Cuando el ser humano apenas comenzaba a salir de la barbarie y daba los primeros pasos hacia la civilización, la venganza era la forma de cobrar o castigar los agravios. El concepto de justicia no existía. La llamada ley del talión, del ojo por ojo y diente por diente, era la única manera de cobrarle a alguien por el daño causado a otro u otros.
Pero en la actualidad, con todo el desarrollo que ha alcanzado la sociedad en todos los ámbitos, incluyendo el judicial y la vigencia y respeto de los derechos humanos, la venganza es algo despreciable, significa un regreso al salvajismo y degrada tanto al que la sufre como al que la promueve o la aplica de manera directa y personal. Y peor aún es la venganza que se practica teniendo a su disposición las ventajas del poder, ya sea político o de cualquier otro tipo.
El gran escritor húngaro del siglo XX, Sandor Marai (1900-1989), escribió al respecto que “nunca son tan peligrosos los hombres como cuando se vengan de los crímenes que ellos mismos han cometido”. Marai se refería de ese modo a la monstruosa venganza política que se practicó en su Hungría natal, cuando estuvo sometida por el fascismo entre 1920 y 1945, y después, cuando fue esclavizada por el comunismo, de 1947 a 1990.
Ahora, en Nicaragua, con el retroceso impuesto por el pactismo, el autoritarismo y la corrupción, la venganza política está a la orden del día y las instituciones del Estado son usadas por los caudillos como armas para someter y/o destruir a sus enemigos. Venganza política es el despojo de su diputación de que ha sido víctima el señor Alejandro Bolaños Davis, por resolución del Consejo Supremo Electoral ratificada por la Corte Suprema de Justicia. Y por venganza están acusando al ex presidente Enrique Bolaños de supuestos actos delictivos.
A Bolaños Davis lo despojaron de su diputación, por haber denunciado la extorsión de capos sandinistas contra inversionistas del sector turismo; porque defendió enérgicamente a los miles de empleados públicos despedidos por la nueva administración de Daniel Ortega; pero también porque es sobrino carnal del ex presidente Enrique Bolaños Geyer.
Por venganza política están sometiendo al ex presidente Bolaños Geyer a un antejuicio político para quitarle la inmunidad parlamentaria y juzgarlo después como a un criminal. Esto se puede dar por descontado, si se considera que la comisión parlamentaria que conduce el antejuicio político contra el ex presidente Bolaños es presidida por el diputado Wilfredo Navarro, quien se ha declarado públicamente como su enemigo político y personal.
¿Qué clase de justicia es esta? ¿Dónde están las garantías del debido proceso para el ex presidente Bolaños, si son sus enemigos políticos e inclusive personales quienes lo están prejuzgando políticamente y después lo van a procesar penalmente? Si en realidad hubiera acusaciones fundadas contra el ex presidente Bolaños, ¿por qué no integraron sólo con diputados independientes la comisión para examinar y dictaminara la solicitud de su desafuero?
Las cúpulas del PLC y el FSLN quieren vengarse del ex presidente Bolaños, porque este se opuso, con todos los recursos que tenía disponibles, a las tropelías pactistas y al saqueo de los recursos del Estado que pretendían hacer por medio de la reforma constitucional del 2005. Pero, sobre todo, los líderes del PLC quieren castigarlo porque acusó de corrupción a Arnoldo Alemán, y como consecuencia éste fue condenado por una juez sandinista a veinte años de prisión, aunque hasta ahora anda libre por todo el país como cualquier honorable ciudadano.
Sin duda que en la Administración del presidente Bolaños hubo funcionarios corruptos, que aprovecharon los cargos gubernamentales para su beneficio particular. Pero a él personalmente nadie lo ha podido acusar de que robó o malversó fondos públicos, mucho menos que hubiera cometido los desmesurados actos de corrupción que cometieron sus vengativos acusadores: la piñata sandinista y la huaca arnoldista.
La venganza política contra los Bolaños es una penosa demostración de cómo la administración de justicia en Nicaragua ha retrocedido, ha sido pervertida y degradada por el partidismo, el pactismo y la corrupción. Nicaragua se encuentra hoy en una situación de primitivismo político y bancarrota moral que avergüenza e indigna a todos los nicaragüenses honestos y democráticos.