En el deporte, como en todos los ámbitos de la vida, por lo general nos mantenemos añorando un pasado glorioso o esperando un futuro preñado de porvenir, pero casi nunca estamos satisfechos con el presente.
Bueno, así se pensaba hasta antes del aterrizaje en los entarimados nacionales de Román “Chocolate” González, el formidable peleador capitalino, capaz de impresionar ahora mismo, pero sobre todo portador de un futuro sin límites.
A través de su nocaut el sábado, ante el venezolano José Luis Varela, González no hizo sino reiterar el potencial especial que posee y que debe llevarlo a ocupar un sitio de gran relevancia en la historia del boxeo nacional si el proceso de construcción que se le lleva, no presenta variantes.
Otro Alexis, ¿por qué?
Las comparaciones son inevitables, fascinantes y muy polémicas, pero en el fondo sólo sirven para entretenernos, sencillamente porque nadie sustituye a nadie. Cada quien forja su historia, se gana su espacio.
Sobre el “Chocolate” ya se han insinuado comparaciones con Alexis Argüello, el patrón por el que se mide a los boxeadores pinoleros, y es probable que Román pueda llegar a volar alto, pero vivimos otra época, otro contexto, y eso, a la par de su grandeza, debe conservar la figura del flaco.
Alentemos a González a forjar su propia historia, a construir su legado, en un deporte tan arriesgado y de tanto sacrificio como el boxeo, pero que correctamente administrado puede permitirle a muchas personas de escasas opciones, escapar de esas limitaciones.
González tiene un gran futuro, pero también un gran presente. Da gusto ver a este joven en el ring. Ha entendido que el boxeo es con las manos y las piernas, pero comienza en la cabeza, y ese es su mejor recurso.
Aún le falta experiencia y todo hace indicar que lo mejor vendrá con el tiempo, pero con él, el futuro ha llegado.