- No es mucho, pero cualquier adelanto de información alienta a los investigadores a continuar la búsqueda de detalles que ayuden a reescribir la historia, sin mitos que contaminen de uno u otro lado la verdad que merecen conocer los pueblos que han padecido los desaciertos de sus gobernantes
“¿No es increíble? ¿No es increíble?”, decía el Presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, al comentar con su secretario de Estado, Henry Kissinger, la reacción condenatoria al golpe militar contra el gobierno de Salvador Allende y los señalamientos a Estados Unidos por su apoyo al drástico fin del gobierno socialista chileno.
“En la época de Eisenhower seríamos héroes”, secundaba Kissinger, según la transcripción de una conversación divulgada por la Universidad George Washington y que pertenece a Peter Kornbluh, un analista que se ha puesto al frente por la desclasificación de documentos del Gobierno de Estados Unidos sobre Chile.
El documento, ya desclasificado en años anteriores, es oportuno si se considera que aún hay muchas preguntas que inquietan a los historiadores y que se justifican a la luz de este fragmento de la conversación entre el presidente Nixon y Kissinger, el 16 de septiembre de 1973, cinco días después del golpe.
Kissinger: Hola.
Nixon: Hola, Henry.
Kissinger: Sr. Presidente.
Nixon: ¿Dónde estás? ¿En Nueva York?
Kissinger: No, estoy en Washington, trabajando. Tal vez vaya al juego de futbol esta tarde, si puedo.
Nixon: Muy bien. Bueno, es que abre la temporada. Es mejor que en televisión. ¿Algo nuevo de importancia por allá?
Kissinger: Nada de gran importancia. La cosa en Chile se sigue consolidando y por supuesto los periódicos se están desangrando porque ha sido derrocado un gobierno pro comunista.
Nixon: ¿No es increíble? ¿No es increíble?
Kissinger: Quiero decir, en lugar de celebrar… en el período de Eisenhower seríamos héroes.
Nixon: Bueno, no lo hicimos, como sabes, nuestra mano no se muestra en este caso.
Kissinger: Nosotros no lo hicimos. Quiero decir, los ayudamos… a crear las condiciones de la mejor forma posible.
Nixon: Correcto. Y ese será el juego que haremos. Pero, oye, en lo que respecta a la gente, déjame decirte que no van a creer la mierda que dicen los liberales sobre este caso.
Kissinger: Absolutamente no.
Nixon: Ellos saben que es un gobierno pro comunista. Y así es.
Kissinger: Exacto. Y pro Castro.
Nixon: Bueno, lo principal era… olvidémonos de lo pro comunista. Era un gobierno absolutamente antiestadounidense.
Para los historiadores, esta constatación oficial del involucramiento estadounidense en la “cosa chilena” deja intacta la necesidad de conocer más sobre las relaciones de la CIA con el recientemente fallecido dictador Augusto Pinochet y además la relación de la agencia con Manuel Contreras, el jefe de la disuelta Dirección de Inteligencia Nacional (Dina), quien enfrenta varios juicios actualmente y es uno de los mayores símbolos de la violación a los derechos humanos en su país
LO DESCLASIFICADO
La decepción por lo desclasificado por la CIA el pasado 27 de junio se explica en las numerosas páginas en blanco al referirse al asalto a la Embajada de Chile en Washington el 15 de mayo de 1972, un mes antes que se produjera otro asalto a la sede del Partido Demócrata en el edificio Watergate.
El entonces embajador Orlando Letelier denunció la incursión a su embajada, en la que se perdieron cuatro radios AM-FM y una afeitadora y debido a que el monto de lo desaparecido no excedía los cinco mil dólares, la FBI no haría ninguna investigación, además que las huellas digitales encontradas no fueron identificadas.
El Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile consideró el asalto un asunto político y exigió a las autoridades estadounidenses la protección debida.
Las hipótesis y versiones no se hicieron esperar. El periodista Jack Anderson publica un artículo en el que se vincula la incursión a un interés de la transnacional ITT, lo que de acuerdo con uno de los documentos desclasificados, se niega rotundamente.
Para entonces ya los afamados reporteros del Washington Post, Bob Woodward y Carl Berstein, investigaban las acciones de Nixon para tapar la filtración de los Papeles del Pentágono sobre la actuación de la administración en el desarrollo de la guerra contra Vietnam.
A Nixon se le atribuye el haber ordenado desde finales de 1971 el asalto a varios sitios para sustraer información sensible que podría haberse filtrado, o bien que pudiera comprometerlo.
De acuerdo con los historiadores del Watergate, el propio Nixon habría estado interesado en que se realizara un asalto a la biblioteca del Instituto Brookins, así como a los archivos del doctor Louis Fielding en Los Ángeles, el siquiatra de Daniel Elsberg, un ex funcionario del Departamento de Estado y discípulo de Kissinger, que era un pacifista y a quien señalaban de ser el autor de las filtraciones.
Es en ese ambiente que se da el asalto a la embajada chilena, pero los documentos desclasificados no ofrecen ninguna luz sobre quiénes habrían estado detrás del mismo.
EL MHCHAOS PROGRAM
Otro de los documentos referidos a Chile, el MHCHAOS Program, revela que Estados Unidos estableció diez áreas de interés para operar, como París, Estocolmo, Bruselas, Dar es Salam (Tanzania), Conakry (Guinea), Algeria, México DF, Ottawa , Hong Kong y Santiago de Chile, como bases para obtener información sobre el extremismo interno en su país que pudiera ser manipulado por Cuba, la Unión Soviética, la China continental, Vietnam del Norte, Corea del Norte y los fedayines árabes.
Sin embargo, a pesar de que lo desclasificado hasta ahora por la CIA no satisface la demanda de transparencia sobre su implicación en diversos hechos en Latinoamérica, un hecho positivo es que en muchos países se empieza a demandar transparencia a los ejércitos o policías secretas que en América Latina hubieran estado vinculadas a abusos contra los derechos humanos.
En Chile, los diputados Antonio Leal (PPD) y Tucapel Jiménez, enviaron un oficio al jefe del Ejército, general Oscar Izurieta, para que la institución desclasifique todos los archivos que vinculen a ex militares con violaciones a los derechos humanos.
Los legisladores oficialistas aclararon que si Izurieta no accede a la petición, solicitarán una sesión especial en la Cámara de Diputados para tratar este tema en el Congreso. El ejemplo podría extenderse por el continente.