Michelangelo Antonioni rueda una de sus películas. La imagen no tiene fecha pero es probablemente de los años sesenta. Sus películas artísticas describen la desorientación y la incomunicación que aquejan al hombre en las sociedades modernas. (FOTOS: LA PRENSA/AFP)

Fallece otro gigante del cine

Murió el gran director italiano Michelangelo Antonioni El cine mundial, que registró el lunes la muerte del cineasta sueco Ingmar Bergman, perdió a otro gran maestro, el italiano Michelangelo Antonioni, el llamado genio de la incomunicabilidad, quien marcó la historia del cine con filmes como Blow-up, Desierto rojo y Zabriskie Point. Antonioni, icono del cine […]

  • Murió el gran director italiano Michelangelo Antonioni

El cine mundial, que registró el lunes la muerte del cineasta sueco Ingmar Bergman, perdió a otro gran maestro, el italiano Michelangelo Antonioni, el llamado genio de la incomunicabilidad, quien marcó la historia del cine con filmes como Blow-up, Desierto rojo y Zabriskie Point.

Antonioni, icono del cine introspectivo, quien desde mediados de los años ochenta estaba paralizado en una silla de ruedas por un derrame cerebral, murió el lunes en la noche a los 94 años en su residencia de Roma, rodeado por familiares más cercanos.

“Murió apaciblemente, en su sillón, al lado de su esposa Enrica Fico”, anunció el martes la prensa italiana.

La capilla ardiente será instalada este miércoles en la sala de la Promoteca del Capitolio de Roma a donde podrán rendirle homenaje el mundo del cine y la cultura de Italia.

Antonioni será sepultado el jueves, en Ferrara (norte) donde nació el 29 de septiembre de 1912 y en donde comenzó su carrera con documentales dedicados a las poblaciones que vivían sobre el río Po, Gente del Po, terminado en 1947.

“Desaparece no sólo uno de los mayores directores de cine, sino el maestro de la modernidad”, afirmó el alcalde de Roma, Walter Veltroni, reconocido crítico cinematográfico.

SU LENGUAJE Y SUS TEMAS

La muerte de Antonioni ocurrió el mismo día en el que falleció el gran maestro sueco Ingmar Bergman y deja el cine huérfano de dos de sus principales creadores.

“Eran los intérpretes de esa angustia que afecta el mundo contemporáneo, de los sentimientos del mundo de la posguerra”, comentó a la AFP el histórico de cine italiano Aldo Tassone.

Su cine, marcado por la obsesión de la imagen y la búsqueda de un lenguaje formal y estético, con escenas largas y lentas, servía en realidad para indagar en el mundo interior de sus personajes, en un espacio enigmático.

El movimiento lento de la cámara que caracterizó su obra nunca fue un sinónimo de éxito en la taquilla, pero algunas de sus películas perduran en el mundo del cine como clásicos imperecederos.

Antonioni abordó la enajenación mediante diálogos escasos y tomas prolongadas.

Junto con Federico Fellini, contribuyó a alejar del movimiento neo-realista al cine italiano posterior a la Segunda Guerra Mundial y dirigirlo a un formato de creación personal.

Películas como Desierto rojo (1964), Blow-up, adaptación de un relato de Julio Cortázar, sobre el inquietante descubrimiento de un delito gracias a una fotografía y Profesión reportero, marcaron la historia del cine.

Filmada en 1966 y protagonizada por Vanessa Redgrave, Blow-up es una adaptación del relato Las babas del diablo de Cortázar, de quien Antonioni tomó una idea: un fotógrafo descubre al revelar un rollo de fotos algo que a simple vista no había sido capaz de ver.

La exploración que hizo de temas intelectuales como la enajenación y el hastío existencial llevó a Halliwell de Film Guide a señalar que L'Avventura, la primera obra de Antonioni reconocida por la crítica, lo convirtió en “un héroe de los pensadores”.

Los críticos quedaron entusiasmados por la película, pero el auditorio expresó su desaprobación con silbidos cuando el filme fue presentado en el Festival de Cine de Cannes en 1960.

La más plana de las tramas, que merodea por el romance de una pareja, frustró a numerosos espectadores por la falta de acción y de diálogos, que era el sello característico de Antonioni.

Brillante intelectual, autor o coautor de la mayoría de sus guiones, sus películas reflejan una mirada muy personal sobre la realidad en la que el uso del simbolismo visual acerca a temas como la alienación, el aburrimiento o el erotismo sin amor.

En los años sesenta, su estilo se confirmó con una serie de filmes, entre ellos El eclipse, interpretado por su actriz fetiche, Monica Vitti, también su compañera sentimental por una decena de años.

Director de unos 20 filmes, recibió numerosos premios en el curso de su carrera, entre ellos el León de Oro de la Mostra de Venecia en 1964 por Desierto rojo y la Palma de Oro del Festival de Cannes (Francia) en 1967 por Blow-up.

Igualmente obtuvo el premio especial del jurado en Cannes en 1982 por Identificación de una mujer y el Oscar de Hollywood en 1995 por el conjunto de su carrera así como el León de Oro a toda una carrera en Venecia en 1997.

“En los espacios vacíos y callados del mundo, él ha encontrado metáforas que iluminan los sitios silentes de nuestros corazones, y hallado en ellos, también, una belleza extraña y terrible; austera, elegante, enigmática y obsesiva”, dijo el actor Jack Nicholson en la entrega del Oscar especial a Antonioni. Nicholson protagonizó para el director italiano la película El pasajero en 1975.

Nacido en el seno de una familia burguesa, economista de formación, inició su carrera como crítico cinematográfico tras lo cual estudió en el Centro Experimental de Cine de Roma, la cuna del cine italiano y del antifascismo.

Después de 13 años inmovilizado y privado del habla como consecuencia del derrame cerebral, Antonioni dirigió junto con Wim Wenders Más allá de las nubes (1995), película que obtuvo dos premios en el Festival de Venecia de ese año.

Al cumplir 90 años, en septiembre del 2002, enfermo, fue homenajeado en Roma por el mundo del cine italiano con una velada especial. En los últimos años regresó a la dirección ayudado por su esposa para realizar dos filmes: un documental sobre la restauración del Moisés de Miguel Ángel en 2004 y con un episodio del filme Eros, presentado en el festival de Venecia ese mismo año.

El episodio fue tan osado que el productor francés tuvo que cortar tres minutos de la escena en la que la protagonista femenina se masturba.

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