- El sector siderúrgico de Latinoamérica está en el tope. Y la tendencia del mercado es de crecimiento y consolidación, según los especialistas
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Después de cinco años de franco crecimiento del sector siderúrgico mundial, que también tuvo su correlato en América Latina, ahora es tiempo de reflexión. Los especialistas coinciden que el alza de los precios de mineral, provocada principalmente por la demanda china, fue determinante para que la bonanza se consolidara. Pero ahora todos tienen claro que llegó el momento de la consolidación.
“Estamos en el tope del ciclo normal del mineral de hierro”, dice Carlos Hermosillo, analista del sector de siderurgia de Vector Casa de Bolsa, en Ciudad de México.
Según el analista, éste es un tiempo de consolidación donde se observarán variaciones menores en el precio del mineral de hierro y quizá en los próximos dos años podría registrarse una caída de un 10 por ciento en el precio de la materia prima. El nuevo tiempo llegó hasta para Lakshmi N. Mittal, el CEO del gigante global Arcelor Mittal. “La industria de siderurgia se encuentra hoy en una posición muy sólida, y este nuevo período de estabilidad requiere un nuevo abordaje”, dijo hace unos días.
OLEADA DE ADQUISIciONES
¿La nueva tendencia alcanza a América Latina? La respuesta es sí. “Las acereras latinoamericanas forman parte del proceso global de consolidación”, dice Guillermo Moreno, analista del Instituto Latinoamericano del Hierro y del Acero (Ilafa).
“La argentina Techint (número 14 en el ranking de las 500 mayores empresas de la región), a través de su filial Ternium (N° 45), compró recientemente a la mexicana IMSA (N° 98) por más de US$3,000 millones, mientras que Gerdau compró activos en México y Venezuela durante 2006”. A eso hay que sumar que la siderúrgica brasileña formalizó en junio pasado un joint venture con el grupo indio Kalyani, para operar una planta en Tadipatri, India.
La adquisición de las acciones en India es vista por el mercado “como una diversificación geográfica, además del valor agregado”, dice Reginaldo Takara, analista de Standard&Poor's en São Paulo.
Y aún no está todo dicho en la región. Pues, según Takara, Brasil estuvo corriendo a otro ritmo en relación con el resto del mundo.
De hecho, el informe Perspectivas de la Inversión 2007-2010, dado a conocer por el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social de Brasil (BNDES), el sector de infraestructura del país tiene proyectos de inversiones identificados por unos US$102,000 millones entre 2007-2010.
Es un aumento de un 9.9 por ciento en relación con el período 2002-2005. En 2006, la industria siderúrgica y de mineral brasileña exportó 310 millones de toneladas, y saltó al lugar 19 en el mercado mundial de mineral de hierro. Y el sector contribuyó con un 35 por ciento del superávit comercial del país.
Por su parte, los fabricantes brasileños de acero tienen planes de invertir US$15,000 millones hasta 2012. De acuerdo con la carta compromiso entregada por Rinaldo Campos Soares, presidente del Instituto Brasileño de Siderurgia (IBS), los planes son aumentar la producción nacional, que debe saltar de los actuales 37 millones de toneladas a 66 millones de toneladas por año.
Para alcanzar esa meta, la industria deberá hacer un doble movimiento tendente a recortar sus exportaciones y volcar más producción al mercado interno, para atender las industrias automotriz y de la construcción civil, tanto en el sector de infraestructura como en el sector inmobiliario.
“Creemos que las exportaciones van a bajar especialmente en Brasil y México”, explica Moreno, del Ilafa. Para el analista, las inversiones se están realizando, pero éstas sólo lograrán aumentar la oferta hacia 2009 y 2010, años en los que se espera un verdadero salto en la producción. Pero si México no soluciona sus problemas de suministro de gas, y en Brasil no llegan a un acuerdo los empresarios y el Gobierno, puede ser que ese salto esperado finalmente no sea tan grande.
Una muestra de las restricciones para crecer, que todavía persisten en Brasil, tiene como protagonista a la Companhia Siderúrgica del Atlântico (CSA). La empresa tiene planes de comprar máquinas de China para construir su usina en Río de Janeiro. El objetivo es llevar al país 2,000 empleados chinos para trabajar en el montaje de las máquinas. Sin embargo, el Gobierno autorizó la entrada de apenas 600 empleados.
Algo parecido pasa entre los inversionistas alemanes de ThyssenKrupp, que requieren una rebaja en los aranceles tributarios para la importación de bienes de capital. Y Ceará Steel, controlada por la coreana Dong Kuk, logró rebajas tributarias en la importación del equipamiento, pero enfrenta problemas con el Gobierno en torno al precio del gas natural, que deberá abastecer su alto horno eléctrico para la producción de acero.
Aunque todo indica que América Latina está en el rumbo correcto y con los jugadores bien puestos en la cancha, en el futuro no todo será color de rosa. “Por ahora la oferta está restringida”, dice Moreno, que espera que en 2007 la región produzca 56 millones de toneladas y unos 58 millones en 2008. El salto podría ser mayor, sobre todo para sacar rédito de la bonanza provocada por los altos precios internacionales. Las siderúrgicas de la región siguen sólidas como el acero.
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