Tal como se esperaba, la visita que el Presidente de Estados Unidos de Norteamérica, George W. Bush hace en estos días a cinco países latinoamericanos (Brasil, Uruguay, Colombia, Guatemala y México), ha sido repudiada por manifestaciones callejeras de militantes y seguidores de los partidos y movimientos izquierdistas.
Sin duda que el presidente Bush no es popular en Latinoamérica. Según Iberobarómetro —encuestadora que mide la opinión pública a nivel continental— apenas el 24 por ciento de los latinoamericanos simpatiza actualmente con el presidente Bush, mientras, por otro lado, los partidos y movimientos antiestadounidenses son muy beligerantes y jamás dejan pasar ninguna oportunidad para manifestarse contra Estados Unidos y sus gobernantes.
Se dice que el sentimiento de antipatía hacia el presidente Bush es consecuencia, primero, de la guerra que está librando Estados Unidos en Irak y Afganistán; segundo, de las malas políticas aplicadas por el gobierno estadounidense en Latinoamérica; y, tercero, del “abandono” en que Bush ha dejado a América Latina. Pero la verdad es que los sentimientos contra Estados Unidos existen en América Latina desde que se formó esa gran potencia del norte y se constituyeron los países latinoamericanos. De la misma manera que desde entonces muchos latinoamericanos han envidiado el sistema de vida estadounidense y han emigrado y siguen emigrando a Estados Unidos, inclusive militantes izquierdistas y antiyanquistas.
Cabe recordar que fueron precisamente dos periodistas de Estados Unidos, Wiliam Lederer y Eugene Burdick, quienes escribieron y publicaron un libro titulado El Americano Feo, en 1958, en el que se estereotipó la imagen estadounidense en el exterior. Dicho libro se convirtió en un clásico de la literatura política y fue llevado al cine con la interpretación del célebre actor Marlon Brando.
En El Americano Feo —pero mucho más en el libro que en la película— se describe al estadounidense como una persona arrogante, ansiosa de protagonismo y poder, con pretensiones mesiánicas, con un sentimiento de hermano mayor con aires de superioridad hacia los hermanos menores que comparten o adoptan sus valores, con un afán de hegemonía, de penetración y conquista de otros países aún en los más lejanos lugares, como el Sudeste Asiático, donde se ambientó la película.
Recientemente, otros dos escritores de Estados Unidos, Peter Katzenstein y Robert Keohane, en un libro titulado Los Antinorteamericanismos en la Política Mundial, han precisado cuatro tipos de sentimientos y actitudes que hay en el mundo contra los norteamericanos: 1. El antinorteamericanismo “liberal” de quienes, como los europeos, acusan a Estados Unidos de hipocresía porque no practica los valores que predica; 2. El antinorteamericanismo “social”, de quienes practican y predican el asistencialismo y atacan la política económica estadounidense de libertad de negocios, globalización, tratados de libre comercio y neoliberalismo. 3. El antinorteamericanismo nacionalista o “soberanista”, que acusa a Estados Unidos de imponer su predominio cultural y geopolítico y de destruir la identidad nacional de los países pequeños y débiles. Y, 4, el antinorteamericanismo extremista, que lucha activamente contra Estados Unidos y pretende su transformación “revolucionaria”, desde adentro o desde afuera.
Habría que agregar, en el caso de Nicaragua, el antinorteamericanismo de quienes fueron “amigos” de Estados Unidos —o más bien se aprovecharon de su apoyo económico— pero después se voltearon contra ese país cuando sus gobernantes los repudiaron por las actitudes caudillistas, autoritarias y corruptas que practicaron cuando subieron al poder y al compartirlo.
Pero el presidente George Bush no va a mejorar su imagen personal ni la de su país en América Latina, ni podrá contrarrestar la influencia del antinorteamericanismo extremista que representa y encabeza Hugo Chávez, compitiendo con éste en dádivas y asistencialismo. La asignación de 75 millones de dólares que prometió el presidente Bush para que más latinoamericanos aprendan inglés, y 385 millones de dólares para construir viviendas, son prácticamente nada comparados con los 2,500 millones de dólares en préstamos de Hugo Chávez a Argentina; 1,500 millones de dólares para Bolivia; 500 millones de dólares a Ecuador; 1,500 millones de dólares para Cuba y 430 millones de dólares prometidos en convenios con Nicaragua.
Lo que debería hacer Estados Unidos es promover un verdadero respaldo a la economía capitalista y al desarrollo del libre comercio en América Latina —enseñar a pescar en vez de regalar pescado—, para lo cual debe suprimir los subsidios agrícolas internos y los aranceles ventajistas a todos los productos latinoamericanos, para que estos puedan ser realmente competitivos en el mercado norteamericano.