Entre hoy sábado y el lunes próximo, se realizará en San Juan del Sur la VI Feria Nacional de la Tierra. Esta actividad ambientalista que se celebra todos los años es la continuación de la Feria del Agua que se realizaba anteriormente en Managua y ahora se hace en distintos lugares del país, con el propósito de “promover la protección y cuido del medio ambiente y nuestros recursos”.
La Feria Nacional de la Tierra se lleva a cabo por iniciativa del Club de Jóvenes Ambientalistas, con el apoyo de diversas empresas privadas e instituciones gubernamentales y no gubernamentales. Y además, cuenta con el respaldo de los medios de comunicación social y de LA PRENSA en particular, que precisamente hoy mismo publica el suplemento Descubriendo a Nicaragua, en el cual “se plasma la importancia de cuidar el medio ambiente, los recursos hídricos y la promoción del turismo nacional”.
La protección del medio ambiente es la preocupación principal de nuestro tiempo, en todas partes del mundo. Ahora se considera que la única y en todo caso la principal revolución que se necesita es la del medio ambiente y del cambio climático. Con esto se quiere decir que la tarea humana prioritaria es la de enfrentar y resolver los graves problemas de la contaminación ambiental en todas sus manifestaciones, del cambio climático, del agotamiento de la capa de ozono, de la letal lluvia ácida, de la desertificación y los incendios forestales, de la desaparición de numerosas especies vegetales y animales, etc.
Pero el planteamiento de este problema no se escapa del debate político, ideológico y ético que abarca a todos los demás aspectos de la problemática humana y mundial. Y en el curso de la discusión sobre el medio ambiente, algunas voces dicen que las advertencias catastróficas sobre el estado actual y el futuro inmediato del planeta, son más políticas que científicas y que se basan más en dudosas probabilidades estadísticas, que en la realidad y en relaciones comprobadas de causa y efecto. Se habla incluso de “alarmismo ambientalista”, supuestamente promovido y/o aprovechado por personajes como el ex presidente estadounidense Al Gore, para potenciar su carrera política o buscar fama universal.
Pero aunque fuera cierto lo del “alarmismo ambientalista” y que algunos personajes lo usan como motor de sus ambiciones personales y proyectos políticos, no se puede negar la degradación del medio ambiente que, además, empeora cada día a pesar de todo lo que se dice y hace para contenerla. Al respecto es suficiente ver en Nicaragua los extensos campos deforestados, los ríos secos, los lagos contaminados, el creciente aumento de la temperatura ambiental, etc. Y basta recordar los frondosos bosques, los caudalosos ríos, las limpias aguas de los lagos, la abundante flora y fauna de las montañas cuyas imágenes muchos nicaragüenses todavía conservan en su memoria.
En realidad, la prudencia aconseja actuar ya en la protección del medio ambiente, en vez de esperar que el tiempo confirme los pronósticos sombríos sobre el destino de la Tierra, cuando quizás ya sería demasiado tarde. Otra cosa es que en el centro de la preocupación medioambiental se debe colocar a la persona humana, porque la protección del medio ambiente no es un objetivo en sí mismo, su propósito es asegurar al ser humano las condiciones de vida dignas y seguras que necesita y merece.
Lo cierto es que de nada o de muy poco puede servir el saneamiento del medio ambiente, si no mejoran al mismo tiempo las condiciones económicas, sociales, jurídicas y políticas de la existencia humana. La gente necesita libertad, seguridad jurídica, justicia, derechos políticos y bienestar social, tanto como aire limpio, agua sana y vegetación abundante. Esto significa que así como es necesario ocuparse en el mejoramiento del entorno natural, también hay que defender —o conquistar si tal es el caso— los espacios de libertad, así como procurar la creación de las condiciones políticas, sociales y jurídicas que son indispensables para vivir con dignidad.
Permitir que el autoritarismo nos quite la libertad a cambio de cualquier clase de promesas populistas y demagógicas, nos condenaría a una existencia miserable, en un medio natural degradado y un entorno político y social indigno e inmoral.