- Como parte de un proyecto que tiene como objetivos promover el futbol nacional y contribuir a su desarrollo técnico, Carlos Alberto, el capitán del glorioso equipo de Brasil que se coronó campeón en el Mundial México 1970, visitó Nicaragua y habló ampliamente sobre su vida, el futbol y el futuro del balompié nacional
Carlos Alberto Torres, capitán de Brasil en México 1970
Aún cuando en Brasil los niños nacen con un balón delante de sus pies, tienen la cintura flexible y sueñan con llegar a jugar bonito, Carlos Alberto Torres nunca estuvo seguro que su futuro estaría vinculado al futbol, sino hasta aproximarse a los 20 años.
“En la infancia y aún en la adolescencia uno no está seguro de lo que desea ser. Jugaba futbol como todo niño de mi país, pero no pensé que lo haría profesionalmente”, señala Carlos Alberto, con ese hablar reposado y cadencioso de los brasileños.
Pero lo hizo. Y jugó tan bien que dos años después de haber optado por el futbol, saltó al equipo Fluminense a sus 19 años en 1963. Tres años más tarde llegó al Santos y ahí fue nombrado capitán del equipo, cargo que ostentó luego en la Selección.
“Llegar al Santos fue una gran experiencia. Ahí jugué con Pelé y muchas otras figuras del futbol brasileño. De ahí salté al equipo mundialista de 1970 en México, donde tuve el honor de ser el capitán”, afirma con visible orgullo, el otrora jugador.
Carlos Alberto nació en un hogar muy sencillo el 17 de julio de 1944 en Río de Janeiro. Su papá laboraba como mecánico en la prefectura y su mamá se encargaba del hogar, mientras él iba a la escuela, pensando quizá en llegar a obtener un título universitario.
“Pero el futbol cambió mi vida y luego que quienes me entrenaban me vieron futuro, me dediqué por completo”, dice el jugador, que alcanzó en el equipo que reunió a los mejores futbolistas del siglo y que fue escogido por Pelé, a solicitud de la FIFA.
Carlos Alberto estuvo en Nicaragua como testigo de honor en la firma de un convenio entre la Federación Nicaragüense de Futbol y el equipo Tigres de Brasil, de Río de Janeiro, a donde viajarán próximamente ocho prospectos nicaragüenses.
El autor del espectacular gol con el que Brasil le dio el tiro de gracia a Italia, en la final del Mundial México '70, es un hombre alto y fuerte, moreno, con pronunciadas entradas en su cabellera, pero muy amable y sencillo, dispuesto siempre a contribuir.
IMPORTANCIA DEL EJEMPLO
¿Cuál es el propósito de su visita?
Primero mi deseo de colaborar modestamente en la motivación de los jóvenes con la práctica del futbol. Y luego, la relación que me une con el equipo Tigres de Brasil, quienes me invitaron para venir al lanzamiento de este proyecto, que considero muy bueno. Y uno tiene que apoyar todos los esfuerzos que se hacen bien.
¿Cómo inició su relación con los Tigres?
A través de mi hijo conocí a Aristóteles Larios, que es el presidente de los Tigres, y me fui enterando de lo que estaban haciendo. Y a partir de ahí me interesé en el proyecto y en participar ayudando con mi experiencia y la vivencia que tengo en el futbol.
¿En qué consiste su aporte?
Cuando uno ha conseguido destacarse un poco, logra ser útil hasta con el ejemplo. Pero además uno tiene conocimientos y experiencias que pueden ser útiles a los niños. Yo espero poder aportar desde esas perspectivas a este proyecto que me parece interesante.
¿Cuando niño tuvo también esos ejemplos?
Claro. Como te dije yo no pensaba ser futbolista, pero las cosas fueron sucediendo poco a poco hasta llegar a ser lo que soy. Yo vivía modestamente con mis tres hermanos y mis padres en Río y recuerdo que éramos muy unidos, salíamos juntos hacia la escuela y más adelante al trabajo. Luego cada quien fue tomando su propio camino.
¿Y el futbol como llegó a su vida?
Como llega para todos los brasileños. Yo jugaba bien cuando niño pero no tenía noción de eso, quizá porque era una época distinta a la de hoy en la que hay categorías para los niños desde los siete u ocho años. Antes empezábamos a jugar en equipo a los 15 años, y ya para los 16, me llevaron al club juvenil de Fluminense y me ahí me quedé.
¿Cuándo descubre que puede ser jugador profesional?
La gente decía que yo podía jugar bien, pero yo no estaba seguro, sin embargo las cosas fueron sucediendo y a los 18 años ya estaba en la Selección Nacional de Brasil. Eso fue en menos de tres años. Fue entonces cuando comprendí que ellos (los amigos que lo animaban) estaban en lo cierto.
CARLOS ALBERTO, EL CAPITÁN
¿Ahí se concentró plenamente en el futbol?
Seguro. Al darse todo ese proceso tan rápido para mí, yo saqué todo lo que podía venir a mi cabeza y me enfoqué totalmente en el futbol. Me dije, voy a poner toda la voluntad y disposición para ser un gran jugador de futbol y gracias a Dios lo logré.
¿Siente mucho orgullo de su carrera?
Sí, siento mucho orgullo por lo que hice, por lo que hago. Siempre me entregué con todo lo que podía a mis equipos. Fui campeón en Río de Janeiro, en Sao Paulo, en EE.UU. y con la selección brasileña. Entonces creo que lo logré todo.
¿Cómo llegó a ser Capitán de la Selección de Brasil?
Yo era capitán del equipo Santos, que en aquella época (finales de los años sesenta) era el mejor equipo de Brasil y apenas con 23 años gané el brazalete de capitán, con todos aquellos grandes jugadores y por eso traje desde el Santos la responsabilidad de capitán para la Selección del Mundial de 1970.
¿Qué tipo de capitán era usted?
Pienso que para ser capitán de un equipo tienes que tener liderazgo. Eso no se impone, se trae de forma natural. Tener liderazgo es llegar a hacer las cosas, tomar decisiones en el momento correcto. Tener la habilidad de comunicarte con los jugadores y técnicos.
¿Lo respetaban mucho sus compañeros?
Bueno, yo me hacía respetar por ellos. Yo soy alto, y cuando jugaba era más fuerte, por eso me respetaban mucho (dice mientras sonríe). Así que no había problemas.
Haber sido capitán en la época de Pelé y tantas otras figuras, ¿qué significó eso?
Ha pasado tanto tiempo y mucha gente que incluso no me vio jugar se refiere a mí como el capitán, como el capi, y eso me llena de orgullo. Es algo importante para mí y se debe al papel que jugué en medio de tantas estrellas como las que habían entonces.
¿Cuándo usted se sintió realizado como jugador?
Cuando terminé de jugar, porque siempre busqué ser el mejor y lo logré. Tuve suerte, pero la suerte ayuda a quien la merece. Jugué solamente en grandes equipos. En Brasil, cuando empecé, en Fluminense. Después pasé 11 años con el Santos de Pelé, que era el mejor team del mundo. Luego regresé a Fluminense que tenía un equipo en 1976 que llamaban La Máquina. Luego pasé al Cosmos de Nueva York que tenía a algunos de los mejores jugadores del mundo. La Selección brasileña, entonces, tuve las oportunidades y supe aprovecharlas.
¿A qué se dedica ahora?
Después que paré de jugar, hice carrera como entrenador y logré algunos campeonatos en Brasil y en el propio Río de Janeiro. Ahora mismo no estoy dirigiendo, pero de vez en cuando los equipos se acuerdan que yo existo y me llaman.
¿Qué significó para usted ser del equipo soñado del siglo pasado?
Fue algo que me llenó de mucho orgullo. Ahí tengo el trofeo que se me entregó en Francia en 1998 por ser el mejor en mi posición de defensor. Ser escogido como el mejor cuando hay tantos millones de jugadores, es algo que te emociona mucho. Yo la verdad, agradezco tanto al futbol que estoy aquí para ayudar en lo que sea posible.
“El futbol sigue siendo el mismo”
Carlos Alberto es un férreo defensor del futbol de su época. Cuando se le pregunta por fenómenos del juego habla de Pelé y Maradona. Si se le agregan otros nombres, dice que “son buenos, pero estamos hablando de fenómenos y ellos no lo son”.
“La gente siempre quiere comparar. Yo creo que Pelé fue bueno en su época, lo mismo que Maradona en su momento, pero no hay más de ese nivel. Nosotros en Brasil tenemos buenos jugadores, mas no fenómenos”, asegura el ex zaguero.
¿Qué tanto ha cambiado el futbol?
Creo que la diferencia más grande ha sido la evolución de la preparación física que se ha conseguido ahora. Al menos desde mi visión, yo no veo otros cambios sustanciales. Es decir, los sistemas tácticos siguen siendo los mismos. No veo nada diferente. Si tú tienes la pelota tratas de jugar, si ellos la tienen, tratas de defender. Pero cuando tú tienes la pelota tienes que mostrar que sabes jugar. Ahí eso hace la diferencia entre los buenos equipos y los demás equipos.
Los críticos dicen que antes se jugaba casi caminando, ahora se vuela…
No es así. Antes había jugadores más veloces que ahora. Lo que pasa es que ahora hay espacios más cortos para recorrer. Te mencionaré un dato: el año pasado estuve cinco veces en Inglaterra y pregunté por qué miraba la cancha más pequeña y me dijeron que era debido a que trataban de dinamizar más los juegos y que el espectáculo luciera mejor en la televisión. Entonces, usan las medidas mínimas en las canchas y todo parece más dinámico. Es por eso que un portero, por ejemplo, patea la pelota y la manda a la otra portería.
Jugadores como Cafú, Roberto Carlos, ¿quedaron distantes de su nivel?
No. Todas las épocas tienen buenos jugadores y quizá algunos de ellos sean escogidos como los mejores del siglo actual. Creo que son bueno jugadores y tenemos que respetarlos.
¿Qué tanto puede mejorar el futbol de Nicaragua?
Nosotros estamos claros que el deporte principal en Nicaragua es el beisbol, pero hay espacio para todos los deportes. Yo espero que con la firma de este convenio se pueda llamar la atención a los niños y ellos vean que se puede llegar largo. El futbol es integración social, se gana dinero y se consigue confort para la familia. Espero que se motiven.
¿Ha sido usted feliz?
Muy feliz. Hice lo que quería hacer que era jugar, y lo hice bien, ganando campeonatos. Hasta hoy soy una persona respetable en todo el mundo, tengo una familia con dos hijos, muy unida, y la gran riqueza que el futbol me dio es la gran cantidad de amigos que tengo.