/FOTOS LA PRENSA/Diana Nivia

Mitsuhiro Kagami, embajador saliente de Japón:

El embajador japonés saliente dice que le impresiona la forma en que se hace política en Nicaragua, donde los partidos políticos nunca se ponen de acuerdo. En esta entrevista explica, sin embargo, que apartando las peleas entre políticos, el desarrollo de un país se debe enfocar en la educación y en la visión de desarrollo […]

  • El embajador japonés saliente dice que le impresiona la forma en que se hace política en Nicaragua, donde los partidos políticos nunca se ponen de acuerdo. En esta entrevista explica, sin embargo, que apartando las peleas entre políticos, el desarrollo de un país se debe enfocar en la educación y en la visión de desarrollo de los jefes de Estado, lo que “francamente no hay” en Nicaragua

“No hay visión de desarrollo”

Lo que más extrañó Mitsuhiro Kagami de Japón fue la comida. No le importó darle la vuelta al mundo para aterrizar en un país desconocido, donde el sol tropical curte la piel y el tiempo pasa más rápido “porque no existen las cuatro estaciones del año”. Lo impresionante para él fue caer en un país donde no existen los ingredientes básicos para preparar los platos japoneses, por lo que durante los casi cuatro años que vivió en Nicaragua tuvo que hacer viajes constantes a EE.UU. y Panamá para mantener bien abastecida su alacena.

El embajador recibió a LA PRENSA en la sala de juntas de la Embajada: un salón amplio, blanco, bien iluminado por grandes ventanas que dan a un jardín delicadamente diseñado. Construida como una fortaleza, la Embajada transmite a los visitantes la sensación de estar entrando a un lugar prohibido: alejada del mundo por grandes murallas, custodiada por todos lados por vigilantes y cámaras, y con medidas de seguridad extremas que hasta incluyen dejar los celulares en la entrada.

“Si por ustedes fuera, nos conducirían con vendas en los ojos”, bromea la fotógrafa con uno de los guardianes, que no se inmuta ante el comentario.

Kagami dejó el país el domingo pasado. Regresó a Japón seguro de haber desarrollado con éxito su primera y última misión diplomática. Tiene 63 años y se jubila no sólo como embajador, sino como economista, su profesión, que desarrolló ocupando cargos en la CEPAL y el BID.

El embajador, siempre sonriente, habla con franqueza a pesar de las dificultades para expresarse en español. Se jacta de haber trabajado de forma incansable. Dice conocer muy bien el país, ya que ha visitado 104 de las 153 municipalidades que conforman Nicaragua. Ahora regresa al Japón, a disfrutar de la ansiada comida oriental y olvidar lo que él llama la incomprensible situación política criolla.

¿Por qué tantos viajes a los municipios?

(Ríe) No estoy en campaña política ni soy candidato presidencial. Tenemos muchos proyectos que inaugurar. Este país me interesa mucho porque tiene mucha potencialidad por desarrollar.

¿Qué idea tenía de Nicaragua?

Anteriormente estaba en la CEPAL y tenía algunos conceptos sobre América Latina, pero nunca había visitado Nicaragua. Había estado en Costa Rica, Guatemala y otros países del Caribe. Nicaragua es un país muy rico en términos de recursos naturales, pero falta algo. Hay mucha potencialidad para desarrollar, pero hay que preparar otras cosas también.

¿Qué es lo que más le llamó la atención del país?

Me impresionó mucho la situación política. Es muy difícil de entender para los extranjeros. Además la situación cambia cada día (Ríe). Creo que eso es un factor muy importante para los nicaragüenses.

Su antecesor, el embajador Kunio Shimizu, se pronunció abiertamente contra la corrupción, ¿cree que Nicaragua ha avanzado en la lucha contra la corrupción?

No conozco mucho sus opiniones, pero sí hay corrupción y es una cosa muy mala. En este aspecto tenemos un programa dentro de nuestra cooperación que incluye seis campos que queremos enfatizar: gobernabilidad, educación, salud, agricultura, infraestructura y protección ante desastres naturales.

Ustedes dan mucho apoyo al sistema educativo. ¿Cómo miran la crisis que actualmente sufre ese sector?

Hay querellas entre maestros y el Ministro de Educación. Aquí hace falta infraestructura, por lo que nuestra posición es facilitar la construcción de aulas y escuelas. Ahora hemos construidos más de 200 escuelas.

¿Pero este tipo de crisis no da una mala imagen hacia los donantes que dan el dinero para el desarrollo del sector?

Dentro de este nuevo Gobierno creo que el Ministerio de Educación tiene más poder y puede controlar este tipo de cosas, especialmente entre los sindicatos. Creo que los sandinistas lo van a controlar mejor que otros gobiernos. No tengo mayor preocupación sobre lo que está ocurriendo ahora.

¿Ese control es positivo?

Sí, lo es.

¿Cómo cataloga ciertas medidas tomadas por la nueva administración, como quitar la autonomía escolar?

Una parte del sistema educativo necesita centralización y descentralización. Me parece que hasta ahora, en el caso de Nicaragua, se necesita una centralización de la educación y en ese sentido admito que De Castilla está trabajando muy bien.

En el caso de Japón la educación primaria y secundaria es centralizada por el Ministerio de Educación. La educación es gratuita, así como los textos.

¿Dentro de la experiencia japonesa qué elementos se deben desarrollar en el ámbito de la educación para que un país alcance el desarrollo?

Tenemos una experiencia muy lamentable, especialmente en la Segunda Guerra Mundial, cuando nuestro territorio quedó completamente destruido. El Gobierno enfatizó primero la educación y segundo el espíritu para el trabajo. Nuestros abuelos y padres trabajaron mucho para reconstruir nuestro país.

Al principio dijo que lo había impresionado la forma en que se hace política en el país, ¿cómo definiría a la clase política de Nicaragua?

Francamente es muy lamentable. Hay peleas dentro de los partidos y es difícil de integrar opiniones. Siempre pelean (ríe).

¿Cómo es el sistema político en Japón?

Ahorita tenemos dos cámaras, una de senadores y de Estado. El partido mayoritario es el Liberal Demócrata. No hay elecciones presidenciales en Japón y el partido mayoritario debe de elegir el jefe del partido, que es el primer ministro.

¿No existen ese tipo de contradicciones, como en el caso de los políticos nicas?

Hay oposiciones, incluyendo el Partido Comunista, porque en Japón sí hay comunistas (ríe). Hay peleas dentro del Parlamento, pero como la mayoría domina, puede pasar cualquier ley.

¿Cree que esa forma en la que se hace política en Nicaragua obstaculiza el desarrollo del país?

De alguna manera sí, pero lo más importante es que el jefe de Estado tenga una visión de cómo va a desarrollar el país, hacia dónde el país va. Hay muchas peleas dentro de la Asamblea Nacional, pero eso no importa. Lo importantes es si el jefe de Estado tiene su visión de desarrollo y si los pobladores siguen esa visión.

¿Mira esa visión en el nuevo Gobierno?

Para mí, francamente, no hay.

¿Qué percepción tiene Japón del nuevo Gobierno?

Hasta ahora no tenemos preocupaciones. Nuestra cooperación continúa ayudando a este país. Ahora tenemos tres importantes proyectos: este año empezamos a construir el hospital de Boaco, cuatro puentes y estamos construyendo 63 escuelas en Boaco, Chontales y Rivas.

¿En su experiencia como economista cree que el Gobierno sandinista debe seguir con la línea económica de las tres administraciones pasadas?

Creo que sí. Un ejemplo es China continental, que tiene un sistema comunista, pero su economía es diferente. China invita mucha inversión desde Japón, desde Tailandia, desde Corea o Estados Unidos o Alemania. El hecho de que llame a los inversionistas permite que China crezca tanto.

Durante la época de las administraciones de Chamorro, Alemán, Bolaños, ellos hicieron estas cosas, pero para mí falta más: hay que llamar más inversiones y para eso es necesario desarrollar más infraestructura: carreteras, puertos, telecomunicaciones. Además, se deben desarrollar instituciones imparciales.

¿Qué cree que hace falta para que Nicaragua pueda salir adelante?

Muy simple: falta más inversión. No sólo se trata de estimular la inversión extranjera, sino que también la doméstica. Eso es muy importante. Si no hay inversión no hay empleo ni ingresos.

Usted mencionaba la parcialidad de los poderes de Estado. ¿Qué se debe hacer para solucionar ese problema?

Debe de haber una separación de los Poderes y los partidos. En el caso de Japón sólo hay 15 jueces y son muy independientes y transparentes y se puede llegar a un acuerdo con facilidad. Eso se logra al separarse de los partidos políticos.

Japón ha apoyado al Estado con urea para campesinos, pero Venezuela ha comenzado a dar a esa ayuda, ¿cómo miran este tipo de iniciativas?

Nuestro proyecto se llama KR-2, no sólo dona urea, sino maquinaria y otros equipos para agricultores pequeños. Entonces, si hay mucha oferta de fertilizantes, Japón puede cambiar estos productos.

¿Cómo miran el acercamiento de este Gobierno a Venezuela y a Irán?

Nicaragua puede elegir relaciones con cualquier país. Hasta ahora no tenemos intención de intervenir en esto.

¿Cree que es conveniente que el Estado maneje la información pública en secreto?

Genera un poco de preocupación, porque la información debe ser para todos y no limitada a funcionarios. Cuando el presidente Chávez llegó a León nosotros no sabíamos nada del viaje, para los diplomáticos eso fue muy raro, tal vez sólo el Embajador de Venezuela lo conocía, y ese tipo de informaciones tan importantes deben de darse a conocer a todos.

El gobierno de Enrique Bolaños se había pronunciado a favor de la caza de ballenas; ahora el nuevo Gobierno dice que no la apoya, ¿cómo mira Japón este cambio?

Tal vez hay un mal entendido. Japón habla de un uso sostenible del recurso. También hay que estimar nuestra cultura de comer estos productos. Nosotros no criticamos a los norteamericanos que comen vaca. Acá la gente de la Costa come tortugas y nosotros no los criticamos porque es su cultura. Es una decisión de este Gobierno no apoyar la caza y no podemos oponernos a algo así.

Domingos de nacatamal, gallo pinto y golf

Kagami se dejó contagiar por la hermosura y extravagancia del trópico, y en esta entrevista reafirmó las experiencias descritas en un artículo publicado recientemente en la página de Opinión de LA PRENSA.

Dice que quedó intrigado y sorprendido al encontrarse por primera vez con el jícaro, “esa fruta que crece directamente del tronco del árbol”; maravillado por la flor amarilla del cortés —“una imagen que quedará grabada para siempre en mi corazón”—; y asombrado al hacerse amigo de bichos tropicales como la iguana, que al principio le parecía grotesca.

Los sábados y domingos, cuando dejaba de un lado las responsabilidades diplomáticas, se iba a los restaurantes “donde disfrutaba mucho de comidas nicaragüenses como el gallo pinto y los nacatamales”, o jugaba al golf, uno de sus sueños incompletos, ya que no pudo mejorar su técnica. “Al menos mi esposa mejoró bastante su juego”, bromea.

El diplomático describe como inolvidable su estadía en Nicaragua, hasta donde llegó sin experiencia alguna, cuando el Ministerio de Exteriores nipón lo seleccionó de una lista de funcionarios para que continuara con el trabajo de su antecesor Kunio Shimizu.

“Me gusta mucho estar acá, aquí disfruto mucho la vida”, afirma sonriente Kagami, después de sorber un poco de la taza de té verde que una joven trajo al inicio de la conversación. “¿Qué les pareció? Sin sabor, me imagino”, dice respondiendo él mismo su pregunta. Mentalmente, nuestra respuesta era la misma.

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