- Sergio Caramagna, jefe de la misión de la OEA en Colombia, valora que en Nicaragua sus habitantes priorizaron la convivencia, mientras en el país sudamericano el narcotráfico es el combustible fundamental del conflicto colombiano y eso es una variante que en Centroamérica no tuvo importante relevancia
Corresponsal/Bogotá, Colombia
En los tres últimos años, Sergio Caramagna, jefe de la Misión de Apoyo al Proceso de Paz en Colombia de la OEA (Organización de Estados Americanos), ha estado viajando al interior de Colombia, recorriendo comunidades, hablando con campesinos colombianos que han padecido la guerra y las atrocidades de los paramilitares y la guerrilla de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia).
Caramagna ha hecho lo mismo que hizo en Nicaragua durante 15 años, cuando fue director de la OEA en el país y dirigió el proceso de pacificación en los años noventa.
A la distancia, en tiempo y espacio, Caramagna asegura que el proceso de pacificación que vivió Centroamérica y en particular Nicaragua, no es para nada comparable al proceso de pacificación que ha iniciado el gobierno colombiano, enfrascado en una guerra desde hace más de 50 años.
Caramagna dice que no es comparable porque en Nicaragua había urgencia de la comunidad internacional, después del fin de la guerra fría, de acabar con la guerra fratricida del país.
Esa prioridad hizo que se dejaran de un lado aspectos como el de justicia y reparación a las víctimas, que es uno de los puntos cruciales y que más polvareda levanta en la agenda colombiana, donde a través de la Ley de Justicia y Paz se ha abierto un camino para juzgar por sus crímenes a 2,700 personas, dice Caramagna, quien ahora está instalado en su despacho, en el cuarto piso de un edificio al norte de Bogotá, desde donde coordina las seis subsedes de la OEA en Colombia.
—¿En Centroamérica no se podría retomar la reparación a las víctimas como en Colombia?
En muchos aspectos sí. En Guatemala, después de muchos años de haberse firmado los acuerdos de paz, se comenzó recién hablar de a poquito sobre el derecho de las víctimas.
—¿Hubo borrón y cuenta nueva?
En esa época la agenda de la reparación de las víctimas, la agenda de la verdad, la agenda de la no impunidad, no estaba presente en las exigencias para esos procesos, había urgencia internacional después de la guerra fría por detener el conflicto centroamericano, y en esa urgencia se prefirió elegir la terminación de esos conflictos tan impresionantes, la guerra civil en Nicaragua, la terminación del conflicto en El Salvador y en Guatemala. Se priorizaron en ese momento esas agendas y esas urgencias y hubo muchas cosas que quedaron postergadas, es duro tener que decirlo, es muy fuerte, pero es la verdad.
—¿El hecho que se hayan postergado qué efectos ha tenido en esas sociedades?
Es un tema que tendrán que analizar los estudiosos. Después de haber compartido muchos años al lado de los hombres y mujeres de Nicaragua, de los desmovilizados, de los repatriados, el tener que vivir con ese dolor, con esa tragedia, el no conocer el destino de familiares de hijos, de hermanos o de esposas, es una situación sumamente dura. Eso lo dirá la sabiduría de los nicaragüenses, el cómo se asimila a través de los años. (…) Es impredecible y es inconmensurable lo que produce la no reparación, la no reivindicación, ni siquiera recuperar los restos de los familiares para ponerlos en cristiana sepultura, creo que esa es una de las lecciones que uno aprende en estos procesos.
—¿Qué diferencias encuentra en el proceso centroamericano y éste?
Hay muchas diferencias. (…) Allá hubo una urgencia muy grande de terminar el conflicto interno nicaragüense, un clamor impresionante interno de los nicaragüenses de terminar esa guerra, y las consecuentes acciones que se hicieron para encauzar un proceso impresionantemente tumultuoso, difícil, para el cual ninguno estaba preparado, ni las agendas políticas, ni las agendas de los organismos internacionales estábamos preparado para eso. Pero se hizo lo que se podía hacer, creo que se hizo bastante bien, los resultados son positivos, la reconciliación que están viviendo hoy los nicaragüenses, después de una guerra civil de diez años, creo que tiene lecciones extraordinarias, pero no sería amigo de comparar los procesos.
—¿Pero hay lecciones de allá que no caben en Colombia?
Hay una lección fundamental. Primero el gobierno de Colombia está fuertemente presente en todas las etapas. Uno puede estar de acuerdo o no, pero el Estado está conduciendo la desmovilización, casi no hay ayuda internacional para la incorporación, y lo está haciendo Colombia sobre la decisión clara del Estado.En Centroamérica hubo un papel menor del Estado y un papel tal vez muy grande de los organismos internacionales. En algunos casos debo decirle, a esta distancia, que se reemplazaba al Estado en una parte del territorio, o por lo menos esa era la percepción, y si uno dice, eso no debería ocurrir, no es bueno, pero ocurrió de esa manera, y los resultados fueron positivos. Las lecciones de Nicaragua son extraordinariamente valiosas, lo que el pueblo nicaragüense ayudó a construir por la paz después de la desmovilización, yo creo que merece un capítulo en la historia de la pacificación en el mundo.
—¿Por la actitud de la gente?
Sí, por la actitud de la gente a priorizar la convivencia, pero no conviene comparar, son tiempos distintos y actores distintos, el conflicto colombiano es uno de los más antiguos del mundo y eso genera el desarrollo de una ilegalidad que se va entronizando en la conducta de la gente, en las pautas culturales, en la percepción de la realidad, en la forma de resolver los conflictos, también en Colombia, hay un elemento que retroalimenta el conflicto impresionantemente, el conflicto que es el narcotráfico, es el combustible fundamental del conflicto colombiano y eso es una variante que en Centroamérica no tuvo importante relevancia, y acá es uno de los factores más críticos y más duros.
—¿Qué pasa cuando este proceso de desmovilización se hace nada más con uno de los bandos, y no con todos los actores de la guerra?
Nosotros vemos como muy alentador, el inicio de los diálogos con el ELN (Ejército de Liberación Nacional) y por qué, porque es otro de los actores del conflicto colombiano, porque se ha iniciado ya una serie de rondas y negociaciones con el Gobierno colombiano, y tenemos un mandato para apoyar esas iniciativas con el ELN o con otros grupos. Si el gobierno colombiano lo ve conveniente nosotros estamos listos para colaborar.