El ejemplo de Venezuela

La situación actual de la economía de Venezuela es un reflejo de la política de su Presidente y es un buen ejemplo de lo que un gobierno serio, eficiente y responsable no debe hacer. A pesar de los miles de millones de dólares que recibe ese país por concepto de la venta de petróleo, la economía no crece como debiera, la inflación es galopante, la moneda se devalúa y la pobreza no disminuye.

Efectivamente, de acuerdo a la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) la inflación de la economía venezolana alcanzó un 15.8 por ciento el año pasado (la más alta de América Latina) y según otras estimaciones, este año podría acercarse al 20 por ciento. En términos prácticos esto significa un aumento acelerado de los productos de consumo diario así como el encarecimiento de la producción interna, lo cual, por un lado, hace que los productores nacionales no puedan competir con los productos importados y por otro, causa que la economía dependa excesivamente de las importaciones. El año pasado, las importaciones de Venezuela aumentaron un 34.2 por ciento y las exportaciones no petroleras disminuyeron en un 10.7 por ciento. Como bien dice el analista económico, José Guerra, “Venezuela mantiene un déficit insostenible de las cuentas externas no petroleras que amenaza con tragarse el superávit que genera el petróleo”.

La inflación se debe, también, a los gastos desproporcionados del Gobierno chavista el cual, de manera irresponsable, se ha dedicado a comprar popularidad dentro y fuera del país regalando dinero a manos llenas. Chávez se está convirtiendo en el tío rico McPato de América Latina, pero está llevando a la quiebra a su propia nación. Los gastos de su gobierno el año pasado aumentaron en un 48 por ciento y sobrepasan la recaudación fiscal, lo cual produce un déficit que de seguir creciendo, muy pronto será insostenible.

Otro hecho económico negativo es la devaluación de la moneda. Solamente en lo que va de este año, el bolívar ha perdido un quinto de su valor (Simon Romero, The Times). De acuerdo a un artículo aparecido en el New York Times la semana pasada, Chávez cree que la solución al problema es aumentar el valor de la moneda. Así que el Gobierno, por medio del Banco Central de Venezuela (BCV), anunció que para febrero del 2008 sacará el “bolívar fuerte” con un valor aproximado de 25 centavos de dólar americano. El BCV dice en un comunicado que esta medida debe verse “en el marco de la política de estabilización de precios… con el compromiso para recuperar el poder adquisitivo de la moneda y reafirmar el objetivo de estabilidad de la economía”. Sin embargo, para que la economía y la moneda se estabilicen tendrían que darse varios eventos económicos, entre ellos, un sustancial crecimiento de la producción interna, la reducción excesiva de liquidez y la reducción radical del mercado paralelo de divisas. Pero en vez de crecer, la economía venezolana ha venido dando tumbos desde el 2004, año en que experimentó un envidiable 17.9 por ciento de crecimiento hasta caer a un 10.3 por ciento el año pasado. En gran medida, esto es resultado de tres factores: la enorme inestabilidad política que hay en Venezuela, la política de nacionalización del presidente Chávez y el continuo hostigamiento del dictador venezolano hacia la empresa privada y a los medios de comunicación independientes.

Por otro lado, la reducción sustancial del mercado de divisas es poco probable si el Gobierno venezolano insiste en mantener artificialmente el valor del bolívar, pues la diferencia entre el precio oficial y el paralelo es enorme (40 por ciento). Mientras el Gobierno da 2,150 bolívares por un dólar, el mercado paralelo ofrece 3,010. Sin una economía saludable, sin estabilidad política ni confianza en el Gobierno, la situación venezolana no va a mejorar.

La salud económica de una nación se parece a la de una familia: no depende simplemente del monto de los ingresos. Una persona puede ganar mucho dinero y mantener a su familia en la pobreza y el caos. Hay que ser ordenados, ahorrativos, responsables, estables, confiables, es decir, exactamente lo contrario de lo que refleja el gobierno de Hugo Chávez. El gobernante nicaragüense debería verse en este espejo.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí