El Día del Padre se celebra hoy en Nicaragua con la referencia inevitable del caso del empresario Manuel Ignacio Lacayo, quien fue condenado a dos años de cárcel por el supuesto delito de negarse a pagar una pensión alimenticia para su hija menor de edad, en el monto demandado por su ex esposa y ordenado por una juez.
Se trata de un problema privado que no debió trascender al dominio público. Sin embargo se convirtió en un hecho de interés general por la prominencia de los involucrados, pero sobre todo porque el señor Lacayo denunció que hay en su caso una situación de arbitrariedad procesal y negación de justicia. Según él, detrás de este juicio se encuentra el temido ex jefe de la Dirección General de Seguridad del Estado (DGSE) durante el régimen sandinista de 1979 a 1990, el señor Lenín Cerna, quien es cuñado de la demandante.
De manera que en su aspecto jurídico este caso se relaciona con el grave problema de falta de credibilidad pública en la administración de justicia que hay actualmente en Nicaragua; pero también tiene que ver con la situación de responsabilidad o irresponsabilidad paternal en el país. En realidad, es bien sabido que muchos hogares nicaragüenses están bajo la responsabilidad única de las mujeres o madres solteras, debido a la irresponsabilidad paterna de los hombres que no cumplen sus deberes como padres y jefes de familia. Y aunque para combatir este grave problema social existe una ley de responsabilidad familiar, la verdad es que por sus profundas raíces económico-sociales y culturales no es sólo con una ley que se le debe enfrentar y resolver. Menos aún cuando la justicia no siempre se aplica de manera ecuánime y conforme a derecho, sino a discreción de jueces que en algunas o muchas ocasiones deciden de manera sesgada y con el ánimo de perjudicar a una de las partes en litigio.
En el caso del señor Manuel Ignacio Lacayo se conoce que el problema no es porque él se ha negado a pagar la pensión alimenticia de su hija. El conflicto es porque el señor Lacayo estima que una pensión de mil dólares mensuales (más el pago de otros rubros de principal importancia, como medicamentos y gastos escolares), es más que suficiente para el gasto de alimentación de su pequeña hija, pero su ex esposa demandó el pago de tres mil dólares en efectivo y la juez dictó sentencia dando la razón a la demandante.
A la luz de este caso se ve que hay un vacío en la ley. Se deja a la discreción del juez la determinación del monto de la pensión alimenticia, en vez de establecer un porcentaje razonable de los ingresos regulares del demandado, relacionado con el estatus social de la persona demandada, pues mil dólares no significan lo mismo, por ejemplo para un obrero que ni siquiera los gana en seis meses de trabajo, que para un empresario medio o grande y próspero. De manera que la autoridad judicial superior o de apelación debe revisar y resolver definitivamente el caso del señor Manuel Ignacio Lacayo con verdadero sentido de justicia.
En todo caso, en ocasión del Día del Padre también es justo y necesario enaltecer a los muchos hombres que cumplen su misión paternal con responsabilidad, ya sea porque están al frente de sus núcleos familiares o porque, al haberse separado de sus anteriores esposas o compañeras de vida, no han dejado a sus hijos en el abandono.
En realidad, como dicen los expertos en familia, tanto religiosos como civiles, la paternidad no ha sido fácil nunca y mucho menos ahora cuando en el mundo se han relajado las costumbres familiares y los valores éticos. Pero precisamente por eso mismo es necesario luchar con más dedicación por la paternidad responsable, que es la única manera de ser verdaderamente padre. Como ha dicho un pensador francés: “Tener hijos no lo convierte a uno en padre, del mismo modo que tener un piano no lo vuelve pianista”. Además de que ser padre responsable no es sólo ocuparse de la manutención de los hijos, sino también prodigarles el cariño que necesitan, educarlos y enseñarles a superar a sus progenitores.