El presidente Daniel Ortega minutos antes de anunciar la respuesta que trajo el cardenal Miguel Obando desde el Vaticano. (LA PRENSA/G. Miranda)

Los traspiés de un Consejo que no arrancó

Tres meses después, el Consejo de Paz y Reconciliación sigue sin despegar, pese a la polémica que ha generado, la cual ha estado motivada por tres hechos: uno, la participación del cardenal Obando como presidente; dos, la asignación o no de presupuesto; y tres, la desconfianza que existe sobre si este Consejo persigue únicamente pagar […]

  • Tres meses después, el Consejo de Paz y Reconciliación sigue sin despegar, pese a la polémica que ha generado, la cual ha estado motivada por tres hechos: uno, la participación del cardenal Obando como presidente; dos, la asignación o no de presupuesto; y tres, la desconfianza que existe sobre si este Consejo persigue únicamente pagar favores a aliados políticos
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En 1987 se creó la primera Comisión Nacional de Reconciliación, producto de los acuerdos firmados por los presidentes centroamericanos en Esquipulas.

Esa Comisión fue creada mediante el decreto 275 emitido por el entonces Presidente de la República, Daniel Ortega Saavedra.

La Comisión estuvo conformada por el entonces Arzobispo de Managua, Miguel Obando y Bravo, como presidente. Además, participaron el Vicepresidente de la República, Sergio Ramírez Mercado; Gustavo Parajón Domínguez, como ciudadano notable; Mauricio Díaz Dávila, en representación de los partidos políticos de oposición, y sus respectivos suplentes.

Entre los suplentes figuraron monseñor Bosco Vivas y el ahora presidente de la Asamblea Nacional, René Núñez Téllez.

Los alcances de la gestión de esa Comisión abarcan amnistías parciales, derogación de leyes represivas, indultos a ex miembros de la Guardia Nacional, el levantamiento de la emergencia nacional y los inicios del diálogo nacional.

La tarea del Cardenal

Mauricio Díaz, participante de la primera Comisión de Reconciliación que se formó en 1987, admite que aún quedaron tareas por resolver.

Además, Díaz, quien actualmente es diputado suplente ante el Parlamento Centroamericano por la Alianza Liberal Nicaragüense, asegura que la Comisión de 1987 aún está vigente, ya que no hubo ningún decreto que la aplazara. “En derecho las cosas se deshacen tal a como se hacen”, explica.

Por otro lado, Mauricio Díaz recuerda que “estamos en contextos absolutamente distintos. Me pregunto si será únicamente para cumplir las demandas de un sector de la Resistencia que dice que no le han cumplido, porque no he visto a otros sectores de la sociedad demandando cumplimiento a este Gobierno. La pregunta es ¿el Cardenal acepta esto para cumplir la demanda de la Resistencia Nicaragüense o hay algo más?

Salvador Talavera, presidente del Partido de Resistencia Nicaragüense, dice que las nuevas demandas firmadas en el acuerdo con el Presidente “son borrón y cuenta nueva”, y que de no ser atendidas a tiempo, la mala situación económica podría empujar a los ex combatientes a realizar trabajos sucios, como servir al narcotráfico. “Eso es lo que queremos evitar”.

El primero de los compromisos asumidos por Ortega y de los que el cardenal Obando se responsabilizaría, sostiene que “nunca jamás habrá guerra ni Servicio Militar Obligatorio, ni confiscaciones, ni tarjetas de racionamiento, ni habrá incidencia extranjera alguna que conlleve a la confrontación armada entre hermanos nicaragüenses”.

Los programas que debe garantizar el nuevo Consejo Nacional de Reconciliación y Paz para los desmovilizados, comprenden la inversión en educación, programas de becas completas anuales a nivel universitario y de postgrados en otros países.

Debe también dar garantías a la creación de programas de viviendas de interés social, urbano y rural.

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Según Talavera y Ortega, ambos firmantes, el respeto a la propiedad privada debe ser uno de los ejes fundamentales, para llevar a cabo el programa de revisión, adjudicación y titulación de las tierras entregadas y el cumplimiento de los compromisos de entrega de propiedades pendientes a los ex combatientes de la Resistencia Nicaragüense, entre otros.

No es oficial

El famoso Consejo Nacional de Reconciliación y Paz ha quedado en nada, después de los tres meses que lleva el gobierno sandinista en el poder hablando de su creación y todo el revuelo que ha causado la participación del cardenal Miguel Obando y Bravo en éste.

La iniciativa del Consejo surge del acuerdo de paz que firmó el presidente Daniel Ortega en su campaña electoral y el diputado y presidente del Partido Resistencia Nicaragüense (PRN), Salvador Talavera.

Talavera dice haber firmado el acuerdo de paz en nombre de 300 mil desmovilizados, que ninguno de los 14 puntos aceptados tiene fecha de cumplimiento, pero la paciencia de los desmovilizados es como “un reloj de arena”.

“El Presidente lo tiene que cumplir o lo tiene que cumplir porque cada día la paciencia se le agota a los ex combatientes. Esto es como un reloj de arena”, advierte.

Parte del trato asumido el 15 de septiembre de 2006, exige la participación del cardenal Obando a la cabeza del Consejo para que vele por el cumplimiento de las demandas.

La invitación fue recibida con entusiasmo por el religioso de 81 años, quien incluso viajó hasta el Vaticano en busca del visto bueno del Papa Benedicto XVI.

La respuesta del Papa a ciencia cierta nadie la sabe. La versión del cardenal Obando es que él aceptó trabajar para el Consejo en su “carácter personal”.

—¿Pero qué fue lo que le dijo el Papa?

—El Santo Padre realmente quiere que trabajemos por la reconciliación de toda la familia nicaragüense —contestó en esa ocasión Obando y Bravo.

Dejando a un lado si el Vaticano le dio luz verde o no al cardenal Obando para que encabece una organización creada por el Gobierno de turno, surgen más preguntas: ¿Cuál va a ser su función? ¿Es realmente necesario un consejo de reconciliación y paz? ¿Por qué si no estamos en guerra?

DANDO Y DANDO

Para la diputada del Movimiento Renovador Sandinista, Mónica Baltodano, quien fue miembro del primer gobierno sandinista en la década de los ochenta, la participación del cardenal Miguel Obando es una especie de juego político que equivale al pago de favores recibidos y al uso de la figura de Obando como aliado del gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).

En 1987, cuando Obando era Arzobispo de Managua, fue presidente de la Comisión Nacional de Reconciliación. Claro, en ese entonces tenía sentido una comisión como esa dado que Nicaragua vivía una situación de emergencia nacional. El país estaba en guerra.

“El proceso de reconciliación tenía sentido en los años noventa, máximo hasta 1999”, sostiene la diputada Baltodano, quien no aprueba la creación del actual Consejo.

“Yo pienso que es un desenfoque de los problemas reales. Más bien va a ser un mecanismo de trabajo político”, agrega.

Baltodano sostiene que el cardenal Obando es el tercer pilar entre Daniel Ortega y el reo y ex presidente Arnoldo Alemán. Para ellos es vital la alianza con la Iglesia, y quizás por eso cada año se garantizan partidas presupuestarias en beneficio de la Iglesia católica.

“Tenemos en el presupuesto general de la República (de este año), 45 millones de córdobas destinados a reparar iglesias. Independientemente de que la ciudadanía merece que sus iglesias estén en buen estado, no es responsabilidad del Estado, sobre todo cuando no está asegurado el vaso de leche escolar, la educación o un salario digno para los maestros”, enumera Baltodano.

¿Por qué el cardenal Obando y no otra persona? Salvador Talavera responde que “el cardenal Obando jugó un papel muy importante en el proceso de desmovilización. Él fue un mediador muy eficaz”.

De ahí nace la idea de plasmar el nombre de Miguel Obando y Bravo en el último punto que manda a cumplir el acuerdo PRN-FSLN.

Sin embargo, Mónica Baltodano dice que eso va más allá.

“El Estado nicaragüense comenzó a caminar desde 1990 en una lógica de acercamiento a los asuntos religiosos que no es sano. Se supone que Daniel Ortega, por su ideología, debería ser un abanderado de la separación de los asuntos de la Iglesia con el Estado. Debería apoyar el cumplimiento constitucional del Estado laico, pero va más hacia una configuración del Estado de carácter confesional, donde con fondos del Estado se hacen monumentos religiosos o ayudan a instituciones como la Unica”, enfatiza la diputada.

Ese último señalamiento de Baltodano se refiere a los 12 millones de córdobas que se asignó el Estado para la Universidad Católica (Unica), de la que el cardenal Obando es su rector.

MALA SEÑAL

Primero el presidente Daniel Ortega habló de un Consejo que no necesitaría recursos económicos y que sus miembros trabajarían de manera honoraria. Pero en los últimos días se ha mencionado como una comisión.

El diputado de la Convergencia Nacional, Agustín Jarquín, dijo desconocer los detalles sobre el tema, pero explica que la diferencia entre Comisión o Consejo “tiene que ver con las facultades del Ejecutivo para el nombramiento. Una comisión tiene una función ad hoc, más ejecutiva; y un consejo funciona como un staff”.

De ser creada una Comisión de Reconciliación y Paz, serían necesarios los recursos económicos que dijeron no manejaría el jerarca católico, sino un secretario ejecutivo que nadie sabe quién será.

Los alcances del Consejo o de la Comisión tampoco están definidos. Lo que sí se ha dicho es que la organización que lidere el Cardenal servirá de mediadora entre los desmovilizados y el Estado, y que las acciones se ejecutarán en los ministerios o entes correspondientes.

“Se dijo que se iba a crear un ministerio de reconciliación y paz y que se le iba a dotar de la mayor cantidad de recursos posibles”, dice Salvador Talavera.

Pero la categoría se bajó. “Se necesitaba una reforma a la Ley 290, que ya se hizo, sin embargo, los personeros del Gobierno establecieron que no era el momento para aplicar esa parte de los acuerdos de paz, y salieron con un invento del Consejo de Reconciliación y Paz sin funciones. Algo así como crear un muñeco sin cabeza, sin manos”, explica Talavera.

Eso sí, como nada está concretado, el PRN dice que “ni han aceptado ni es lo que se ha conversado”.

Mientras tanto, la disposición del cardenal Obando ha generado además discrepancias dentro de la cúpula de la Iglesia católica.

Monseñor Sócrates René Sándigo, secretario de la Conferencia Episcopal, ha dicho en otras ocasiones que la Iglesia católica siempre ha buscado no estar involucrada en asuntos partidarios y que la decisión del Cardenal podría ocasionar división entre los feligreses.

LA PRENSA ha insistido en establecer una cita para entrevistar al cardenal Miguel Obando y Bravo sobre sus tareas y funciones en el Consejo Nacional de Reconciliación y Paz, pero la respuesta de su secretaria en la Unica es que él ya dijo lo que tenía que decir.

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