Hay que negociar con los maestros

Honestamente, ¿qué ha hecho el sandinismo por los maestros en los 28 años que tiene de estar participando del poder en Nicaragua (1979-2007)? Nada. ¿Cuánto ganaban los maestros de primaria en los diez años que duró el primer gobierno sandinista? Es necesario decirlo porque muchos no lo saben. Ganaban el equivalente a 10 dólares norteamericanos, unos 185 córdobas al cambio actual. Los apologistas del sandinismo argumentan que esto se debía a la guerra en que vivía el país. Pero luego se acabó la guerra, el sandinismo pasó a “gobernar desde abajo” y ¿qué hizo desde ahí por los maestros? Nada. Y en todo el “dame que te doy” del pacto con Arnoldo Alemán, ¿qué pidió Daniel Ortega para favorecer a los maestros? Nada. Combinando sus votos con los del PLC arnoldista, el sandinismo podía aprobar leyes para beneficiar a los maestros. Pero no lo hizo aunque ha “utilizado” a muchos de ellos, los ha manipulado para hacer campaña política; para gritar consignas y boicotear a los gobiernos que precedieron al suyo.

Hoy el FSLN está al frente del Poder Ejecutivo y ¿cuál es el pretexto del momento para no cumplir sus promesas de campaña electoral? Culpan al Gobierno del ex presidente Enrique Bolaños. La situación de los maestros —repiten los partidarios de Daniel Ortega— es “un mal heredado”. Esa es la frasecita de moda. Ante su ineficiencia e incumplimiento, rápidamente sacan de la manga de la camisa la frasecita “un mal heredado”. ¿Mal heredado de quién? ¿Cuándo comenzó el desastre de la educación nicaragüense? ¿Cuándo el menosprecio hacia los profesionales que forman a los niños en las aulas? Esta semana, una antigua maestra llamó a un programa de televisión para opinar sobre la situación actual y haciendo memoria decía que durante el gobierno del doctor René Schick (1963-1966), sólo el bono de 200 córdobas que recibían los maestros titulados, era suficiente para comprar doscientos nacatamales. Este bono equivaldría hoy a 3,000 córdobas.

El danielismo debe dejar ya de usar pretextos para justificarse y hacer lo que debe. La promesa de Daniel Ortega fue de equiparar el salario de los maestros nicaragüenses con los del resto de Centroamérica. El salario básico de un maestro de primaria en Nicaragua es de unos 120 dólares mensuales. En Panamá es de 515 dólares. En Guatemala, de 462; en El Salvador, de 564; en Costa Rica, de 407 y en Honduras, de 275. Si sólo se tratara de equiparar el salario de los maestros nacionales con el de los hondureños, sería necesario hacerles un aumento de 155 dólares en un período de cinco años. Esto equivaldría a 31 dólares mensuales, aproximadamente 558 córdobas.

Pero los países —como las familias— se gobiernan con un presupuesto y hay que vivir conforme los ingresos que se perciben. De tal forma que el presidente Daniel Ortega tendrá dificultades para cumplir sus promesas salariales a los maestros y también a los médicos. El problema es que para volver a ser Presidente Ortega prometió cosas que no podía cumplir. Ahora la ciudadanía ya sabe por experiencia el significado de “populismo”. Los candidatos, una vez en el poder, se tienen que enfrentar ante la realidad de la limitación de recursos que tiene el país.

Sin embargo, si Ortega tuviera la voluntad política de cumplir —aunque fuera parcialmente— podría pedir a sus diputados que cedan a favor de los maestros los más de 400 mil córdobas que recibe cada uno de ellos como “fondo para obra social” y, asimismo, podría enviar un proyecto de reforma al Presupuesto Nacional para cubrir parte del reajuste salarial que reclaman los docentes. Pero en vez de hacer esto, el orteguismo —comenzando por el Ministro de Educación— califica a los docentes en huelga de todo tipo de cosas: “agentes de la derecha”, “maestros corruptos”, “inconsecuentes”. No sorprendería que los acusara de ser “agentes de la CIA”, el mismo viejo método de denigrar y vilipendiar a los que reclaman sus derechos o no se alinean.

Si el Presidente no puede cumplir su compromiso con los maestros en la medida que lo prometió, debería encararlos, explicarles la situación y llegar a un acuerdo negociado. Pero considerando la arrogancia del Presidente, tal vez esto sea mucho que pedirle.

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