Ortega debe lidiar con los problemas de uno de los países más pobres del continente, mientras el presidente venezolano se da el lujo de regalar petrodólares. Chávez tiene petrodólares para ganar amigos entre los gobiernos de Latinoamérica; pero, como en el caso de Nicaragua, los hechos revelarán a los aliados genuinos. ()

De la mano de Chávez

Ortega no niega la amistad con Caracas, aunque no descarta la sana distancia Ciudad de Guatemala Si a Daniel Ortega se le observa con la lupa del “dime con quién andas y te diré quién eres”, el nuevo —pero reciclado— Presidente de Nicaragua aparece claramente como uno más de los líderes que siguen al venezolano […]

  • Ortega no niega la amistad con Caracas, aunque no descarta la sana distancia

Ciudad de Guatemala

Si a Daniel Ortega se le observa con la lupa del “dime con quién andas y te diré quién eres”, el nuevo —pero reciclado— Presidente de Nicaragua aparece claramente como uno más de los líderes que siguen al venezolano Hugo Chávez a pie juntillas. Guardando las diferencias, claro. Mientras Ortega debe lidiar con los problemas de uno de los países más pobres del continente, el presidente venezolano se da el lujo de hacer nuevos amigos regalando petrodólares. Eso sí, no se los regala a cualquiera. Para merecer esas dádivas, Ortega ha tenido que hacer lo mismo que Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador: adoptar algunas características del controversial estilo de Chávez.

Sin embargo, el líder sandinista sabe que ser “chavista” no lo llevará tan lejos como él pretende. De ahí que gran parte de su discurso no sea más que una fachada. Alfonso Malespín, profesor de Comunicación de la Universidad Centroamericana (UCA) en Nicaragua, afirma que el sandinismo ya no es el mismo de los años ochenta. “Ortega negocia hoy desde otra posición: sabe que ha llegado al poder con una mayoría relativa y con una desconfianza muy fuerte”, explica. Y para superar esa imagen, el remedio es apegarse a las medidas económicas que fomentan la credibilidad, más allá de la retórica del líder bolivariano. Prueba de ello es que el presupuesto aprobado para el 2007 se apega a los lineamientos de equilibrio financiero presentados por el ex presidente Enrique Bolaños a fines del 2006.

Lo difícil es saber dónde comienza y dónde termina la fachada. Hasta ahora, el modo de gobernar de Ortega incluye la crítica a las empresas multinacionales, con y sin razón. En el caso de la compañía de distribución eléctrica Unión Fenosa, el líder sandinista reavivó el conflicto tras afirmar que la crisis energética del país era consecuencia de la privatización del sector. Ortega criticó el racionamiento de la electricidad y el incumplimiento de los proyectos de modernización acordados, mientras que la firma española reprobó las millonarias pérdidas que le causan las conexiones ilegales, la escasa generación de electricidad y el mal estado de las redes.

El ambiente se puso aún más tenso cuando la empresa acudió al Banco Mundial para cobrar un seguro por expropiación, después de que el Gobierno amenazara con retirarle la concesión. Pero Ortega sabe cuánto puede tensar la cuerda. A los pocos días, el canciller nicaragüense, Samuel Santos, dijo a la prensa española que, aunque su gobierno “no estaba satisfecho” con Unión Fenosa, estaba dispuesto a buscar una “posición justa” para ambas partes.

Según José Adán Aguerri, presidente de la Cámara de Comercio de Nicaragua (Caconic), esta clase de discrepancias entre sector privado y Gobierno no debieran afectar significativamente el clima de negocios y la inversión extranjera directa, “siempre y cuando se utilice el diálogo para alcanzar un entendimiento fundamentado en criterios técnicos y jurídicos”. No obstante, el desenlace a veces no es tan alentador. Que lo diga la empresa de capital canadiense Polaris, a la que la Procuraduría General de la República le anuló el contrato de concesión del campo geotérmico de San Jacinto Tizate el pasado febrero, tras 10 años de estar operando el proyecto.

Contra la prensa

Ortega también ha aprendido de Chávez que confrontar a los medios de comunicación puede ser una buena fuente de réditos políticos. Chávez lo hizo retirando la licencia de la cincuentenaria Radio Caracas Televisión. Ortega, a su modo más “conservador”, lanzó una estrategia de comunicación basada en el concepto que él mismo denomina “democracia directa”. Según Malespín, el contenido del documento establece que el Gobierno realizará sus comunicaciones a través de “aquellos medios que favorecen la perspectiva gubernamental”. Al mismo tiempo, “Ortega y algunos miembros de su familia han fortalecido su participación en algunas radioemisoras”, dice. Es una estrategia de bajo perfil que, en lugar de avanzar en la nacionalización de empresas, utiliza el medio más popular y de mayor penetración en el país para transmitir su mensaje.

Aunque tímido, ese acercamiento a la estrategia de Chávez es un problema para Ortega a la hora de querer estrechar lazos fuera de sus fronteras. Para Adrián Bratescu, analista de la Cepal, parte de la volatilidad e incertidumbre que se viven en Nicaragua se explica “por el empeño del Gobierno en desarrollar relaciones comerciales y de cooperación con países cuyos intereses son difíciles de conciliar”. ¿O qué puede ser más antagónico que un tratado de libre comercio con Estados Unidos, que promueve la privatización y limita el rol del sector público, y un acuerdo con Venezuela, que se fundamenta en la soberanía del Estado en lo referente a la administración de los recursos naturales? Ni qué decir del acuerdo de cooperación que Nicaragua firmó con Irán en enero del 2007, un país que ha recibido severas críticas de la comunidad internacional por sus proyectos nucleares. Ese doble discurso quedó reflejado también en la relación con Taiwán. Durante la campaña electoral, Ortega amenazó con romper relaciones diplomáticas con la isla para favorecer su relación con la China comunista. Pero una vez subido al barco, el mandatario nicaragüense buscó financiamiento para obras de infraestructura con el Gobierno taiwanés, por un monto cercano a los US$500 millones.

El dilema que enfrenta Ortega respecto a cuánto aferrarse a la mano de Chávez se hizo más evidente cuando el presidente venelozano lo instó a unirse al Banco del Sur, al tiempo que confirmaba una inversión de US$2,500 millones para la construcción de una refinería de petróleo en Nicaragua. Con la creación del Banco del Sur, cuyo capital inicial podría ascender a unos US$7,000 millones, Venezuela y Argentina pretenden desbancar al Fondo Monetario Internacional (FMI). No obstante, Ortega concluyó a mediados de marzo una ronda de negociaciones con el FMI y allí dejó claro que el objetivo de su gobierno es mantener la estabilidad macroeconómica, generar crecimiento económico y reducir la pobreza.

Para Bratescu, de la Cepal, “Nicaragua no está preparada para dejar de firmar un nuevo acuerdo con el FMI porque no tiene la capacidad de generar suficientes recursos económicos y financieros para crecer de forma autosustentable”.

Es una razón de peso que explica por qué Ortega fue tan prudente en sus comentarios cuando el presidente estadounidense George Bush estuvo de gira por América Latina a mediados de marzo. Chávez, que se encontraba por esos días en Nicaragua, aprovechó la atención de la prensa local para criticar al Presidente de EE.UU. y describirlo como un “cadáver político”. Pero el líder sandinista se limitó a decir que prefería darle a Bush “el beneficio de la duda”. Menos mal. Mientras las exportaciones de Nicaragua a EE.UU. ascendieron a más de US$325 millones en el 2006, las ventas a Venezuela sumaron poco más de US$2 millones, según datos de la Secretaría de Integración Económica Centroamericana. Cerrarle las puertas a un socio comercial tan importante sería un suicidio económico. Y en este momento, ni Nicaragua ni Ortega pueden darse ese lujo.

Ortega debe lidiar con los problemas de uno de los países más pobres del continente, mientras el presidente venezolano se da el lujo de regalar petrodólares.

Chávez tiene petrodólares para ganar amigos entre los gobiernos de Latinoamérica; pero, como en el caso de Nicaragua, los hechos revelarán a los aliados genuinos.

Economía

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