- Aún en medio de encendidas polémicas, Jordan sobrevive como el más grande
[/doap_box]
El tiempo pasa, pero su brillo persiste
Mientras conducía a los Bulls de Chicago a la conquista de seis banderines de la NBA en ocho años, consiguiendo seis títulos como Más Valioso en finales, Michael Jordan dejó establecido un reto para las nuevas generaciones de jugadores, incluidos Kobe Bryant, Shaquille O'Neill, Dwayne Wade y por supuesto, Lebron James.
Ser considerado el mejor de todos los tiempos, es siempre un riesgo porque te coloca frente a las más encendidas discusiones. Pero, “todo en esta vida es riesgo, incluso vivir”, dice el ganador de Premio Nobel, el húngaro Imre Kertész, sobreviviente de los campos de concentración en su adolescencia.
La inevitable comparación de Michael Jordan con los “monstruos” del baloncesto, lo coloca en ventaja según el criterio de los expertos. “Jordan transformó el juego. Obligó a modificar sistemas de contención mientras derretía con su destreza, todo tipo de marcación. El cómo pararlo se convirtió en una ecuación sin solución”, dijo Pat Riley después del Juego de Estrellas de 1988.
La época de Wilt Chamberlain y Bill Rusell, resultó grandiosa. Ellos fueron lo más espectacular de un juego en pleno crecimiento. Chamberlain, sin duda, la fuerza más devastadora vista en una cancha, en tanto Russell fue calificado como el más brillante y sólido defensor imaginable, capaz de cargar sobre sus espaldas con aquellos Celtics casi invencibles de Red Auberbach.
El vayan y vean a Chamberlain contra Russell, atraía legiones de aficionados ansiosos de decir más adelante “yo estuve ahí, yo los vi”. En 1962, jugando para los Warriors de Filadelfia, Chamberlain provocó el más grande impacto en la historia de la NBA logrando 100 puntos en un juego, cifra sólo atacada recientemente por los 81 de Kobe Bryant en un alarde de espectacularidad y certeza.
El mayor total de Jordan fue 69, y no alcanzó el fabuloso promedio de 50.4 puntos por juego a lo largo de una temporada como el feroz e implacable Wilt, pero cuando se juzga toda la gama de recursos que utilizó tan eficazmente y su mayúscula incidencia, Michael gana la batalla, contra cualquiera.
“Viendo en acción a Jordan, uno piensa que no hay imposibles en una cancha. El no tiene límites, ni tiene freno”, dijo el controversial Bobby Knight.
Lew Alcindor, más adelante conocido como Kareem Abdul Jabbar, hizo historia tanto en Milwaukee como en Los Ángeles. Armado por un “gancho” magistral, un tiro largo impresionante, un dominio aplastante debajo de los tableros y un atrevimiento certero desde las esquinas, Jabbar juntó esfuerzos con Erwing “Magic” Johnson, un jugador lleno de vitalidad, capaz de proyectarse sobre la bravura de un oleaje tenebroso, y dueño de un sexto sentido para el pase preciso, el desmarque oportuno y la fabricación de ángulos propicios.
“No, Jordan los supera”, apuntó Phil Jackson después del primero y más ruidoso de los retiros del genio de los Bulls.
Larry Bird fue un científico. Todo parecía tenerlo medido con regla y compás el excepcional jugador de los Celtics de Boston. Su facilidad para el anticipo, sus desbordes, su exactitud para tirar sobre la marcha, le permitieron alcanzar una gran dimensión. Aun cayendo de espaldas al piso, Larry Bird se veía de pie, influyente, decisivo.
¿Y qué decir de Julius Erwing, el famoso Dr. J, cuya contratación por parte de los Nets, mereció un cintillo de ocho columnas en la primera página del New York Times, algo insólito?
Erwing fue siempre magia pura, un acróbata extraído de otra galaxia, quizás el más flexible jugador que hayamos visto. Lo vi jugar con los Sixers precisamente contra Larry Bird de los Celtics en las semifinales de 1982 en el Spectrum de Filadelfia, después de un relevo de Porfirio Altamirano en el estadio de los Veteranos, al otro lado de la calle. ¿Cómo diablos lo voy a olvidar?
Sin embargo, existe una coincidencia de opiniones alrededor de la superioridad de Michael Jordan: fue un fantasma, algo sobrenatural, un artista siempre inspirado, genial frente al lienzo, eso fue en todo instante éste Jordan que se siente admirado viendo en acción a Lebron James y que sobrevivirá al paso del tiempo, como Babe Ruth, como Pelé, como Alí.