- Sus gestos inusuales inevitablemente remitieron a los de su antecesor Juan Pablo II
El Papa Benedicto XVI rompió su habitual rigidez y, sin apartarse del protocolo, se mostró más afable este sábado, en el tercer día de su viaje a Brasil.
“Se ve que se está contagiando de la alegría brasileña”, dijo a la AFP la dominicana Ángela Medina, de 26 años, ante la Basílica de Nuestra Señora de Aparecida.
“Está mucho más expresivo que cuando lo vi el año pasado en Alemania”, dijo Medina en referencia a un encuentro mundial de jóvenes católicos.
Por la mañana, Benedicto, un amante del canto gregoriano, mostró con una leve sonrisa su encanto con los cantos y bailes que varios jóvenes le tributaron en Hacienda de la Esperanza, un centro de rehabilitación de adictos. Allí tuvo también gestos inusuales que inevitablemente remitieron a los de su antecesor Juan Pablo II.
Sentado en un trono de madera fabricado en la propia Hacienda, presenció un breve espectáculo de canciones y danzas y los testimonios de los rehabilitados y se levantaba y abrazaba a quienes acababan de contar su historia.
El prelado alemán, de 80 años, abrazó además a un grupo de cuatro pequeños que se acercaron a saludarlo. Mientras caminaba entre una multitud se sacó fotografías con un par de niños y les palmeó afectuosamente la cabeza a otros.
Tras llegar a Sao Paulo el miércoles en su primer viaje pastoral a América Latina, Benedicto se reunió con decenas de miles de jóvenes en un estadio de futbol pero manteniendo distancia con sus fieles. Lo mismo ocurrió el viernes en la misa que dio en Sao Paulo ante un millón de personas.
El miércoles y el jueves salió varias veces al balcón del Monasterio de Sao Bento donde se alojó en Sao Paulo, para saludar brevemente a grupos de personas que lo aguardaron durante horas bajo lluvia.
En su último acto público del sábado, Joseph Ratzinger hizo su llamado a los católicos en la Basílica de Aparecida, donde miles de fieles le acompañaron para rezar el rosario, a perseverar en la fe, en una jornada marcada por su condena a quienes destruyen vidas con la droga.
El pontífice, quien se aloja en el seminario Bom Jesus, concluirá hoy su visita a Brasil, luego de oficiar la misa de inauguración de la conferencia del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam) y abrir los trabajos.