El doctor Moisés Sotelo muestra su libro: “Viaje al corazón de Boaco” ()

Moisés Sotelo: “boaqueño desde la cruz hasta el rabo”

Al doctor Moisés Sotelo Castillo, su paisano y colega Armando Incer Barquero lo describe así: “Es un boaqueño astuto, desconfiado, calculador y vierte un humor meloso, punzante, amargo, risueño, divertido y burlón. Genio y figura… Hasta la sepultura” [doap_box title=»¿Crees que soy de Boaco?» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Con ese apuro de volver al encierro, los boaqueños […]

  • Al doctor Moisés Sotelo Castillo, su paisano y colega Armando Incer Barquero lo describe así: “Es un boaqueño astuto, desconfiado, calculador y vierte un humor meloso, punzante, amargo, risueño, divertido y burlón. Genio y figura… Hasta la sepultura”
[doap_box title=»¿Crees que soy de Boaco?» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

Con ese apuro de volver al encierro, los boaqueños dieron lugar al famoso dicho: ¿Vos creés que soy de Boaco? El porqué lo cuenta así el doctor Sotelo.

“A mediados del siglo pasado los boaqueños iban a vender sus productos lácteos al Mercado San Miguel de Managua. Se iban en el bus de la madrugada y se regresaban en el último bus, el de las tres de la tarde. En su desesperación por regresar realizaban sus productos a precio barato. Los matagalpinos y chontaleños iban a vender sus productos también, pero esos iban sin apuro, llegaban hoy y regresaban al día siguiente o al tercer día. Los compradores, que conocían el desespere de los boaqueños, llegaban como a las dos y media de la tarde para comprar lo más barato posible.

Ocurre que a veces los clientes se equivocaban y llegaban donde un chontaleño y le preguntaban: ¿A cómo tienes la cuajada? A cinco pesos el moño, Pues yo te lo compro a tres. “No me jodás —le respondían—, vos creés que soy de Boaco?”

Gente de sueños irrealizables

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A pesar de ser ingeniosos y de mucho talento, los boaqueños son cándidos y de vida simple, tanto, que en su escudo rinden culto a una apacible vaca y tierra adentro, a muchas leguas del mar, construyeron un faro para ninguna utilidad.

Boaco es raro en todos los sentidos, en primer lugar está situado sobre un terreno ideal para alpinistas, pero no para consolidar sobre él una ciudad. Pero lo más raro son los mismos boaqueños, cuya idiosincrasia quedó presa entre esas montañas convirtiéndolos en seres austeros, conservadores, soñadores pero poco emprendedores.

Con el temor de afirmar generalidades y de esbozar un estereotipo dudoso del boaqueño, nos acercamos a la casa del doctor Moisés Sotelo Castillo, personaje notable de Boaco, estudioso profundo de la psicología de su pueblo y autor de muchos textos y escritos sobre el tema de la “boaqueñidad”.

Amplio, jovial, alegre, el doctor Sotelo nos recibe. Da la impresión amable que ya nos estaba esperando. Sonríe con toda su rubicunda cara cuando escucha nuestra primera pregunta a modo de saludo.

EL MUSEO DEL ABSURDO

¿Pero… qué hace un médico aquí, en este Boaco donde no pasa nada y todos los días son iguales?

Fue por esas cosas de la Revolución, yo había hecho una especialidad en Anestesia Pediátrica y venía a trabajar al Hospital del Niño en Managua, pero regresé en momentos en que los sueños del cambio eran más intensos, en 1979. Aquí había más necesidad de mis servicios, así que aquí me quedé en el Hospital de Boaco.

Podemos hablar muchas cosas, pero vamos al grano. ¿Qué piensa usted de Boaco y de los boaqueños?

Conocí a un poeta en Managua que decía tener en su casa el museo del absurdo. Ahí guardaba la flecha de amor de cupido, la camisa del hombre feliz, una taza con asa para zurdos, el resplandor del sol… Pero lo único que le faltaba en ese museo era un boaqueño vivo.

Porque el boaqueño es una persona totalmente diferente a las del resto del país. Decía Toynbee, el famoso historiador, que los hombres del mar que viven en las planicies son amplios y los hombres que viven rodeados de cerros son introvertidos, conservadores e individualistas. Quizá eso nos haga como somos. Usted ve que aquí no hay progreso porque eso aquí es una cosa personal. No existe progreso digamos general, menos una idea del progreso de nación, porque nada de eso existe, la inversión es individual.

¿Serán esas circunstancias las que los vuelve conservadores en política?

Claro, eso tiene mucho peso. Aquí el Partido Conservador tenía mucha influencia y afluencia, los grandes ganaderos y los campesinos que tienen tierras votan por el conservatismo, votan por la derecha porque creen que así protegen lo que tienen porque su vida gira alrededor del yo y lo mío.

Pero… ¿Y don Flavio Tijerino?

Pero, ¿qué me dice de don Flavio Tijerino, un boaqueño excepcional?

Fue una “rara avis”. Claro, la lucha contra Somoza se llevó la vida de muchos jóvenes soñadores boaqueños que dieron su vida por la patria. Yo tengo una lista de treinta, entre ellos Mauricio Duarte, Manuel Díaz y Sotelo, Modesto Duarte, Nubia Jarquín, Juan Blandón, Domingo Mora, Anacleto Suazo y otros. Pero fíjese, estos jóvenes dieron su vida por ideas nuevas, pero los boaqueños seguimos optando por ideas viejas.

¿Usted doctor, es boaqueño legítimo?

Desde la cruz hasta el rabo. Mi padre fue don Evaristo Sotelo Duarte y mi madre doña Soledad Castillo Paz. Ambos también legítimos boaqueños.

¿De los personajes dignos de recordar de Boaco, qué me dice?

Un tipo excéntrico y genial era don Flavio. Él decía que no era de Boaco sino de Saguatepe, una comarquita de Boaco. Fue el fundador del Movimiento Saguatepino y además escribía desde ese lugar. Hay que destacar que aquí existe un movimiento grande de poesía, que no es tan aislado porque tienen mucha difusión en los diarios, es el Movimiento Macuta que refleja la actividad de los jóvenes en todas las facetas culturales y artísticas de Boaco. Por otra parte todavía hay algunos escritores del famoso Grupo U y otros independientes que nos reunimos todos los viernes en la tarde en la Biblioteca Fernando Buitrago Morales a conversar sobre asuntos literarios y culturales. Esos encuentros llevan el nombre de Flavio César Tijerino y tiene años de funcionar. Es la única actividad en Boaco a la que se puede entrar sin pagar.

El boaqueño al desnudo

¿Se puede en esos encuentros hablar de política?

No se estila, pero el boaqueño por lo general no es fanático en política, la toma con bastante tranquilidad, es apacible no es violento.

Bueno, usted tiene por qué saberlo porque es un estudioso de ese tema.

Yo sigo investigando y escribiendo sobre Boaco. He publicado varios libros: Cuentos e historias de la ciudad de Boaco, Breve historia de la ciudad de Boaco, otro es, Viaje al Corazón de Boaco, él que le sigue El Boaqueño al Desnudo, que es una semblanza total del boaqueño. Otro se titula Semblanza de Moncho Guillén y una novela que todavía no termino, La Historia Secreta de una Familia Campesina. También son numerosos los artículos que he escrito sobre otros muchos temas y que han sido publicados en los diarios.

He notado que, igual a la mayoría de nuestros pueblos, el boaqueño es muy dado a poner apodos.

Esa costumbre fue impuesta por los grandes finqueros granadinos que se asentaron en Chontales, Boaco y parte de Río San Juan. El granadino es muy dado a poner apodos. Pero si en Granada lo toman de una forma digamos amistosa, aquí no, aquí un apodo es una ofensa, puede causar un serio disgusto, pleitos y hasta trompadas.

Yo publiqué un librito con los apodos de la gente que no me podían hacer nada, gente que aguanta. Cuando el libro se publicó sucedió una cosa muy interesante, muchas personas vinieron a reclamarme porqué no los había mencionado. Por ejemplo, vino una joven de una familia que les dicen “Los Canolas”, a decirme: “Doctor, ¿qué le pasó a usted? Nosotros hemos sido sus amigos, nosotros lo queremos mucho, ¿por qué no puso a ‘Los Canolas’ en su lista?”

Otros que me reclamaron fueron los de la familia “Patas Negras”, vino el jefe de ellos a reclamar. En una segunda edición que hice, los puse a ellos también.

Apodos para coger raza

¿Podría mencionarme algunos de esos apodos?

Claro que sí: “Pitotoy”, “Corporito”, “Panza Loca”, “María Cebo”, “Toro Muco”, “Cara de Vaca”, “Cangrejo”, “Gusano de Leche”, “Perro con Bozal”, “David Triste”, “La Menuda”, “Chacalapa”, “Lucas Tieso”, “Canecho”, “Chapandonga”, “Charanga”, “Bacinilla”, “La Microbús”, “Cucaracha Fumigada”, “La Pico Fácil”, “La Pasarraya”, “La Juana Cutacha”, “Nuca Tiesa”, “La Chinco Bollos”, “La Minimoto”. “La Pico de Piojo”, “Media Pichinga”, “Bolsa de Cemento”, “Juan Pulga”, “Cabra Loca”, “Santo de Palo”, “Camance de Burro”, “Chupa Dedo”, “Zancudo de Llano”, “La Reboliática”, “La Marta Motete”, “La Paso Largo”, “Galipota”, “La Preescolar”, “Chico Cohete”, “Chincaca de Perro”, “Perra Chinga”, “Media Sangre”, “Buche de Lora”, “Muchilanga” y “Papucha”.

¿Quiere decir, doctor, que aquí ha hecho toda su vida, en este Boaco tranquilo?

¡Ah sí! Y posiblemente aquí deje mis últimos días.

¿Ha quedado bien con los boaqueños con sus escritos?

Sí, tengo a la gente pendiente de lo que escribo. Claro, no dejan de haber sus críticos.

Zopilotes por codornices

En resumen, ¿cómo ve usted a los boaqueños?

Los boaqueños son extremadamente conservadores y celosos con las hijas mujeres, en cambio con los hijos varones son sumamente liberales, al grado que se jactan: “Amarren a sus gallinas porque mi gallo anda suelto”. Son los boaqueños iguales a los españoles, un domingo perfecto es: Ir a misa en la mañana, a los toros en la tarde, tomar vino al atardecer y revolcarse con una prostituta por la noche.

No existe en el boaqueño espíritu de cooperación. Traen chicheros de otras partes a sus fiestas aunque los de Boaco son muy buenos, se hacen cirugías en Managua cuando aquí les costarían diez veces menos, las cooperativas quiebran porque sus afiliados compran en otros sitios. En resumen todo lo de afuera es mejor. Añoramos zopilotes extranjeros aunque tengamos codornices en el patio de la casa.

¿Si le ofrecieran ahora un viaje a París, a España, a toda Europa, se iría?

No, no me voy.

¿Ni a pasear siquiera?

Mire, a mí me cuesta salir de Boaco. Hay boaqueños que nunca han salido pero ni a Managua.

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