Sandy Moreno, quien emergió de las populares ligas juveniles de los años 80, ahora se desempeña como entrenador de jóvenes peloteros. ()

EL REY AGONIZA

El beisbol envejece y nohay relevo a corto plazo Es precisa una reacción. Una dosis de voluntad y determinación. Aunque, ciertamente si no se mueve un dedo, el escenario no puede ser peor: nuestra pelota envejeciéndose sin un relevo a corto plazo que salte como salvador. Sí, hay peloteros jóvenes que tendrán la atención de […]

  • El beisbol envejece y nohay relevo a corto plazo

Es precisa una reacción. Una dosis de voluntad y determinación. Aunque, ciertamente si no se mueve un dedo, el escenario no puede ser peor: nuestra pelota envejeciéndose sin un relevo a corto plazo que salte como salvador.

Sí, hay peloteros jóvenes que tendrán la atención de los espectadores en los próximos años. Pero no ahorita. Quizás a mediano plazo los Ariel Saldaña, Juan Serrano, Jass Vargas e Iván Marín serán los referentes.

«Nuestra pelota está en una crisis de relevo a corto plazo. Se está haciendo viejo el beisbol nicaragüense, y no hay un pronto relevo para mantenernos con vida», señala el veterano activista de ligas menores, Julio Montenegro.

Casi con nostalgia se recuerdan a las generaciones juveniles de los años 80 y principios de los 90, que aún sostienen sobre sus hombros el nivel de competencia y lo que queda del espectáculo de la pelota nicaragüense.

El trabajo de la dirigencia deportiva de los años 80 produjo al mejor pelotero en la historia de Nicaragua: Nemesio Porras, y junto a él un selecto número de jugadores que aún brillan, como Henry Roa y Norman Cardoze.

También salieron Adalid López, Brant Alyea, Ramón Padilla, Eddy Talavera, Donald Farach, Franklin López, y unos años después Sandy Moreno, Jorge Luis Avellán, Julio Vallejos, Freddy García, Epifanio Pérez, entre otros.

¿Qué se hizo en esos años? Planificación. Bueno, eso admiten algunos de los involucrados en ese proyecto. Coinciden además en que hubo voluntad de la dirigencia deportiva y el entusiasmo creció por una serie de circunstancias.

«Tuvimos un seguimiento increíble. Yo recuerdo que fui atendido en cada una de las categorías menores en que jugué. Siempre tuvimos la atención», comparte Nemesio Porras, el principal pelotero nacido de esa generación de juveniles.

«Fue un trabajo espectacular. Nunca se vio, ni ha visto un trabajo como ese en el beisbol nicaragüense. Ahí estaban los recursos», comenta Omar Cisneros, manager de la Selección Nacional Juvenil de esos años.

El presidente de la Federación Nicaragüense de Beisbol Asociado (Feniba), Carlos García, comenta que en esos años el dinero -aunque no era excesivo- estaba para resolver incluso los detalles que hoy ni siquiera se consideran.

«También, si nos ponemos a revisar, era un asunto de cultura. Los campos de beisbol los encontrabas en cualquier zona, desde los barrios hasta los colegios. Ahora, uno ve que se cambiaron por campos de futbol», expresa García.

El veterano dirigente dice además que los equipos de Primera División mostraron mayor interés por impulsar las ligas juveniles. «Ellos mismos tenían sus canteras, de las que sacaban a sus relevos», asegura García.

De acuerdo a Julio Montenegro, principal coordinador de las ligas menores de los Dantos, recuerda que hubo «simplemente voluntad de apoyar, además de una excelente planificación en el trabajo».

Montenegro explica que la planificación consistía en la elaboración de un calendario de entrenamiento. También en una constante programación de certámenes en las distintas categorías menores, y preparación técnica de los entrenadores.

«Ahora es todo un relajo. Por supuesto que no se cuenta con el dinero de antes, pero ahora tampoco se cuenta con la voluntad, y eso no es caro, es cuestión de querer ayudar a la cantera de un deporte», señala Montenegro.

El pelotero y entrenador del combinado juvenil Bóer-American College, Sandy Moreno, uno de los principales frutos de los años 80, comentó, además del seguimiento que se dio a los juveniles, sobre la poca exportación de jugadores.

«Parte del éxito de aquel entonces era que no existía una fuga de peloteros como hoy en día la vemos. No se firmaron muchos jugadores. Eso te permitía conservar el material humano en el país. Ahora no es así», comenta.

«Creo es una de las principales causas por las que hoy no se ha visto el relevo. Sin embargo, unos de los mayores problemas tienen que ver con la armonía en el trabajo de la dirigencia, atletas y entrenadores», dice Moreno.

«Aquí todos dicen que los jugadores ya están viejos, pero siguen jugando porque el mismo sistema lo ha permitido. Hay que quitar a las personas que están haciendo el daño», añade Moreno.

NUEVA ESTIRPE

En los últimos cuatro años se han retomado -con un poco más de impulso- las ligas juveniles. Los consultados aseguran que no ha tenido el respaldo necesario y que incluso «lo bueno que podrá salir, será por pura chiripa».

Montenegro afirma que las actuales ligas juveniles se desarrollan sin planificación, sin recursos económicos, ni utilaje necesario. «Si avanzamos es porque hay quienes por cuenta propia se han sacrificado, pero la realidad es que estamos en crisis».

De las últimas ligas han emergido prometedores peloteros como los lanzadores Ariel Saldaña, Fulvio Delgado y Juan Serrano, una tripleta que podría convertirse en los principales brazos de una selección del futuro.

También está el madero de Jilton Calderón, considerado por muchos como el mejor pelotero de la nueva generación de juveniles. Los números que está registrando en Primera División hacen pensar en un prometedor futuro.

«Muchos han madurado. Pero Jilton Calderón es el que más avances ha mostrado. Es como el referente de esta nueva generación», indica Sandy Moreno.

Lamentablemente, Calderón sufrió semanas atrás una fractura que lo sacó del Campeonato de Primera División. Se espera que pueda regresar en el próximo certamen.

Tanto Moreno como Porras, Montenegro y Cisneros, consideran que Nicaragua no tiene a corto plazo un relevo. Sin embargo, han puesto sus esperanzas en un reducido número de peloteros juveniles, que han sido productos del esfuerzo propio.

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