(LA PRENSA /Archivo)

“No estoy tentando a la suerte”

Es la primera mujer y la primera indígena en aspirar a la Presidencia de Guatemala. Optar a esa candidatura presidencial lo considera “un deber, una obligación, la misma que tienen todos los guatemaltecos de rescatar a este país convertido en un Estado delincuencial” [doap_box title=»Reseña biográfica» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Rigoberta Menchú Tum es activista de los […]

  • Es la primera mujer y la primera indígena en aspirar a la Presidencia de Guatemala. Optar a esa candidatura presidencial lo considera “un deber, una obligación, la misma que tienen todos los guatemaltecos de rescatar a este país convertido en un Estado delincuencial”
[doap_box title=»Reseña biográfica» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

Rigoberta Menchú Tum es activista de los derechos humanos de Guatemala. Nació en Chimel, Uspatán, 1959 en una numerosa familia campesina de la etnia indígena maya-quiché.

Su vida ha estado marcada por el sufrimiento de la pobreza, la discriminación racial y la violenta represión con la que las clases dominantes guatemaltecas trataban de contener las aspiraciones de justicia social del campesinado.

Hija de Vicente Menchú Pérez, un activista en la defensa de las tierras y los derechos indígenas y Juana Tum Kótoja, experta en atender partos.

Varios miembros de su familia, incluida su madre, fueron torturados y asesinados por los militares o por la policía paralela de los “escuadrones de la muerte”; su padre murió con un grupo de campesinos que se encerraron en la Embajada de España en un acto de protesta, cuando la policía incendió el local quemando vivos a los que estaban dentro (1980).

Mientras sus hermanos optaban por unirse a la guerrilla, ella inició una campaña pacífica de denuncia del régimen guatemalteco y de la sistemática violación de los derechos humanos de que eran objeto los campesinos indígenas.

Nobel de la Paz en 1992.

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Rigoberta Menchú, líder indígena, Premio Nobel de la Paz

SAN JOSE/AFP

Álvaro Colom, de la Unidad Nacional de la Esperanza, se mantiene con más intención de voto. En una encuesta divulgada en El Periódico, realizada en febrero entre 1,008 guatemaltecos, Colom obtuvo 32.1 por ciento de intención de voto. Según Borge y Asociados, Otto Pérez del Partido Patriota (PP), está en segundo lugar con 13.1. Mientras que Alejandro Giammattei, de la Gran Alianza Nacional (Gana), se ubica en tercero con 5.4. Rigoberta Menchú está en cuarto lugar con 4.4 por ciento. EFE

Con la voz melodiosa y el paso firme, Rigoberta Menchú, una maya-quiché que en 1992 conquistó el Premio Nobel de la Paz por su lucha por los derechos de los indígenas, se prepara para romper un nuevo molde y convertirse en la primera Presidenta de Guatemala.

Menchú, “conocida en su casa y en su pueblo como ‘Limin’”, es la primera mujer y la primera indígena en aspirar a la Presidencia de Guatemala, en la que la mayoría de sus 13 millones de habitantes, indígenas como ella, no ven el final de siglos de marginación.

Nacida bajo el signo de capricornio, esta mujer bajita y regordeta, de 48 años recién cumplidos, siempre enfundada en las coloridas telas de su ancestral cultura de la tierra del maíz, aceptó, después de muchas dudas, la candidatura para postular a las elecciones de Guatemala en septiembre por la agrupación de centro-izquierda Encuentro por Guatemala (EG), formada por la ex dirigente humanitaria y actual diputada, Nineth Montenegro.

“No estoy tentando a la suerte. Mi suerte está echada en la medida que soy sobreviviente del genocidio” que vivió Guatemala durante los 30 años de cruenta guerra civil, en la que perdió a sus padres y a varios hermanos, declaró a la AFP en una conversación telefónica.

Más bien lo considera “un deber, una obligación”, la misma que tienen todos los guatemaltecos de “rescatar a este país”, convertido en un “Estado delincuencial” tras el conflicto interno que “causó daños a las instituciones del Estado y a la sociedad”.

“No se puede consentir que las instituciones estén al servicio de las mafias corporativas”, denunció.

UN PAÍS DE INCLUSIONES

Pero no es el único problema. Menchú, quien permaneció varios años en el exilio en México, vive en un país donde la marginación y la exclusión son la regla.

Y no sólo los indígenas. “Las mujeres estamos siendo reducidas a ser un sector; la sectorialización de las mujeres ha hecho un daño terrible” ya que les ha privado “de espacio físico” en una sociedad profundamente machista.

“No veo mi participación política en un campo que sea indígena o no. Es claro que hay una cultura de exclusión, pero vamos a hacer un país de inclusión”, aseguró.

El Winaq, el movimiento que ha fundado y que se ha aliado con EG en este nuevo desafío, pretende convertirse en una “alternativa y un espacio para todos los guatemaltecos, donde impere la equidad”, frente al Estado “monocultural y reduccionista que ha puesto las instituciones al servicio de un pequeño monopolio”.

Esta gran conversadora y madre de familia —tiene un hijo de 12 años, Mash, y otro fallecido, Tzunun, que ahora tendría 8— es consciente de que el “efecto dominó” que vive el continente con la profusión de mujeres en las altas esferas del poder o aspirando a ocuparlas, le favorece.

“El mensaje que quiero dar es que nuestra cultura es poder, que nuestra diversidad es poder, que nuestra experiencia es poder”.

“La mujer con conciencia, con una práctica de vida de valores es la que va a hacer cambios”, asegura antes de remachar su pensamiento con la filosofía de su ancestral cultura: “Aquí el reto es que nuestra postura espiritual y la material se pongan en equilibrio”.

LA FÓRMULA

¿Satisfecha con lo que ha conseguido hasta ahora? “Estoy muy contenta con lo que tengo. Mis abuelos me enseñaron que lo que cabe en una mano es de uno y eso es lo que te hace sentirte feliz”, explica.

La fórmula para un buen gobierno, a su juicio, consiste en rodearse de un buen equipo, que hará “la historia profunda de los cambios”. Y su sueño, la “emancipación de los pueblos indígenas, aunque no creo que lo vaya a lograr en cuatro años”.

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