Un código de ética para contrarrestar el acoso laboral

El día en que un amigo me contó la odisea por la que atravesaba en su centro de trabajo al punto de querer renunciar ignorando las consecuencias que esta decisión acarrearía en su familia, nunca me imaginé estar frente a uno de esos tantos casos que los especialistas en psicología laboral denominan “mobbing” o en […]

El día en que un amigo me contó la odisea por la que atravesaba en su centro de trabajo al punto de querer renunciar ignorando las consecuencias que esta decisión acarrearía en su familia, nunca me imaginé estar frente a uno de esos tantos casos que los especialistas en psicología laboral denominan “mobbing” o en cristiano, acoso laboral.

Lo más preocupante es que ni mi propio amigo estaba consciente del problema que lo atormentaba, quizás porque al hablar de acoso lo identificamos inmediatamente con el sexual.

El desconocimiento de este fenómeno, que algunos han denominado la epidemia laboral del siglo XXI, obliga a muchos trabajadores a la marginación total, es decir, la exclusión del acosado del mundo laboral, ya sea por despidos, jubilaciones anticipadas, invalidez, pérdida de la razón y, a veces, incluso, perdida de la vida (suicidio, accidentes laborales mortales).

La oficina técnica para la prevención de riesgos laborales de España (Otprle) define al “mobbing” como una situación en la que una persona o un grupo de personas ejercen una violencia psicológica extrema, de forma sistemática (al menos, una vez por semana), durante un tiempo prolongado (más de 6 meses), sobre otra persona en el lugar de trabajo.

En castellano, podríamos traducirlo como “acoso moral” u “hostigamiento psicológico en el trabajo”.

Aunque no es una regla general, en el caso del “mobbing” hay que destacar que el agresor se sitúa por encima de la víctima en cuanto a su categoría profesional. Obligar a desarrollar nuestras tareas laborales sin facilitarnos las mínimas condiciones y en el peor de los casos, querer manosear nuestra integridad descalificando nuestros criterios sin justificación alguna, es sencillamente acoso moral.

Sería un error que un jefe de área ignore el trabajo irresponsable de algunos de sus subordinados, por creer que su actuar es propio del perfil habitual de un acosador laboral. Sin embargo, el criticar constantemente la labor que realizan los compañeros de trabajo sin razón de ser, las amenazas verbales o por escrito para demostrar poder supremo y los prejuicios injustificados son algunos de los motivos que explican la aparición del llamado “mobbing”.

Una respuesta al problema del “mobbing” en las organizaciones (y aunque seguramente no lo sea todo), es la creación de un Código de Ética, que contribuya al establecimiento y cumplimiento de reglas de comportamiento para promover y fortalecer valores institucionales.

El Código de Ética no debe ser visto como un listado de prohibiciones o reglas que traten de inhibir la creatividad o la iniciativa personal, al contrario, incentiva prácticas constantes de actitudes positivas para la superación individual y colectiva y sobre todo, el mejoramiento de nuestras relaciones interpersonales.

Ante la falta de un Código de Ética en las empresas, probablemente afloren los celos profesionales, la envidia y en el peor de los casos, “pasar la cuenta” a quienes producto de su esfuerzo crecen profesionalmente y son promotores del fortalecimiento de la identidad organizacional. Todo lo anterior es el resultado típico del hostigamiento psicológico en el trabajo.

La Otprle define al “acosado laboral” como una persona con elevado sentido de la ética y la justicia, muy capacitado para su trabajo, fuerte sentimiento de compañerismo, iniciativa y trabajo en equipo, además aprecio entre los compañeros de trabajo. Este mismo perfil es el que promueve el Código de Ética a lo interno de las organizaciones.

La Universidad de Ciencias Comerciales (UCC) se suma a este esfuerzo de contar con un Código de Ética, en el que personal directivo, docente, administrativo, de servicio, estudiantes y graduados promovamos valores y principios fundamentales, entre ellos, la verdad, perfectibilidad humana, autonomía, tolerancia, creatividad, valor a la vida, honestidad, compromiso, nacionalidad, solidaridad e igualdad de genero.

Mientras algunas gerencias de organizaciones actúan como encubridores de los acosadores laborales, otras como UCC, se preocupan en la promoción de reflexiones colectivas entre sus miembros, con el fin de aportar a la consecución del bien más preciado para el ser humano como es la felicidad. En la medida en que nosotros, nuestros hijos y familiares, nuestros vecinos y amigos, nuestra comunidad y todos juntos practiquemos comportamientos éticos y morales, en esa medida construiremos la vida y el país que todas y todos queremos.

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