De los mesías modernos y los paraísos terrenales

Según Alexander Tyler (escritor escocés de fines del siglo 18 y comienzos del 19), la duración promedio de las grandes civilizaciones ha sido de unos doscientos años y han recorrido las siguientes etapas: “De la servidumbre a la fe espiritual. De la fe espiritual al gran coraje. Del gran coraje a la libertad. De la libertad a la abundancia. De la abundancia al egoísmo. Del egoísmo a la complacencia. De la complacencia a la apatía. De la apatía a la dependencia. De la dependencia de nuevo a la servidumbre”.

Desde luego que las naciones no son independientes de los ciudadanos que las componen sino más bien el reflejo de ellos. De tal forma que son los ciudadanos que colectivamente conforman las naciones los que en realidad pasan por estas etapas. Pero independientemente de la exactitud de la afirmación de Tyler, lo cierto es que las deficiencias humanas crean este tipo de círculo vicioso en el desarrollo de los pueblos. Por otro lado, esto no debe entenderse como un fatalismo del cual no hay escapatoria. Los seres humanos tienen la capacidad de cambiar el rumbo de la historia por medio de decisiones inteligentes.

Así, en el caso de la realidad sociopolítica de Nicaragua, asumiendo que no hay persona, ni movimiento, ni partido político infalible, lo mejor y en realidad lo único que queda a los ciudadanos para superar los tropiezos cometidos una y otra vez en la historia política reciente, es fortalecer las instituciones democráticas, el Estado de Derecho, la fiscalización de la gestión gubernamental, la despartidización de los poderes del Estado. Y es necesario también renunciar de una vez por todas a las soluciones fáciles y simples que prometen los falsos mesías modernos; renunciar a los que se creen imprescindibles y a los paraísos terrenales que prometen, concentrarnos en la particular realidad y hacer lo necesario para cambiar el rumbo de las cosas.

No es cuestión de ser “verdugos de ideales”, como decía nuestro gran Rubén Darío, sino que sobre la base de la experiencia esta es la única manera de superar el actual estado de descomposición política y social en que vive Nicaragua, este “destino manifiesto” creado convenientemente por una clase política tradicionalmente corrupta y corruptora. Y asumiendo como verdad el refrán de que “en arca abierta el justo peca”, algo muy importante que puede hacer el actual Gobierno es sencillamente cerrar el arca y ponerle guardianes —esto es, controles estrictos— que velen por el uso correcto de su contenido. El arca, para los políticos en general está representada por el tesoro público, la piedra de tropiezo de todos los regímenes que han gobernado nuestra Patria desde su fundación hasta la fecha. ¡Cuánta razón tenía el escritor bíblico al decir que: “Raíz de todos los males es el amor al dinero!” Precisamente, sólo si se deja de ver la gestión estatal como un botín pueden los gobernantes hacer su trabajo concentrados en solventar eficientemente las necesidades de los gobernados y llevar al país hacia un desarrollo óptimo. Sólo fortaleciendo la fiscalización y los controles de la gestión gubernamental se podrá evitar que los verdaderos líderes no se traicionen a sí mismos una vez que se sientan en la silla presidencial y se conviertan en verdugos de su propio pueblo.

Por esto es que personalidades como la de Hugo Chávez, el “héroe y salvador” de los venezolanos, son destructivas para el desarrollo de los pueblos. “Desgraciado el país que necesita héroes”, decía el escritor Bertolt Brecht. Desgraciados en verdad porque, por un lado, significa que los pueblos no han asumido el papel protagonista que les corresponde; y, por otro lado, que los esfuerzos hechos en el pasado han sido infructuosos.

En Nicaragua no se necesitan salvadores ni héroes sino un gobierno que deje de jugar a la improvisación y a las adivinanzas; que renuncie a la resucitación de la sicodelicología y de la exaltación del súper hombre nietzscheano, y que piense en un proyecto de nación que permita no a un individuo ni a un partido sino a todas las fuerzas sociales, sacar adelante al país con responsabilidad y realismo.

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