Algunos críticos burlescos del presidente George W. Bush gustan de compilar las pifias de su estilo de expresión en los llamados “bushismos”. Son estos dichos tomados de las comparecencias del tejano que contienen algún error sintáctico o que suenan extraños en inglés.
También se le critica por su retórica sobre la guerra en Irak, pero el mandatario hizo el jueves una afirmación muy acertada con la cual coincidirán sus partidarios, aliados, adversarios y observadores.
“Para aquellos que son serios acerca de la necesidad de proteger nuestras fronteras y sacar de las sombras a millones de inmigrantes ilegales, este proyecto bipartidista es la mejor oportunidad para avanzar”, dijo Bush en referencia al proyecto de reforma migratoria que discute el Senado de Estados Unidos.
Ahora, quizás más que nunca, existen condiciones bastante favorables para finalmente dar un salida legal al problema de la inmigración. Doce millones de indocumentados ya establecidos y decenas de miles que llegan cada año, lo imponen. Es “ahora o nunca”, como lo dijo el senador Ted Kennedy.
Los dos partidos y la Casa Blanca alcanzaron un acuerdo mínimo que incluye aspectos básicos como el establecimiento de un sistema de visas temporales para trabajadores foráneos, una opción de legalización para quienes ya están allá y el reforzamiento de la seguridad en la frontera con México.
Hay signos positivos. En primer lugar, hay un consenso bipartidista no sólo sobre la necesidad de finalmente legislar, sino también de actuar.
En segundo lugar, aprobar la reforma permitirá sacar el tema de la campaña presidencial y de las legislativas de 2008.
El asunto es altamente explosivo. Un ejemplo: al contrario de su postura del año pasado, el senador republicano John McCain, precandidato presidencial, se ha alejado del proyecto de una muy generosa reforma, como lo lamentó su colega demócrata Ted Kennedy, copatrocinador de aquella idea que no fructificó.
No todos los demócratas favorecen a los inmigrantes. Sin embargo, en ese partido se halla la mayoría de quienes apoyan una nueva legislación más benigna. Al fin y al cabo, los hispanos han votado siempre más por el Partido Demócrata, y las duras posturas antiinmigrantes le costaron caro al Partido Republicano el año pasado, cuando éste retrocedió de aquel récord de 44 por ciento de apoyo latino que contribuyó a la reelección de Bush en 2004. Seguramente los demócratas querrán retener el control de las dos cámaras del Congreso y ganar la Presidencia.
Grupos como el Consejo Nacional de La Raza no están de acuerdo con ciertos aspectos como el complicado proceso de legalización, pues es caro y abre la puerta a engaños por abogados inescrupulosos, aseguran, o con la reducción de la facilidad para naturalizados de llevar a sus parientes a EE.UU.
Pero los más duros opositores vienen de las filas republicanas que ven en el proyecto una amnistía, una recompensa para quienes, arguyen, han violado las leyes. Y están jugando a la bola recia. Ayer, los partidarios de la legalización lograron derrotar en el Senado una maniobra legal para eliminar procedimientos de legalización para los 12 millones de sin papeles, inspirada por el republicano David Vitter.
Además, sucumbió por sólo un voto, la idea del demócrata Byron Dorgan de cancelar tras cinco años de vigencia el sistema de visas temporales.
¿Cuán posible es esta reforma?
“Tenemos una ventana de posibilidades para la aprobación”, sostuvo el embajador salvadoreño en Washington, René León Rodríguez, en una entrevista con el diario El Mundo. “Las probabilidades son pues 50-50 de ser aprobada. A dónde se incline la balanza, dependerá más bien de los ajustes que se le hagan con las enmiendas”.
Según Rodríguez, “se necesitan entre 23 y 24 votos republicanos, asumiendo que vas a tener entre 38 y 40 votos demócratas. El número mágico aquí es 60 (de un total de 100 senadores). No sé cómo el debate afectará el proyecto bipartidista, pero la votación no será nada fácil”.
El Salvador es un constante cabildero. 2.5 millones de salvadoreños viven en EE.UU. y enviaron a sus familias 3,315.7 millones de dólares en remesas el año pasado. Eso es el 16 por ciento del PIB.
Más de medio millón de nicaragüenses viven allá. Algunos cálculos estiman el nivel de remesas en más de US$800 millones. El PIB de 2006 fue de unos US$5,300 millones, según el Banco Central.
No pude contactar al embajador Arturo Cruz para hablar del tema. Tampoco al cónsul. Sin embargo, el Gobierno debe no solamente seguir el debate; debería estar activamente interesado en lograr la legislación más favorable para nuestros compatriotas y cabildear junto con otros gobiernos centroamericanos. Dada la miseria, el desempleo y la alta dependencia de miles de familias de las remesas, éste es un asunto de Estado.