El Gobierno del presidente Elías Antonio Saca acaba de cumplir su tercer año de Gobierno. Nadie podrá negarle sus grandes méritos en hacer de su pequeño país una economía moderna y traer inversiones, pero tampoco nadie serio podrá negar sus evidentes fracasos y deudas.
En su informe anual de principios de este mes —Saca asumió el 1 de junio de 2004—, el mandatario destacó logros como el 4.2 por ciento de crecimiento de la economía de El Salvador en 2006, tras un período de bajo crecimiento. Es la tasa “más alta en los últimos diez años y la tendencia del 2007 es igual de positiva”, arguyó.
Saca afirma que se han creado en los últimos tres años 76,000 nuevos empleos formales, que en el mismo período se han instalado 96 empresas extranjeras que han invertido más de 1,000 millones de dólares y generado 18,000 puestos.
Al menos desde el año pasado, una buena dosis de estos avances se debe a la vigencia del DR-Cafta, cuya ratificación por El Salvador fue la primera de todos los signatarios.
En 2005, la inversión extranjera directa llegó a los 517.4 millones de dólares, mientras que en Nicaragua fue de 241 millones, según el Banco Mundial. En 2006, los días necesarios para abrir una empresa en El Salvador pasaron de 40 a apenas 26. En Nicaragua, el promedio fue de 39 días, según el BM.
Sin embargo, la primera gran deuda de este cuarto Gobierno en fila del partido de derecha Arena, sigue siendo lo social: la pobreza, el desempleo y la imparable emigración. Ésta última es la válvula de escape social del país y un motor económico.
Según las Naciones Unidas, el 43 por ciento de la población de 7 millones vive en la pobreza, 19 por ciento en la “pobreza absoluta”. La ONG Fundación Intervida, pone la tasa de pobreza en 58 por ciento. De los 7 millones, al menos 2.8 millones viven en el extranjero, 2.5 millones en Estados Unidos.
La economía salvadoreña, tres veces la de Nicaragua, obtiene todos los años un flujo inmenso de remesas. De acuerdo al Banco Central de Reserva (BCR) el país recibió en 2006, 3,315.7 millones de dólares. El año anterior la cifra fue 2,830.2 millones .
El 21 por ciento de las familias salvadoreñas vive de las remesas. Pero esto tiene un alto costo social en forma de separación familiar y otras consecuencias . Pese a 15 años de paz, la emigración no cesa y miles se van fuera cada año. De allí que como ningún otro Presidente centroamericano, Saca aboga permanentemente en EE.UU. a favor de sus compatriotas inmigrantes.
Pero tras tres años, el desgaste es obvio. “¿Cree usted que el Presidente está resolviendo los problemas económicos del país?”, preguntó la más reciente encuesta del diario La Prensa Gráfica. Un 68.9 por ciento respondió que no, y un 26.9 por ciento dijo que sí.
La encuesta fue realizada entre el 29 de mayo y el 3 de junio, con 1,500 consultados y con un margen de error de 2.6 por ciento. Un 63.3 por ciento no cree que el mandatario esté resolviendo los problemas de inseguridad.
He allí que la incapacidad para frenar la violencia y la inseguridad, es quizás el mayor fracaso de Tony Saca.
El Salvador es el país más violento de América Central. Siguiendo un patrón de incremento, hubo casi 4,000 homicidios en 2005 y en 2006. Más de unos diez a diario.
El flamante Saca, un joven político que llegó a Presidente con apenas 39 años y tras una exitosa carrera de empresario radial, hizo el eje de su campaña la promesa de “súper mano dura” con las pandillas, una extensión mejorada del plan “Mano Dura” de su antecesor Francisco Flores.
En estos años, vimos espectaculares operativos y arrestos de pandilleros, oímos rimbombantes declaraciones de Saca que hacían grandes titulares, en un manejo mediático notable.
¿Resultados? Las pandillas siguen delinquiendo, extorsionando y matando. La emigración continúa y en el panorama cercano, poco hace indicar que esto vaya a cambiar.