- Brasil ya tiene a su primer santo local
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El Papa Benedicto XVI le dio el viernes a los brasileños su primer santo en una misa con un millón de fieles a quienes pidió defender la castidad y el matrimonio.
“Declaramos y definimos como santo al beato Antonio de Sant'Anna Galvao y lo inscribimos en la lista de los santos y establecemos que, en toda la Iglesia, sea devotamente honrado entre los santos”, dijo el pontífice ante una emocionada multitud estimada en un millón de personas, por el Ejército.
Desafiando el frío, cientos de miles de personas invadieron desde la madrugada el aeródromo de Campo de Marte, donde Juan Pablo II había celebrado también una misa en 1980, en su primera visita a Brasil.
Pero a diferencia de aquella celebración, la misa careció de música o danzas locales y fue una sobria ceremonia clásica, lo que no impidió la emoción de los fieles por tener su primer santo nativo.
“Brasil es grande, Brasil es lindo y ahora tenemos un santo, (…) tenemos mucha suerte”, celebró Juliane Oliveira de Souza, de 17 años, estudiante de Río de Janeiro.
Benedicto XVI llamó a seguir el ejemplo del santo, “en una época tan llena de hedonismo”, con la práctica de la castidad dentro y fuera del matrimonio. Llamó además a decir “no” a la prensa que “ridiculiza” la virginidad antes del casamiento y la “santidad del matrimonio”.
Antonio Galvao de Frana fue un hombre devoto que dedicó su vida a ayudar a enfermos y menesterosos. El primer santo brasileño nació en 1739 en Guaratinguetá, municipio del estado de Sao Paulo, en el seno de una familia acomodada y profundamente cristiana.
Fue presbítero de la Orden de los Frailes Menores Alcantarinos o Descalzos y en vida se le atribuyeron varios milagros relacionados con la curación de embarazadas y personas con problemas renales.
Tomó el nombre religioso de Antonio de Santa Ana Galvao y de 1752 a 1756 estudió en el Colegio de Belén, de los padres jesuitas. Por el clima antijesuita de entonces, su padre prefirió que ingresase en la Orden de Menores Descalzos de la Reforma de San Pedro de Alcántara.
El 16 de abril de 1761 pronunció sus votos solemnes; un año después fue ordenado sacerdote y se trasladó al Convento de San Francisco, en Sao Paulo, donde continuó con sus estudios de Filosofía y Teología. Su vida estuvo marcada por la fidelidad al sacerdocio franciscano, así como por su devoción y dedicación a la Inmaculada Concepción.