Hoffman, tiene 500

[email protected] Calificar al cerrador de San Diego, el veterano derecho de 39 años y 8 meses, Trevor Hoffman como un tremendo relevista, sería una forma simple de describir un jugador que ha redefinido el profesionalismo de todas las maneras imaginables. La noche del miércoles, Hoffman soltó una bola rápida de 87 millas para eliminar a […]

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Calificar al cerrador de San Diego, el veterano derecho de 39 años y 8 meses, Trevor Hoffman como un tremendo relevista, sería una forma simple de describir un jugador que ha redefinido el profesionalismo de todas las maneras imaginables.

La noche del miércoles, Hoffman soltó una bola rápida de 87 millas para eliminar a Rusell Martin de los Dodgers, asegurando el triunfo de los Padres 5-4. Y justo ahí, se convirtió en el primer relevista en alcanzar los 500 juegos salvados.

Los 31 mil 541 fanáticos que colmaron el Petco Park en San Diego, se pusieron de pie para rendir tributo a este ejemplo de consistencia y eficacia, que sin una amenazante mirada o una poderosa recta, aún tiene la fórmula para frustrar a los bateadores, mientras da los toquefinales a una carrera que lo llevará al Salón de la Fama del beisbol.

Esa misma clientela del Petco Park, sin embargo, fue fría cuando Hoffman arribó a San Diego en 1993 en un canje que mandó a Gary Sheffield a los Marlins. Hasta aquel momento, Trevor era un desconocido relevista con dos salvados.

Desde aquel momento, ha concretado otros 498, para convertirse en el centro de estabilidad de estos batalladores Padres.

Tras ser firmado como shortstop por los Rojos, al manager de Doble A, Jim Lett, se le ocurrió junto a Jim Tracy, probarlo como lanzador. Era un torpedero de buena defensa, rápido, pero débil al bate. Había resumido .212 en Clase A en 1991, pero por su buen brazo, la transición resultó.

Dos años después, estaba en las Mayores con los Marlins, que lo escogieron de los Rojos en la expansión de 1993. Ese año pasó a San Diego y tras un fuerte dolor del hombro, aprendió a manejar el cambio. Desde entonces, tiene a los bateadores arrugando la cara.

Tras una noche en la que no pudo salvar juego, Hoff – man limpió los spikes de todo el equipo. “Tengo que encontrar una forma de ayudar”, dijo ante el asombro de sus compañeros.

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