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El secretario estadounidense de Defensa, Robert Gates, llegó el viernes a Irak, donde las autoridades, temerosas de brotes sectarios tras otro atentado contra un mausoleo, esta vez de culto sunita cerca de Basora, impusieron un toque de queda en la gran ciudad del sur.
La visita de Gates no había sido anunciada, aunque sus objetivos son conocidos: presionar al Gobierno para que avance en el proceso de reconciliación nacional.
“Estamos decepcionados por los avances hechos hasta ahora y esperamos que el atentado cometido por Al Qaeda no perturbe más el proceso político”, declaró Gates a bordo del avión que lo trasladaba a la capital iraquí.
El responsable estadounidense hacía referencia al atentado del miércoles contra el mausoleo chiita de Samarra (Norte), que atribuye a la red islamista.
El jefe del Pentágono, que ya estuvo en Irak hace dos meses, tenía previsto reunirse con el primer ministro Nuri al Maliki y el mando militar estadounidense.
Esta visita sucede a la que efectuó el martes el secretario de Estado adjunto, John Negroponte, y dos día antes el jefe de las operaciones militares estadounidenses en Oriente Medio, el almirante William Fallon.
Por su parte el Gobierno iraquí impuso un toque de queda ilimitado en Basora, la segunda ciudad del país, después de que las explosiones de varias bombas destruyeran el mausoleo sunita Talha Ebn Ubeidalá, en las cercanías de la vecina localidad de Zubair (25 km al Oeste; 550 km al Sur de Bagdad).
Los atacantes burlaron la vigilancia del lugar “explicando que querían fotografiarlo”, afirmó el general Alí Musaui, que precisó que los custodios fueron detenidos.
El primer ministro dio orden de proteger todos los lugares religiosos del país.
Al menos ocho mezquitas sunitas han sido atacadas.