Los obispos de América Latina y el Caribe concluyeron el jueves de esta semana la asamblea de 18 días que realizaron en Brasil, en un poblado de Sao Paulo donde está el santuario de la Virgen Aparecida, patrona religiosa de ese país, cuya imagen que es considerada milagrosa por los creyentes brasileños fue encontrada por unos pescadores en el fondo del río Paraiba, rota en pedazos, en el año 1717.
El Documento de Aparecida, aprobado por 266 representantes de 22 conferencias episcopales de América Latina y el Caribe, acoge la preocupación expresada por el Papa Benedicto XVI durante la reciente visita que hizo a Brasil, precisamente para inaugurar la asamblea de los obispos, ante el surgimiento —o resurgimiento— de “formas de gobierno autoritarias” en algunos países de la región.
Este Documento será divulgado hasta después de que lo revise el Papa Benedicto XVI, sin embargo, periodistas que cubrieron la reunión episcopal tuvieron acceso a su contenido, en el que se consigna la preocupación por el autoritarismo resurgente en la región y se señala la falta de división real de los poderes del Estado y los altos niveles de corrupción, tanto en ámbitos gubernamentales como en la sociedad en general.
El Documento de Aparecida expresa también la preocupación de la Iglesia católica de América Latina y el Caribe por la grave injusticia social que sigue imperando, por los problemas de la familia, por la amenaza de la violencia criminal y las políticas abortistas contra la vida, por la situación de los aborígenes americanos y los afrodescendientes y por el deterioro del medio ambiente.
En realidad, tal como lo expresó el Cardenal de Honduras, monseñor Oscar Rodríguez Maradiaga, en una de sus intervenciones durante la conferencia de Aparecida, para la Iglesia católica de América Latina “no sólo hay cambios en la casa sino que hemos cambiado de casa”. El Cardenal hondureño se refería de esa manera a la nueva realidad de la región en la que destaca la intimidante nueva ola de autoritarismo, populismo y caudillismo latinoamericano.
Según se comentó al concluir la conferencia de los obispos latinoamericanos y caribeños en Aparecida, al hablar de gobiernos autoritarios los prelados aluden —aunque sin mencionarlos expresamente— a los actuales gobernantes de Venezuela, Bolivia y Ecuador. Pero sin duda que los obispos también han tenido en su mente y en su corazón —lo mismo que en sus oraciones— a Nicaragua, donde con el regreso de Daniel Ortega a la Presidencia de la República gracias al pacto con Arnoldo Alemán y el PLC, hay una clara tendencia hacia el restablecimiento del autoritarismo que se creía superado para siempre y que nunca más volvería a causarle daño al pueblo nicaragüense.
No obstante, es alentador para la mayoría católica y para los nicaragüenses democráticos —que también son mayoritarios en el país—, saber que la Iglesia ha expresado su preocupación por el renacimiento del autoritarismo gubernamental en algunos de nuestros países. En este sentido cabe destacar que a pesar de que algunos jerarcas católicos se han sometido sin pena a los caudillos autoritarios y corruptos, lo más importante es que en términos generales los obispos rechazan el autoritarismo. Y es razonable que así sea, pues la Iglesia católica no es sólo su jerarquía y clero sino también su feligresía, que ha sufrido en carne propia los rigores del autoritarismo y por eso rechaza su restauración en Nicaragua.
“El autoritarismo —para decirlo con palabras del escritor y teatrista argentino Enrique Pinti— es el camino al exceso, es el peligroso atajo que nadie debería tomar, es el abuso, la arbitrariedad y el caldo de cultivo más propicio para el más descarado culto a la personalidad. No se salvan ni la derecha ni la izquierda, extremos que se tocan y coinciden en los medios que utilizan aunque sus discursos sean diametralmente opuestos”.
El autoritarismo habla en nombre del pueblo, pero en ninguna parte del mundo donde ha imperado, incluyendo a Nicaragua, ha resuelto los problemas sociales de la gente. Más bien los ha empeorado y además ha suprimido la democracia y la libertad. De manera que es confortante saber que en la nueva lucha contra el autoritarismo renaciente y por la defensa de la democracia y la libertad, el pueblo democrático de Nicaragua cuenta con la comprensión y las oraciones de los obispos.