- El académico español Francisco Longo es claro al afirmar que los países, para poder tener desarrollo económico para beneficio de sus ciudadanos, necesitan de instituciones sólidas. En definitiva, sostiene, las instituciones se vuelven sólidas a través de largos procesos de estabilidad y de buen gobierno
Latinoamérica se ha acostumbrado a buscar culpables externos de todos sus males, en una posición “victimista”, afirma Francisco Longo, director del Instituto de Dirección y Gestión Pública de la Escuela Superior de Administración y Dirección de Empresas (ESADE) de España.
Longo visitó Nicaragua recientemente para impartir un seminario en la Universidad Centroamericana (UCA) y apoyar la creación de la maestría de Políticas y Gestión Pública que impulsará esta universidad.
Indica que uno de los principales problemas de los países latinoamericanos es la falta de fortaleza de las instituciones públicas y considera necesaria la reconversión de los partidos políticos como instituciones necesarias para el desarrollo de los países.
Factores muy ligados al crecimiento económico y la reducción de la pobreza, aunque no ve que esto se pueda hacer con recetas.
Siempre se ha acusado al FMI, al Banco Mundial, por las “recetas” en las políticas macroeconómicas para los países de la región.
Creo que se les ha acusado con toda la razó. En algunos casos, en unos más que otros, la influencia de los organismos internacionales ha sido nefasta. Hay algunos estudios de caso, el caso de las políticas del Fondo Monetario Internacional en Argentina es manifiesta, es un estudio de caso muy conocido. Creo de todas maneras que la actitud de los organismos internacionales ha sido más negativa por omisión que por acción, es decir, al recomendar ciertas políticas que podían ser razonables. Por ejemplo, yo soy de los que creen que a largo plazo a un país, incluso a un país pobre, a una economía emergente, le interesa abrir su economía, le interesa dejar que el comercio internacional fluya. Yo sé que los primeros que ponemos restricciones son los países del primer mundo. Creo que a pesar de todo la receta no es el proteccionismo, eso es normalmente pan para hoy, hambre para mañana, decimos en España.
Ahora bien la receta del llamado Consenso de Washington (las políticas económicas dictadas por los organismos financieros en 1990), de desarme arancelario, no a la sustitución de importaciones, apertura comercial, puede no ser mala, pero olvida muchas cosas, olvida que esa receta en un país sin instituciones sólidas puede equivaler a un subsidio. Eso convierte en bueno el proteccionismo, convierte en necesario el énfasis en el refuerzo institucional. Lo que no han hecho los organismos internacionales es darse cuenta que la solución no estaba en las recetas macroeconómicas. No estaba en la liberalización del comercio, no estaba en las privatizaciones. No estaba en la reducción del tamaño del Estado que ha sido una de las grandes barbaridades.
La primera vez que vine a América Latina fue a El Salvador, en el marco de una misión de la Unión Europea, tuve una interlocución con responsables del Banco Mundial que me hablaban de sus planes de reducción del tamaño del Estado. Estamos hablando de los primeros años de los noventa y yo les decía pero ¿qué Estado queréis reducir, pero si esto es ya un Estado mínimo, de dónde queréis recortar, de médicos, maestros, qué hay que recortar aquí? El problema es que, con este tipo de recetas, estaban ignorando el problema principal que es precisamente la fortaleza institucional.
¿En qué se fallaron estas recetas que han sido tan criticadas? Está el caso de Argentina, donde se ha criticado duramente al FMI.
No soy un experto en economía internacional y no me atrevo a hacer el diagnóstico específico de lo que falló en el caso de Argentina, pero lo que sí está claro es que en el caso argentino lo que no falló no fue solamente el Fondo, fallaron las bases mismas de la economía argentina y de sus instituciones. Hay países que han aplicado las mismas recetas de política económica con resultados distintos.
Cuando eso ocurre quiere decir que la causa no está en las recetas, está en otro lado, está en otras cosas. Yo recuerdo que estuve en Argentina en pleno epicentro de la crisis del llamado corralito (límite para hacer retiros bancarios) y le comentaba a un responsable del gobierno argentino de entonces: “bueno ustedes necesitan entre otras cosas, resolver un problema que tienen que es la capacidad de endeudamiento propios de los gobierno nacionales, de las provincias, porque esto centrifuga (presiona) el déficit y hace que sistemáticamente sea imposible conseguir los equilibrios macro necesarios para el país”.Y el me contestó: “vos me estás hablando de algo irrealizable, para eso haría falta una crisis mucho más importante”.
Yo pensaba sobre lo que era una crisis más importante ¿una guerra civil? ¿Una catástrofe natural de tipo de diluvio universal? Porque estábamos hablando de la crisis económica y social más importante de América Latina en los últimos años. Por tanto yo creo que cuando los países se plantean su desarrollo, tienen que acertar con las recomendaciones que les hacen (desde) fuera, pero sobre todo tienen que mirar hacia sí mismos.
El Fondo trata de reinventarse. ¿puede llegar a esta misma conclusión: que no es con recetas que se resuelven muchos de los problemas?
Creo que sí. El Fondo desempeñará siempre un papel de equilibrador macroeconómico global, es difícil que se separe de algunos elementos claves de ortodoxia macroeconómica. Combatirá el déficit, sentirá siempre una gran desconfianza hacia gobiernos que dicen: “Estoy generando déficit pero más adelante seré bueno”, porque bueno hay elementos seguramente como para desconfiar. Pero yo creo que los organismos multilaterales, el Fondo, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Mundial, están en un proceso abierto de redefinición, de sus políticas, caracterizadas por prestar atención a lo que dejaron de prestar durante las dos décadas anteriores que fue a las instituciones. En este sentido el informe del año pasado del BID, de Desarrollo Económico y Social, que es muy recomendable, es un indicador clarísimo. Lo que allí se encuentra es mucho menos receta macroeconómica y un análisis bastante pormenorizado de calidad institucional.
Precisamente la gestión pública es uno de los grandes problemas en países como el nuestro. ¿Qué tan fuertes son las instituciones en Latinoamérica?
El concepto de instituciones es muy amplio. América Latina es una realidad muy plural, muy diversa en la que podemos descubrir rasgos comunes y otros muchos son rasgos idiosincráticos. Corresponde a cada uno de los países. No son ni parecidas las instituciones en Uruguay, Paraguay, Costa Rica o Panamá. Las diferencias nacionales existen.
Cuando hablamos de instituciones hablamos de cosas distintas, de las instituciones formales como por ejemplo en qué medida existe una justicia independiente y eficaz que es una institución importantísima, pero también hablamos de instituciones informales que no son menos importantes. Por ejemplo hasta qué punto existe en la sociedad una conducta de respeto espontáneo de la ley, las dos cosas son vitales y en esto lo que hay son enormes diferencias entre los países.
Lo que sí parece claro es que en América Latina el elemento determinante del desarrollo es la fortaleza de las instituciones. Después de experimentar una serie de recetas uno se da cuenta que con lo que correlacionan los avances en el desarrollo, tanto en el desarrollo económico como en el desarrollo humano, es en la fortaleza institucional.
¿Cuándo se perdió el respeto a las instituciones, en el caso por ejemplo de países como el nuestro? ¿Las instituciones se han debilitado?
Creo que el asunto viene de antiguo, repito hay enormes diferencias entre países y la historia de cada uno de los países pesa extraordinariamente. Uno de los problemas del desarrollo institucional es que no existe, y si existe, es que no conocemos una genética de las instituciones. Es decir conocemos el ADN de las personas ya, pero no conocemos el DN de las instituciones, si lo conociéramos seguramente podríamos invertir en una especie de biotecnología de las instituciones, pero no es así.
¿Hace falta reingeniería genética en las instituciones entonces?
(Ríe) Seguro que no, seguro que no… (ríe nuevamente). No me malinterprete. Lo que le decía, hablando desde luego metafóricamente es que no se conoce bien qué es aquello que hace que en un país por ejemplo se restablezca la confianza en la palabra de las personas. Que en unos países se pueden establecer tratos, arreglos como ustedes dicen, se puedan arreglar las cosas de palabra y uno pueda fiar que eso va a ser así. Y en otros se instale el fraude que, aunque hayan cien papeles escritos, al final se sabe que hay una posibilidad del fraude.
Fíjese todo lo que es el tráfico económico, de los negocios, se vuelven complicados, como son complicados el incorporan muchos costos de transacción. Entonces esos costos se trasladan a los mercados y hacen menos rentables las inversiones. Eso es una especie de espiral que va haciendo que los inversores se retraigan y las economías se debiliten.
Sinceramente no se conoce cómo se crea confianza. Se conoce mejor cómo se pierde. Se pierde cuando la política se aleja, de esos grandes consensos de Estado para convertirse en política cortoplacista cuando se genera inestabilidad política en los países, porque sí está claro que la inestabilidad crea desconfianza y reservas. En definitiva las instituciones se vuelven sólidas a través de largos procesos de estabilidad y de buen gobierno.
Los partidos deben reinventarse
Los partidos políticos están llamados a ejercer un papel más de fondo en el debate sobre el desarrollo económico y social, sostiene Francisco Longo. Sin embargo, tienen que hacer un esfuerzo por reinventarse, sostiene.
En este debate está el papel de los partidos políticos. ¿Cuál es el futuro de los partidos políticos. Tienen que reinventarse?
Tienen que entrar sin duda alguna. Los partidos políticos son los mecanismos de los que las sociedades nos hemos dotado para canalizar los procesos de emergencia, de las votaciones políticas y asegurar así el principio de representación. Nosotros tenemos democracia que exige el ejercicio de la representación. Unas personas representan a otras elegidas democráticamente. Lo están haciendo bien, en muchos casos no, sin duda alguna. Los partidos necesitan ser repensados, reformados, fortalecidos pero no eliminados.
¿La nueva izquierda latinoamericana se enmarca en el modelo clásico de las izquierdas del pasado o está proponiendo algo nuevo?
Esa es una buena pregunta. Yo no lo sé, no le sabría contestar, porque además creo que es prematuro hablar de esta nueva izquierda latinoamericana. ¿Cuál es esta nueva izquierda? ¿Es la de los petrodólares venezolanos, es la izquierda de los pobladores originarios en Bolivia, con un componente étnico muy importante? ¿ Esta nueva izquierda es la nueva izquierda del Partido del Trabajo en Brasil? ¿ Cuál es la nueva izquierda latinoamericana? Yo tengo mis dudas.