevivir por tu propia cuenta.

    ¿Qué es lo más difícil?

    Alejarse de la familia no es fácil, pero lo más difícil es estirar el dinero para satisfacer todas las necesidades que tenés, y encima, rendir en medio de un gran nivel de competencia. Uno tiene que pagar la renta del apartamento, luz, agua, teléfono y movilizarse por su cuenta.

    ¿Cómo es todo ese asunto?

    Cuando vas a una liga de novatos, el equipo se encarga de transportarte, de asegurarte la alimentación y te facilitan una serie de ayudas que te hacen más cómoda la estadía, pero a medida que vas ascendiendo, te vas soltando para que aprendás a valerte por vos mismo.

    Ya en Clase A, pagás casa…

    Exacto. Ahí te toca a vos arreglar lo de tu residencia, alimentación y el transporte. Vos tenés que ver cómo llegás al estadio. Yo he tenido la ventaja que tengo amigos americanos (estadounidenses) que tienen vehículos, pero si no, tenés que llamar taxis que te vayan a buscar.

    ¿A medida que vas subiendo de categoría, los gastos suben también?

    Así es. Fijate que incluso tenés que pagar algo que se llama clubhouse, que es la plata que se le da a la gente que se encarga de lavarte el uniforme y arreglar el casillero. En Clase A pagás siete dólares, en Doble A, nueve. Eso es diario si sos visitante.

    ¿Y los salarios son cómodos?

    No. Sólo considerá que después de los gastos que tenés que pagar en el apartamento, te van quedando lo más 300 dólares. Y uno lo entiende. El dinero está en las Grandes Ligas y tiene que esforzarse duro para llegar a ganártelo.

    ¿Y vos creés que vas a llegar?

    Sí, yo tengo fe en que al final de la lucha voy a estar allá (en las Ligas Mayores). Sé que no es fácil, pero ahí voy peleando cada día.

    Sin embargo, tu ritmo ha ido un poco lento. Esta es tu séptima campaña…

    Sí, lo sé, pero en lugar de desanimarme, eso me ha permitido que en cada categoría que llego aprendo cosas nueva, gano más experiencia. De tal modo que cuando me toque llegar a la meta, esté bien preparado. Hay gente que sube rápido y así mismo baja.

    ¿Es grande la diferencia entre Clase A y Doble A?

    Sí, muy grande. Me parece que es más profundo el estudio que se hace del beisbol. Hay más reportes sobre las tendencias de los bateadores. Los lanzadores no regalan nada y son más astutos, además lanzan muy fuerte. En Clase A con 2 y 0 (dos bolas sin strikes) yo esperaba una recta y bateaba. En Doble A vienen con un slider o una curva. El talento está más desarrollado.

    ¿Te costó adaptarte a este nivel?

    Sí, al principio fue difícil porque yo llegué con una mentalidad en la que supuestamente podía anticiparme a lo que podían ofrecerme los lanzadores, pero de pronto, vi otra cosa y caía en slump. Sin embargo, comencé a trabajar duro y al final cerré bien, con un promedio de .254 que para un primer año ahí no es malo.

    Tim Raines dice que fildeás bien, pero que debés batear más si tenés aspiraciones de llegar a Grandes Ligas.

    Eso me dijo a mí, y yo estoy consciente de eso. Pero él me vio trabajar y me ayudó para que al final luciera más consistente en mi bateo. Fui de los jugadores que siempre llegó muy temprano a los juegos a trabajar con mi bateo y al final se vieron los resultados. Creo que voy a seguir mejorando en ese aspecto.

    ¿Creés que los Nacionales piensan en vos como un prospecto?

    Uno nunca sabe qué piensan los equipos en realidad, pero tuve la oportunidad de hablar con Barry Larkin (ex jugador) que ahora es ejecutivo y me dijo que el equipo espera que yo me desarrolle y logre serles útil en el futuro. Raines (coach de bateo) también me anima mucho y dice que la organización espera bastante de mí.

    ¿Cómo anda lo de tu contrato con los Nacionales?

    Pues, este es mi año de agente libre. De modo que en cuanto pase la Serie Mundial de Grandes Ligas, yo soy agente libre, pero de acuerdo con lo que se ha dicho y lo que yo percibo, voy a recibir un nuevo contrato con los Nacionales. Eso es lo que yo espero. De no ser así, quizás haya chance por otro lado, pero Washington tiene la primera opción al negociar.

    Ya veremos qué pasa. Una forma de averiguar cuál es el interés de los Nacionales, se podrá apreciar en la decisión que tomen en octubre.

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