- Muchos jóvenes en Guatemala no quieren trabajar o estudiar, y prefieren vivir de los envíos de dinero familiares
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SALCAJÁ, GUATEMALA/ AP
Recibir una renta constante en casa gracias al envío de remesas de Estados Unidos, ha provocado que algunos jóvenes en poblaciones rurales pierdan el interés en estudiar o trabajar en Guatemala.
“Los muchachos tienen el dinero fácil y lo único que saben es gastarlo en juegos de vídeo. En este municipio ha caído la escolaridad en parte porque muchos se van a Estados Unidos y porque los que se quedan no quieren estudiar”, dijo a la AP, Miguel Ovalle, alcalde de esta localidad ubicada a unos 200 kilómetros al oeste de la capital.
En Guatemala no ha sido necesario, como en otros países centroamericanos, suplir operarios o peones agrícolas con trabajadores procedentes de naciones vecinas.
“Aquí es muy grande la cantidad de personas subempleadas y eso hace que siempre haya guatemaltecos para llenar los puestos de trabajo”, explicó el economista Juan Alberto Fuentes Knight, director del Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales y ex coordinador del Informe de Desarrollo Humano de Naciones Unidas para Guatemala.
CASI UN MILLÓN DE SUBEMPLEADOS
Un estudio hecho por la Organización Internacional del Trabajo en 2004 indicó que el 16 por ciento de la población económicamente activa, equivalente a unas 813,000 personas, está subempleada y trabaja menos horas de las que podría o gana menos de lo que necesita.
En Salcajá es difícil conseguir jóvenes que quieran tejer, siendo que las telas que usan las mujeres en sus faldas tradicionales hicieron famosa a esta localidad, y ganar unos 900 quetzales (120 dólares) mensuales.
“Se gana muy poco y para un joven es más fácil sólo recibir”, dijo Secundino Taracena, propietario de un telar y a quien se le ha sobrecargado el trabajo ante la ausencia de jóvenes tejedores.
La mayoría de telares han sido desmantelados y llevados a zonas rurales donde el desempleo es más elevado.
Por lo menos unas 1,000 familias de esta comunidad de 12,000 personas reciben remesas a través de la Cooperativa Salcajá R.L., dijo el gerente general de esa entidad, Romualdo Pizabaj.
“Tuvimos que crear un programa llamado Más Que Remesas, porque queremos promover la inversión en lugar del consumo. En especial queremos ayudar a crear microempresas entre los jóvenes que no ven incentivo en trabajar o estudiar”, agregó.
Franklin Robles, un joven que vivió diez años en Trenton, Nueva Jersey y Chicago, no ve motivos para trabajar en Guatemala.
“Por los 1,400 quetzales (unos 200 dólares) que se ganan al mes, no van a trabajar los chavos (jóvenes). ¿Y para qué van a estudiar? Si aunque estudie uno no gana más que eso”, dijo en su casa de esta comunidad.
Robles no tiene un empleo fijo y su último trabajo fue vender un vehículo, aunque eventualmente atiende la tienda de abarrotes que su familia tiene en casa.
Junto con él, decenas de jóvenes se reúnen en el billar de la localidad o en la sala de videojuegos para pasar el tiempo por las tardes. Algunos trabajan, otros estudian y otros más viven ese compás de espera para que llegue el tiempo de irse a Estados Unidos.
Los padres que viven en Estados Unidos suelen exigir que sus hijos terminen la secundaria y cumplan la mayoría de edad, 18 años, antes de viajar a ese país. Aunque hay casos en que logran obtener una visa o los progenitores ya tienen residencia estadounidense, la mayoría tiene que reunir entre 6,000 y 7,000 dólares para que un coyote los lleve a reunirse con sus padres.
Nery Raúl Rodas, un adolescente de 14 años, vive esa situación. “Yo no quiero estudiar, no me gusta. Lo que estoy esperando es que mi papá arregle los papeles (migratorios en Estados Unidos) para irme a trabajar allá”, comentó.
Una encuesta hecha por la Organización Internacional para las Migraciones en 2005 indicó que el 30 por ciento del monto de las remesas en Guatemala se destina a educación, salud e inversión.
Un total de 312,000 hogares que reciben remesas en Guatemala, apuntó dicha encuesta, han logrado instalar una micro o pequeña empresa.