El corte de las flores también es importante para obtener un producto de calidad. (LA PRENSA/A. MORALES)

El delicado negocio de las flores

Colombia se ha logrado posicionar como el segundo exportador de flores del mundo. ¿Cómo lo ha logrado? [doap_box title=»Costos y pulso del mercado» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Producir una rosa cuesta 19 centavos de dólar y el margen de ganancia aproximado es de cuatro centavos o cinco centavos, según floricultores consultados. En verano una rosa colombiana se […]

  • Colombia se ha logrado posicionar como el segundo exportador de flores del mundo. ¿Cómo lo ha logrado?
[doap_box title=»Costos y pulso del mercado» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

Producir una rosa cuesta 19 centavos de dólar y el margen de ganancia aproximado es de cuatro centavos o cinco centavos, según floricultores consultados. En verano una rosa colombiana se puede conseguir en 40 centavos en Estados Unidos, mientras que en invierno puede subir a los 50 centavos.

Según la Asociación Colombiana de Exportadores de Flores (Asocolflores), el comercio de rosas en Estados Unidos crece en celebraciones como el Día de San Valentín en febrero, y en el segundo domingo de mayo, cuando se celebra el Día de las Madres en ese país.

Mientras que en mercados como Rusia la venta de rosas se dispara el 8 de marzo, Día de la Mujer.

Para los floricultores colombianos ha cobrado importancia el mercado japonés, hacia donde se exportan claveles de diversas tonalidades.

“Ese era un tipo de flores que aquí no tenía mucha demanda en el país, pero a los japoneses les encanta”, dice Natalia Ochoa, encargada de prensa de Asocolflores.

Carlos Nariño, el hijo del productor Antonio Nariño, quien también trabaja a tiempo completo en la finca de rosas que posee, dice que el mantenimiento de una hectárea de rosas oscila entre 116,000 y 120,000 dólares mensuales.

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CORRESPONSAL/COLOMBIA

Antonio Nariño es un agrónomo, con nombre y apellido de prócer colombiano, que hace dos décadas a lo único que se dedicaba en la finca, que posee en asociación con otros amigos, era a la ganadería.

Como en una postal de la campiña suiza, ejemplares de vacas holstein (blancas con manchas negras) pastaban y recorrían a sus anchas los cuatro costados verdes de las 76 hectáreas que constituyen la propiedad, situada en las afueras de la capital, que se conoce como la sabana húmeda de Bogotá, donde la temperatura no supera los 15 ó 18 grados centígrados.

Ese clima que es natural a más de 2,600 metros de altura, donde se encuentra encaramada la sabana bogotana, hizo que Nariño y sus socios, a comienzos de los años noventa, cambiaran radicalmente de rubro económico y se dedicaran a un negocio más delicado y exigente, pero mucho más rentable, al que ya se venían dedicando otras fincas aledañas desde mucho antes: el cultivo de rosas.

Nicaragua, que apenas está incursionando en este mercado, con pequeñas exportaciones de helechos, por ejemplo, puede tomar nota de la experiencia de Colombia.

DESDE LOS SETENTA

El cultivo de flores con fines de exportación en Colombia comenzó en los años sesenta, cuando finqueros de la sabana de Bogotá, como Nariño luego, descubrieron que tenían el clima ideal para cultivar las rosas que se regalan los enamorados el día de San Valentín en Estados Unidos, o los claveles que adornan las casas japonesas.

En esos años, el mercado de las flores era controlado casi con exclusividad por Holanda, país que sigue siendo el principal surtidor del mundo.

Sin embargo, Colombia, en 35 años, se ha convertido en el segundo exportador mundial de flores (14 por ciento), después de Holanda que controla el 56 por ciento.

En el país las flores encabezan la lista de los productos agrícolas de exportación no tradicionales.

En el 2006 las flores generaron a este país del sur ingresos por 967 millones de dólares, según cifras de la Asociación Colombiana de Exportadores de Flores (Asocolflores). Esto es casi similar a las exportaciones de Nicaragua, sin incluir productos de zonas francas, que durante el 2006 sumaron 1,027 millones de dólares.

Por ahora, el principal receptor de las flores colombianas es Estados Unidos, y en menor grado, países de la Unión Europea (UE). También hay un mercado creciente en Japón.

¿QUÉ HAN HECHO?

Cuando Nariño y sus socios cambiaron de rubro imaginaban que algún día ese sería el escenario económico de las flores, sin embargo, como no tenían ninguna idea de cómo se manejaban las flores no arriesgaron más de dos hectáreas.

“Comenzamos muy pequeños, fuimos aprendiendo lentamente. En esto es bastante difícil atinarle a las variedades que exige el mercado, aquí se aprende a través del ensayo-error”, explica Nariño.

Hoy la finca de Nariño se llama Mongibello y en el logo se ve a una vaca flaca holstein comiendo flores. En la actualidad en esa finca hay 20 hectáreas sembradas de rosas.

“Aquí nos dedicamos sólo al cultivo de rosas, tenemos 36 variedades sembradas ahora”, dice Nariño, un hombre sesentón que está dedicado a tiempo completo a la finca.

Para saber cuáles son las tendencias del mercado floricultor los productos deben estar pendientes de las ferias internacionales y exposiciones internacionales de flores, que se realizan generalmente en Estados Unidos y en Europa.

Nariño ahora está en uno de los cultivos de rosas. Todas las hectáreas de esta finca están recubiertas por carpas plásticas, las que se abren o se cierran mediante un sistema graduado de acuerdo con la temperatura.

El sentido de las capas es proteger los cultivos de las heladas, porque si bien las rosas necesitan un clima fresco, una temperatura demasiado baja puede quemarlas. En febrero de este año las heladas de varios grados bajo cero causaron severos daños a los floricultores.

Nariño muestra un botón de la variedad piña colada, una rosa amarilla con bordes rojos y con un tallo de largo que oscila entre los 60 y 70 centímetros, el estándar que exige el mercado. Una planta de esa variedad de rosas puede dar entre 12 y 16 botones por mes. Y la vida útil de un palo de rosas es de 10 años en promedio.

CUIDADO CON PLAGAS Y ENFERMEDADES

En la producción de las rosas, además del clima, es vital el cuidado de las plagas y las enfermedades.

Aunque empiezan a utilizarse cada vez más, remedios orgánicos, en los cultivos abunda todavía el olor a pesticidas. Al menos dos veces por semana son fumigadas por insumos químicos.

Otro proceso importante es el corte y el cuarto frío, donde se almacenan las flores, una vez cortadas y lavadas. Ahí se empacan y se disponen en cajas a temperaturas muy bajas para ser enviadas al exterior.

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