- Muchos gustan de la cinematografía y algunos hasta sueñan con ser los mejores cineastas del país. Pero como dicen, “del dicho al hecho hay mucho trecho”. ¿Será que en el futuro veremos rostros nuevos en la producción de cine nacional?
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Mariana Rivas desde niña se maravilló con la fotografía, por horas observaba ese pedazo de papel que congelaba los momentos y cuando conoció el cine se dijo a sí misma que de grande estudiaría este arte. Sin embargo, el tiempo pasó y cuando se graduó en secundaria no tuvo la oportunidad de formarse en lo que tanto le apasionaba.
En la actualidad estudia Comunicación Social en la Universidad Centroamericana (UCA) y según ella sólo necesita de su título para adquirir una beca e irse del país a prepararse en cinematografía.
Como Mariana, en Nicaragua hay muchos jóvenes que se maravillan por el séptimo arte y tienen un enorme deseo por desarrollarse en este ámbito, pero en el país no existen centros de enseñanza que preparen a nuevos cineastas nacionales.
En la década del ochenta e inicios de los años noventa, existió un Instituto de Cine (Incine) que formó profesionales de la pantalla grande. Ellos recibían capacitaciones de maestros extranjeros e incluso varias personas tuvieron la oportunidad de especializarse fuera del país.
Según Frank Pineda, cineasta nicaragüense quien filmó el 70 por ciento de las producciones de Incine (mil horas de material), si esta institución aún existiera habría muchos jóvenes que no pensarían dos veces en estudiar la carrera.
“El problema está en que un país sin industria no tiene posibilidades, entonces tenés que estudiar en países donde hay industria y tradición cinematográfica”, explicó Pineda.
Sin embargo esa opción también tiene sus dificultades. Marcio Vargas, director de la Cinemateca, es un joven de 29 años que estudió cine en el Instituto Superior de Arte (ISA) y realizó un curso en la Escuela San Antonio de los Baños, ambas instituciones establecidas en Cuba. Él cuenta que por año tuvo que invertir unos cuatro mil dólares en la carrera y aparte garantizarse alojamiento, alimentación y otros gastos.
Los pocos cineastas nacionales que quedan en el país se dedican a la producción de documentales y spots publicitarios.
CONSTRUYENDO MEMORIA
A pesar de que la preparación en cinematografía no es realizable con facilidad en Nicaragua, este arte trae beneficios a las naciones.
Para Pineda, el cine da una identidad a los países, a la vez que fomenta la cultura y educa a los espectadores. “Un pueblo se muestra a través de la expresión cinematográfica”, opina.
Martha Clarissa Hernández, cineasta y realizadora de Blanco Organdí, última película nicaragüense hecha en formato 35mm hace más de cinco años, enfatiza que “un país sin cine es un país sin memoria”.
Y según Humberto Arcia, quien fue subdirector del Incine, a través de la cinematografía se exporta la cultura de un país con más facilidad.
“Los norteamericanos invierten una gran cantidad de dinero en el cine porque saben que a través de este medio se dan a conocer al mundo”, expresó Arcia.
Asimismo, Belkis Ramírez, cineasta y profesora de televisión en la UCA, manifiesta que sin cine no se registra la historia ni la cultura de una nación.
A PASO LENTO
En Nicaragua la primera película se realizó en 1972, Milagro en el Bosque, la cual cuenta la historia de Santo Domingo de Guzmán. En ella se presentan imágenes de la vieja Managua, pues su producción se hizo cuatro meses antes del terremoto de ese año. Esta película es sólo una representación de todo lo que el séptimo arte significa para un país.
El único proyecto grande que existe actualmente es la producción del largometraje La Yuma, la historia de una muchacha decidida y rebelde de los barrios pobres de Managua que sueña con ser boxeadora. Esta producción está a cargo de la fundación cinematográfica Camila Films y el rodaje empezará a finales de agosto.
LA OTRA ALTERNATIVA
Aunque son contados con los dedos de una mano los jóvenes nicaragüenses que hoy en día se están especializando en cine, quienes no han tenido la oportunidad crean sus propios medios.
En los últimos años han surgido movimientos audiovisuales de jóvenes que no han hecho cine, pero que utilizan el lenguaje cinematográfico en sus vídeos.
Al final de todo, lo que cuenta es la creatividad y las ganas de contar buenas historias a través de imágenes.