La Tierra y el libro

Ayer 22 de abril se celebró el Día de la Tierra y hoy 23 se celebra el Día Mundial del Libro, en una secuencia de fechas que no es deliberada pero que resulta muy significativa.

El Día de la Tierra se celebra en todo el mundo desde el año 1972, gracias a una iniciativa del ambientalista y senador norteamericano Gaylord Nelson. El propósito de esta celebración es crear, desarrollar y generalizar una clara conciencia acerca de la necesidad de proteger los recursos naturales, de aprovecharlos al máximo pero de manera racional y sostenible, de que los seres humanos seamos cuidadores del medio ambiente en el que vivimos en vez de ser su amenaza y mucho menos sus destructores.

Este año, la celebración del Día de la Tierra se ha realizado con énfasis en el calentamiento global del planeta. Este fenómeno, según el informe presentado recientemente por el Grupo Intergubernamental de la ONU de Expertos sobre la Evolución del Clima (IPCC, por sus siglas en inglés) representa la mayor amenaza que cierne actualmente sobre la humanidad, peor aún que la pobreza y el hambre e incluso más intimidante que el terrorismo global y el armamentismo nuclear de Estados y gobernantes aventureros y belicosos.

Los países pobres como Nicaragua no son, por la misma razón de su atraso, contribuyentes significativos a la contaminación y el calentamiento global de la Tierra. Sin embargo ellos son los más perjudicados por el calentamiento global, pues, por ejemplo en el caso de América Latina, ésta “podría perder el 50 por ciento de sus tierras agrícolas hacia (el año) 2050, lo que constituye una grave amenaza para la seguridad alimentaria”. Además, los países pobres son los que tienen menos mecanismos de defensa ante los desastres que causa el deterioro medioambiental.

Por supuesto que eso no quiere decir que las poblaciones de países pequeños y pobres como Nicaragua, no pueden hacer nada o no tienen mucho que hacer en defensa de su propio medio ambiente y por la protección de la Tierra en términos generales. Por el contrario, es mucho lo que Nicaragua y los nicaragüenses podríamos y deberíamos hacer en defensa de nosotros mismos y de la Tierra, poniendo fin a la contaminación de nuestros lagos y recuperando la utilidad de sus aguas, ayudando a la defensa de las áreas protegidas, reforestando las zonas adyacentes de los ríos y demás territorios afectados por la deforestación, poniendo la basura en su lugar y dándole el tratamiento que le corresponde, gastando menos combustible muy contaminante, etc.

Pero la conciencia ambientalista sólo se puede formar y desarrollar mediante la educación. Y esto conecta la defensa de la Tierra con la promoción de la lectura y la difusión del libro, el cual, no obstante el gran despliegue de los medios tecnológicos de información sigue siendo el instrumento principal y más efectivo de educación y cultura.

“En cualquier momento de la vida siempre hay un libro que nos puede ayudar, que nos puede consolar, que nos puede entretener, que nos puede señalar un camino”, escribió recientemente, en un artículo de opinión, el señor Gregorio Salvador, vicedirector de la Real Academia Española. Y es una inmensa verdad.

El bajo nivel de educación y de cultura, en general y particularmente ambiental, que sufre Nicaragua, está correlacionado con el ínfimo índice de consumo de libros por persona, que es menos de uno por persona al año de acuerdo con lo que nos informó uno de los principales libreros del país; mientras que en España el consumo de libros por personas es de 10 y en Inglaterra de 12 por año, según información ofrecida por la institución Convenio Andrés Bello, de Colombia. Se conoce que Nicaragua produce unos mil títulos de libros cada año, pero sus tiradas son muy pequeñas y muchos de ellos son textos especializados de muy limitada circulación.

Cabe señalar que el Gobierno de Nicaragua no tiene una política clara y definida de promoción de la lectura, pero en contraste vale la pena destacar la función que desempeña la Biblioteca del Banco Central de Nicaragua, así como los gobiernos municipales que sí se preocupan por promover la lectura de libros. Según se nos informó extraoficialmente, 120 municipios de los 151 existentes en el país tienen sus propias bibliotecas municipales mientras que en Managua por la dispersión de la ciudad funciona una Red de Bibliotecas Municipales.

Pero, en todo caso, es muy grande la deuda que tenemos los nicaragüenses con la Tierra y con el libro.

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