- Karl Rove es el arquitecto de sus triunfos electorales
Karl Rove, el “arquitecto” de las victorias electorales del presidente estadounidense, George W. Bush y considerado una verdadera “eminencia gris”, anunció el lunes su intención de abandonar una Casa Blanca que se tambalea por la desastrosa marcha de la guerra en Irak.
El presidente Bush agradeció el “enorme sacrificio” realizado durante los años de servicio público por parte de su principal asesor político, quien planea dejar la Casa Blanca a finales de este mes.
Durante unas breves y emotivas declaraciones conjuntas con Rove en los jardines de la Casa Blanca el lunes, antes de partir de vacaciones hacia su rancho de Crawford, Texas, Bush se refirió a Rove como “un querido amigo”.
“Hemos sido amigos durante mucho tiempo y vamos a seguir siéndolo”, dijo Bush, quien recordó que Rove y él se conocen desde que eran jóvenes cuando los dos estaban interesados en servir al Estado de Texas.
Rove adelantó su intención de dimitir en una entrevista que publicó ayer el diario financiero The Wall Street Journal, en la que dice abandonar los pasillos del poder para pasar más tiempo con su familia.
“Siempre hay algún motivo que puede mantenerte aquí y pese a lo mucho que me gustaría estar aquí, tengo que hacer esto por el bien de mi familia”, aseguró Rove en declaraciones al Journal.
Su partida se produce tras la derrota electoral republicana en los comicios legislativos de noviembre y en medio de una fuerte controversia por su supuesto protagonismo en el despido de nueve fiscales federales, que los demócratas han tachado de una “vendetta” política y que está siendo investigada en el Congreso.
El estratega, a quien los críticos se refieren como “el cerebro” del Presidente estadounidense, tuvo también palabras elogiosas para su mentor, a quien se refirió como un líder que ha mantenido su “integridad” pese a los volátiles acontecimientos políticos.
“Siempre parece que existe un momento mejor para partir (…) pero ahora es el momento”, afirmó, a lo que añadió que espera mantener la relación de 34 años que mantiene con Bush y prometió seguir siendo su “fiero y comprometido” defensor.
Atrás quedan los tiempos en los que, ayudado por un privilegiado olfato político, sentó las bases que ayudaron a Bush a hacerse con la Casa Blanca y a sus correligionarios republicanos con el control del Congreso.
Rove deja a un presidente con una popularidad raquítica, a quien la guerra en Irak ha pasado una dura factura, que culminó con el descalabro electoral republicano en el Congreso.
Con los demócratas al frente del Congreso y optimistas sobre sus posibilidades de ganar las presidenciales del 2008, el discurso de Rove sobre un cambio histórico y duradero que prolongaría el control republicano suena a cosa del pasado. Pese a la baja popularidad de su jefe, Rove cree que los republicanos se alzarán triunfales en el 2008.
Predijo que esa victoria es factible ante la posibilidad de que los demócratas elijan como candidata a la Casa Blanca a Hillary Clinton, “una candidata dura, tenaz y con fallos muy graves”.
Su salida está salpicada por varios escándalos políticos.
De hecho, el alto funcionario se acogió al “privilegio ejecutivo” que le otorga inmunidad frente a cualquier acción judicial o investigación del Congreso, para no testificar sobre el asunto del despido de los nueve fiscales.
Pero en opinión de expertos como John Forier, analista del American Enterprise Institute, un centro de estudios conservador con sede en Washington, esas polémicas no son las que han propiciado la salida del “niño prodigio” de Bush.
Forier cree que Rove se va porque ya no puede ayudar a impulsar la agenda republicana ante el dominio demócrata del Congreso.
El experto describió como “significativo” el fracaso del tándem Bush-Rove a la hora de impulsar una reforma migratoria que ambos consideraban clave para atraer más votos hispanos, cuya importancia irá en aumento dado el creciente protagonismo demográfico de ese grupo.