¿Un nuevo cortejo entre Estados Unidos y México?

Durante su primera visita a Washington después de haber sido elegido presidente de México, Felipe Calderón no sonó muy distinto a otros presidentes mexicanos que intentan causar revuelo en esta capital. Repitió con frecuencia su deseo de hacer de México “uno de los mejores lugares para invertir en el mundo” y agregó que la prosperidad […]

Durante su primera visita a Washington después de haber sido elegido presidente de México, Felipe Calderón no sonó muy distinto a otros presidentes mexicanos que intentan causar revuelo en esta capital.

Repitió con frecuencia su deseo de hacer de México “uno de los mejores lugares para invertir en el mundo” y agregó que la prosperidad mexicana ayudaría a reducir el número de inmigrantes que ingresan ilegalmente a Estados Unidos. En vez de tener “gente que cruza la frontera en busca de capital . . . Necesitamos capital que cruce la frontera en busca de personas.”

Si algunos de quienes lo escuchamos hablar con reporteros y editores del Washington Post parecíamos escépticos, no era para menos. No sólo habíamos escuchado pronunciamientos similares antes sino que, además, Calderón había ganado la elección por un angosto margen y su legitimidad era tan dudosa que su principal rival amenazaba con crear un gobierno paralelo y fuerzas en el Congreso planeaban impedir su posesión.

Pero Calderón ha actuado con rapidez y determinación desde su caótica inauguración en diciembre. Ha desplegado miles de tropas a media docena de Estados mexicanos que enfrentan la amenaza de una creciente y aterradora ola de violencia generada por el narcotráfico. También ha despejado el camino para la extradición de 15 narcotraficantes a los Estados Unidos incluidos algunos peces gordos como Osiel Cárdenas Guillén, líder del poderoso Cartel del Golfo.

Calderón reconoce que México debe mejorar su seguridad para atraer más inversión. Y al hacerlo ha logrado conciliar también las aspiraciones económicas de México con los intereses de seguridad de Estados Unidos.

Washington no podría estar más satisfecho. “El presidente Calderón ha empezado su mandato sin titubeos,” dijo el Secretario estadounidense de Comercio Carlos Gutiérrez durante su visita a México la semana pasada. Y como si estuviera recibiendo instrucciones directamente de Calderón, agregó, “aplaudimos su compromiso con hacer de México una de las principales economías del mundo.”

Gutiérrez es el último miembro del gabinete del Presidente Bush en visitar México en una procesión que empezó este año con el Procurador General Alberto Gonzales y continuará la próxima semana con el Secretario de Seguridad Nacional Michael Chertoff y culminará con Bush en marzo.

Si dicho desfile no fuera suficiente evidencia de la positiva respuesta de esta capital, el Secretario Asistente de Estado Thomas Shannon recientemente lo dejó absolutamente claro: “Si (Calderón) está preparado para actuar con tanto valor, nosotros necesitamos estar preparados para actuar con la misma valentía y buscar formas para profundizar nuestra cooperación.”

Parte de esta cooperación probablemente significará un aumento en la información compartida y más coordinación policial contra el crimen organizado. Aunque no es nueva — por casi dos años bajo la llamada Alianza para la Seguridad y la Prosperidad en América del Norte, Canadá, México y Estados Unidos se han comprometido a prevenir y responder conjuntamente a las amenazas contra la seguridad dentro de Norteamérica— una cooperación renovada podría sin duda mejorar los actuales esfuerzos que se han quedado cortos. En los últimos dos años, las muertes relacionadas con el narcotráfico en México casi se han duplicado.

Como si estuvieran sorprendidos por su buena fortuna al encontrar un aliado que ha actuado con determinación, los funcionarios estadounidenses se han apresurado a asistir a Calderón.

En una entrevista este martes, Gutiérrez insistió en que la seguridad no fue un tema durante sus visitas con funcionarios mexicanos la semana pasada. Pero otro funcionario del gobierno estadounidense, que pidió no ser identificado por no estar autorizado a hablar públicamente sobre el tema, reconoció que determinar la forma como Washington puede ayudar al líder mexicano a dar seguridad a su territorio “está cada vez más en la mente de todos en Washington.”

Se habla incluso de un aumento substancial de la ayuda monetaria estadounidense, una herejía para algunos en este país pero una creciente posibilidad teniendo en cuenta el ambiente actual. El Representante Henry Cuellar, D-Texas, ha presentado un proyecto de ley en el Congreso estadounidense para proveer a México 850 millones de dólares en ayuda durante los próximos cinco años, incluyendo fondos para helicópteros y entrenamiento policial.

Existen obstáculos para tal nivel de cooperación. Muchos acá creen que México, como un país de ingresos medios, tiene suficientes recursos para ayudarse a sí mismo o es demasiado corrupto para utilizar los fondos apropiadamente.

Los mexicanos también han tradicionalmente sospechado de las intenciones estadounidenses en su territorio y como lo dice Cuellar “no podemos borrar esa historia.” Pero si una mayor asistencia se hace realidad, se orientará probablemente hacia las regiones pobres del sur, según un funcionario estadounidense.

Los primeros dos meses de la administración de Calderón y el apoyo entusiasta de Washington contrastan directamente con el malestar que caracterizó a las relaciones méxico-estadounidenses durante los cinco últimos años de la presidencia de Vicente Fox.

Había mucho optimismo y esperanza cuando Bush y Fox se deleitaban con sus afinidades en el 2001, pero su relación terminó siendo poco más que una luna de miel. Tal vez con Calderón, Estados Unidos y México puedan tener un verdadero matrimonio.

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