Elementos paramilitares desmovilizados están relatando a la Fiscalía sus crímenes. (LA PRENSA/Archivo)

Relatos de barbarie en Colombia

Paramilitares “cantan” “A veces nos obligaban a tomar la sangre de ellos (las víctimas), y cuando no había carne para comer la sacaban de los muertos”. Este es parte del testimonio de un ex miembro de los paramilitares colombianos que actuaron en el suroeste del país, donde se han exhumado los restos de más de […]

  • Paramilitares “cantan”

“A veces nos obligaban a tomar la sangre de ellos (las víctimas), y cuando no había carne para comer la sacaban de los muertos”. Este es parte del testimonio de un ex miembro de los paramilitares colombianos que actuaron en el suroeste del país, donde se han exhumado los restos de más de 200 de esas víctimas, muchas de ellas desmembradas.

La narración es la de un joven de 24 años que ingresó a los 20 a las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC, extrema derecha) que actuaron en el departamento de Putumayo, fronterizo con Ecuador y que sería difundida en la noche de este viernes por el programa de televisión “Contravía”. El joven es un testigo protegido de la Fiscalía General.

Confeso asesino de guerrilleros, campesinos y hasta de su propio “lance” (compañero de lucha), este ex paramilitar cuya identidad se mantiene en reserva por seguridad, describió la barbarie de la guerra de los paramilitares contra las guerrillas, que habría dejado unos 9,000 muertos.

El joven negro y oriundo del empobrecido Chocó (costa Pacífica) asegura que cuando ingresó al grupo de las AUC , la instrucción que recibió fue aprender a matar y cortar en pedazos a las víctimas.

“Ellos, los comandantes, los traían (a los capturados) atados de pies y manos. Para que no gritaran mucho le cortaban aquí —dice señalando la vena yugular—, entonces, algunas veces, antes de cortarles la cabeza, el comandante ponía un vaso y nos hacía tomar la sangre. Nos decía que era para que cogiéramos valor”.

Agrega que “uno de los comandantes, al que le decían “Muelarrica”, a veces cortaba carne de las nalgas de las víctimas, la echaba a la paila y nos la hacía comer”.

“Una vez una guerrillera que capturamos, que le decían “Daniela” y tenía como 17 años, gritaba que la mataran mientras la violaban”, continuó relatando, casi impávido, mientras se frotaba nerviosamente las manos.

Internacionales

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