(La Prensa/Carlos Cortez)

El alzheimer jacarandoso de Chepito Cuadra

Han pasado muchos años -tantos que “mejor no meneallo”- y la sabiduría y ternura de Josecito siguen brotando como en almácigo, su ancianidad jovial y florida transcurre a niveles de asombro porque no es para todo casto varón la dicha de vivir tanto al lado de la mujer amada [doap_box title=»Los hermanos de Chepito» box_color=»#336699″ […]

  • Han pasado muchos años -tantos que “mejor no meneallo”- y la sabiduría y ternura de Josecito siguen brotando como en almácigo, su ancianidad jovial y florida transcurre a niveles de asombro porque no es para todo casto varón la dicha de vivir tanto al lado de la mujer amada
[doap_box title=»Los hermanos de Chepito» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

Luciano, el mayor, fue hombre culto y muy leído. A los veinte años se fue a Nueva York, ahí fue repartidor de un periódico del que llegó a ser director. Treinta años después regresó a Nicaragua y se abrió campo en el ambiente de los escritores nuestros.

Seguía Abelardo, gran admirador de Napoleón Bonaparte, confirmando su afición por la milicias entró a la Guardia y se graduó con las más altas notas. Tacho admiraba su inteligencia y lo mandó a combatir a Sandino. Pronto comprende que la Guardia no es lo que él sueña y promueve huelgas y conjuras. Tacho lo captura y lo mandó a las mazmorras de León. Ahí lo condenan a muerte, pero por intercesión de Juan Bautista Sacasa le conmutan la pena por la de treinta años de cárcel. Logró escaparse y llegar a San José, Costa Rica, donde hizo su vida, estando ahí llegó Manolo exiliado por vigésima quinta vez. Después, Abelardo se fue para Cuba y regresó a Managua con el triunfo de la Revolución Sandinista.

Manolo, el tercero, era algo bohemio. Comenzó a escribir en los periódicos y se hizo famoso. Somoza lo confinó a Corn Island junto con Luciano. Regresó a hacer oposición a la dinastía, sufrió cárcel, persecuciones, torturas, hizo famosa la frase: “Suceda lo que suceda, la dictadura caerá”.

A Manolo le sigue Ramiro “Tipitapa” Cuadra, inteligente, con un gran sentido del humor. Se puso el “Tipitapa” porque en ese pueblo pasó la mayor parte de su vida. Escribía en LA PRENSA sus famosas postalitas pinchando a Somoza.

¿Hermanas, tuviste hermanas?

La mayor, Julia Cuadra, se casó en Masaya con el doctor Alberto Noguera. La segunda, Mercedes, se fue a los Estados Unidos porque allá vivían Luciano y Julia. Allá se casó con un yanqui y tuvo una hija muy hermosa. Murió hace tres años

Después está María, casada con un Sánchez, de Jinotepe; tuvo diez hijos, entre ellos, Mario Cajina Vega. La Mariíta murió al dar a luz a Mario.

Por último están Josecito y Gilberto, que fueron criados por dos hermanas de mi madre, Lolita y Paulina Vega. Como vez, hemos formado una familia quizá dispersa y aventurera pero unida siempre por el más puro amor filial.

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Ahí está Chepito, acurrucado en la sala de su casa de la Centroamérica, parece un pajarito aterido, piando en el nido para acaparar los mimos de doña Julia, y la doña Julia se hace la ninfa divina para atraer las dulces miradas de Chepito que son verdaderas puñaladas de miel. Están “tana catana”, felices los dos.

Al verlos tan rejuntaditos viene a mi memoria la leyenda de Filemón y Baucis, la pareja de ancianos que vivían en el bosque y se amaban tanto que los dioses, para eternizar con su ejemplo la fidelidad, los convirtieron en un árbol de sándalo, que constante emana aromas divinos que vuelan e impregnan toda la floresta.

Por si la musa Erato, diva de la poesía –¡Tan esquiva que es!– tiene a bien bajar del Olimpo y conversar con Josecito, éste maneja papel y lápiz sobre una mesa al lado de su mecedora. “Este Erato se deja venir sin avisar, a lo mejor estoy dormido y se va… Otras me deja recaditos, pero ya el alemán (el Alzheimer), me traba y olvido las cosas”.

Es natural el olvido, le digo. Al pasar el tiempo, la mente no puede almacenar tantos recuerdos…

Pero ¿qué te parece? Ahora hasta me da miedo salir a la calle porque el otro día andaba por ahí y se me olvidó dónde quedaba mi casa.

Ah, eso sí es peligroso… ¿Y qué hiciste, Chepitó?

Me tuve que quedar a dormir donde la “Ruedo Volteado”.

¡Bandido que sos, Chepitó! ¿Y qué pasó al día siguiente?

La “Ruedo Volteado” me trajo a mi casa y regañó a mi doña Julia por dejarme salir solo.

(Se ríe Josecito. Con el chistecito sus ojos se ponen más chiquitos de lo que son. Por dicha su doña Julia no escuchó, que si lo ha hecho se arma la de Candanga seguido por San Quintín).

La Pampanini y Sharon Tate

En fin, todo es paz en la casa de Josecito, hasta la “Muñeca”, la perrita de pelo negro, colochona, del matrimonio, se contonea alegre, mueve las caderas perrunas y se echa y arrebuja para mirarnos con sus ojitos de azabache, interesada en la plática.

¡Ayyy! Pero siempre hay un lunar en la cara de Cleopatra. “Este jodido calor insoportable”, se queja Chepito, y con toda cachaza agrega: “Yo que he vivido en el Polo Norte no lo aguanto. He tenido que comprar dos abanicos de palma de Masaya de 800 BTU, uno para mí y el otro para mi amantísima doña Julia. Pero nos excedimos y ahora el frío nos hace paleta.

(Intento un tema más ameno, las viejas divas del cine italiano que tanto le gustaban a Josecito. Le pregunto si se acuerda de la Silvana Pampanini y me contesta: “¡Ahhh, sí! La Pampanini que la ahorcaron y apuñalaron en una misa diabólica”. No, le corrijo, esa era la Sharon Tate. Se hace el sordo y dice: “Josecito tiene cara de baboso, pero cualquiera se equivoca porque no es tan baboso como parece”).

El humor de la pobreza

Veo que tienes listo el papel y la pluma. También leí en La Bolsa un poema a tu adorada madre y otro fotocopiado de tu magnífica letra.

Pues, te voy a contar, un poeta que tiene 93 años ya vivió su vida, pero se me ocurrió escribir uno así de viejo a ver si me salía un poema anciano. Se lo dediqué a Fabio Gadea, un hombre muy generoso conmigo. Creo que me quedó regular.

Para mi gusto quedó muy bien.

Gracias, me siento complacido porque si me lo dice Juan Chompipe o doña Olga Culeca, no lo creería.

Siempre irredento con tu humor bandido.

Hago humor de la vida, hago humor de mi pobreza y de mis enfermedades, a veces un cuasi humor. Porque yo vivo bajo la sombra de un clavo de tres puntas: viejo, enfermo y pobre. Llevo una vida casi vegetativa, no hago nada más que estar en esta silla al lado de mi amada doña Julia.

Desde hace cinco años no escribo ningún poema porque la fuente se ha secado, las azucenas están marchitas, hasta plagiario me he vuelto porque eso es de una canción. Mi alegría es de pupila cuando veo pasar por la calle a alguna chavalonzona… Hasta me pongo bizco y vuelvo a mi realidad cuando siento el pellizco de mi celosísima doña Julia.

Dormir “extra muros”

Pero el Alzheimer me tiene agarrado del mero cogote, y como te decía, me molesta mucho salir y no encontrar el camino de mi casa, de mi dulce hogar, me coge la noche y tengo que recurrir al recurso heroico de dormir “extra muros”.

¿Con qué pretexto te vas a la calle?

Digo que voy donde el médico, que voy al hospital, que voy donde las Suaritas.

¿Y cómo te reciben la “Ruedo Volteado”, la “Pecho de Bronce” y la “Tabla con Hoyo”?

Hombré, me reciben con mucho cariño, como yo fui muy insistente con ellas y además muy generoso.

Por tu culpa son famosas esas mujeres.

¡Ahhh! Sí, mucha fama adquirieron. Ahora hasta se sospecha muy seriamente que han elevado sus tarifas a través de sus relaciones con Chepito. Porque yo las recomendé ante la Virgen Pájara María, gracias a eso, muchas de ellas están tocando bachata con su arpa de oro allá en el cielo.

¿De manera que ahora hasta es bonito padecer de Alzheimer?

Sí, porque le sirve de pretexto a Josecito para hacer fechorías a su amante doña Doña Julia.

¡Qué bueno que me digas eso porque a mí se me están olvidando algunas cosas!

¿De veras? Mucho cuidado porque mis olvidos son muy especiales. Si ya estás con el alemán hay que procurar tener olvidos gratos. Hasta en esa vaina hay que buscar el lado bueno de la vida. Yo te voy a dar las direcciones y si es necesario, recomendaciones.

Hay algo que Josecito casi nunca menciona. ¿Qué recuerdos tienes de tus abuelitos?

Hombre, muy poca cosa, por no decir nada. Porque ellos murieron a muy temprana edad y yo nací muy tarde, he sido un retardado natural y por eso me dicen poeta tardío los que son poetas tempraneros. Yo no conocí abuelos.

De mi padre te diré que era una excelentísima persona como hombre, como marido, como padre de familia y como comerciante que fue. Se llamaba Manuel Antonio Cuadra, era de Granada; mi madre, Chepita Vega Fornos, era de Masaya. Se casaron en Granada pero se fueron a vivir a Masaya.

Poemas a la madre

Mi madre murió a la escasa edad de 44 años, dejando huérfanos a sus nueve hijos. Te das cuenta lo que significa eso, desgracia para nosotros y dolor infinito para una madre que se da cuenta que deja a nueve hijos. De ese dolor puedo decir que me perdí, que no lo sufrí porque estaba muy niño, yo quedé de cuatro años y Gilberto, mi hermano cumiche, de tres.

Mi mamá era maestra de escuela, era tan inteligente que aun cuando no se había bachillerado, la nombraron profesora de la famosa Escuela de Señoritas de Granada. Era poeta y de ella recuerdo unos versos que dicen: “Amo lo triste del Cementerio/ Amo el silencio, la soledad/ Amo el sepulcro… -De no se que cosa-,/ donde termina la vanidad/ Amo los ojos negros y finos/ semi dolidos por la pasión,/ porque son ellos los que me dicen/ de las tristezas del corazón/ Y yo lo amo todo con un amor/ que de lo ignoto corriendo en pos/ halla en su seno, seguro seno,/ seno de Dios”.

Me he equivocado en algunas líneas. Por mi madre, los Cuadra Vega salieron poetas, el menos poeta fue Josecito.

Evocando esa tristeza, escribí unos versos para ella: “¿Y dónde Madre, dime/ dónde están los ademanes/ suaves de tus manos/ como si fuesen de palomas mansas/ de traslúcidas alas?/

¿Dónde tus manos tísicas y tibias/ puestas sobre el mantel tendido/ en la no siempre bien abastecida/ mesa familiar?

Tus manos madre/ tus manos puestas siempre suaves/ sobre la cabeza amada de tus hijos/ para quienes la vida ha sido/ a veces tal vez un poco dulce/ y otras muchas, quizás/ tal vez un tanto amarga”.

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