- Visitó niños de Chiquilistagua
Brian Doyle fue un modesto pero impetuoso segunda base de los Yanquis de Nueva York. Jugó sólo cuatro temporadas con ellos, pero llegando a conquistar la Serie Mundial de Beisbol en 1978.
A simple vista no parecía ser el típico jugador de beisbol fuerte y robusto, pero su aporte al equipo neoyorquino quedó grabado en la historia por ese grandioso triunfo ante los Dodgers, en un clásico en el que fue titular, sobre Willie Randolph.
Parece que los años no pasaran sobre Doyle. Sus intensos ojos azules relatan un sinnúmero de anécdotas y aunque tampoco es el joven delgado que llegó a los Yanquis, aún le queda un poco de brillo en el campo. Así lo demostró durante toda esta semana que estuvo de visita en Nicaragua, donde compartió con los niños de la localidad de Chiquilistagua, Managua, una comunidad semirrural ubicada en Carretera Vieja a León.
“Creo que Dios me puso en el camino correcto, me hice famoso jugando beisbol y ahora utilizo esa influencia para predicar su palabra, que los demás puedan aceptar el camino de Cristo, el único que nos da la verdadera paz”, explica Doyle, quien ahora es predicador de la Iglesia bautista de Fort Lauderdale, Florida.
LAS TARDES CON DOYLE
Un radiante sol cobijaba todas las tardes el campo deportivo de la comunidad de Chiquilistagua. Cada niño salió con una sonrisa de oreja a oreja y a pesar que Doyle no habla muy bien el español, gozó a plenitud su estadía en el país junto a los niños de la comunidad, con quienes jugó hasta morir de cansancio.
Por horas les dio una gota de esperanza y cariño, y más que eso, les dio una nueva perspectiva de vida, practicando deportes acompañado por el mejor amigo, Dios mismo.
“Acepté a Dios desde los 21 años y no hay mejor compañero en la vida ”, afirma Doyle.
Doyle retorna hoy a Florida, pero antes dejó claro que su visita al país no será la última. Él espera regresar y seguir hablando de la palabra de Dios, dándoles la esperanza a los niños de Nicaragua, que hay vida en Cristo y que sólo a través de él encontraremos el éxito.
“Apreció mucho a Nicaragua, es un gran país, y adoro enseñarle a los niños, lo que aprendí una vez en las Ligas Mayores, pero principalmente transmitir luz y esperanza mediante la palabra de Dios”, aseguró Doyle.
El ex camarero base de los Yanquis ahora es predicador. Logró éxito en el campo y ahora lo hace en el púlpito, pero en este último ha tenido más triunfos.
Sin duda, Doyle ya está inscrito no sólo en la historia de las Grandes Ligas, sino también en el libro de la vida.