- En parcela pequeña cultiva frutas para exportación
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CORRESPONSAL/CARAZO
Desde joven se dedicó al trabajo rudo de conducir maquinarias pesadas del Ministerio de la Construcción, y ya con hijos, para satisfacer las necesidades del hogar, cultivaba frijol en una área de dos manzanas en la comarca La Media Luna, municipio de San Marcos, Carazo.
Humberto Rodríguez Mendieta parecía destinado a ser asalariado por el resto de su vida, más cuando los gases del volcán Santiago le dañaron la producción de frijol y apenas cosechó siete medios (98 libras).
Era el año 1990 y mientras buscaba opciones para subsistir, el técnico de un proyecto de la Unión Europea le invitó a probar un nuevo cultivo, la pitahaya. Eso cambió la vida de Rodríguez, quien hoy no necesita salir de su casa para vender su producto porque “los compradores vienen hasta aquí, a traer la fruta”.
CON DESCONFIANZA
Recuerda que 15 productores, incluido él, comenzaron en San Marcos a experimentar el cultivo de pitahayas con fines de exportación. Los técnicos también les recomendaron sembrar repollo y piña, porque “pueden cosecharse bien aunque estén frente al volcán”.
Humberto, cuya experiencia agrícola se basaba en el frijol, empezó a sembrar pitahaya con desconfianza. No creía lo que decían los técnicos, pero el tiempo se encargó de convencerle con su propia obra y, 17 años después, su parcela se convirtió en la finca demostrativa El Pitahayal.
Hace ocho años que Humberto Rodríguez trabaja solo, sin asistencia técnica, dedicado tiempo completo a su plantío, ubicado en el kilómetro 32 y medio de la Carretera Sur, entre Las Esquinas y El Crucero.
FRUTA SIN INSECTICIDA
Además de ser el mayor productor de pitahaya en la zona, las frutas que cosecha Rodríguez son orgánicas ciento por ciento, porque aprendió a producir sin usar pesticidas.
Las plagas “yo mismo las controlo manualmente”, asegura. Tiene 1,500 plantas y las abona con 2,000 sacos de gallinaza (estiércol de aves), en lo que invierte cerca de 12 mil córdobas. Cada planta produce 50 frutas en promedio y el precio de estas pitahayas en el mercado nacional oscila entre 10 y 15 córdobas cada una.
El agricultor tiene que lidiar con urracas y pájaros carpinteros que se comen las frutas, además de las plagas que atacan la planta: el chinche pata de hoja y el picudo o chocorrón.
El manejo orgánico de la finca El Pitahayal ha sido comprobado por el Ministerio de Agricultura (Magfor) que ha hecho estudios allí, como el monitoreo de la mosca del Mediterráneo (Seratiti-capitata).
“Aquí han pasado hasta más de un mes esas trampas en mis plantas y nunca han encontrado esa mosca en el fruto”, afirma orgulloso el productor, tras explicar que esa es una certificación aprobada por Estados Unidos.
Las pitahayas que produce Rodríguez tienen calidad de exportación y algunos años vendió en el mercado de Costa Rica, a través de la Asociación de Productores de No Tradicionales (Apronot). Ahora las suministra a distintos compradores, incluso del Mercado de Mayoreo de Managua.