“Los campeones se comienzan a construir desde el escritorio” se ha dicho en diversos momentos en el beisbol, y los Indios del Bóer acaban de demostrar toda la verdad que encierra esa expresión.
Una primera medida de mucho juicio de la directiva del Bóer fue nombrar a un gerente general, que no sólo dominara el beisbol, sino que fuera un buen administrador y además supiera interpretar las necesidades y hasta los sentimientos de técnicos y jugadores.
Todo eso fue Nemesio Porras, quien además es una figura legendaria que merece respeto, y lo tiene.
Luego fueron a buscar a Noel Areas, el exitoso pero nunca bien valorado mentor leonés, que estaba en el aire, pese al título que atrapó en la campaña 2004-05 con los felinos. Y se rayó el cuadro con los extranjeros y una buena base de jugadores nacionales.
Y una vez juntos todos, Noel se encargó de hacerles entender que había una misión, la cual podía ser alcanzada sólo si se trabajaba en equipo y se entendía que era necesario el concurso de todos para triunfar. Y logró la famosa química.
Fue así como a través de la temporada vimos a una tropa que un día recurría a Jorge Luis Avellán para alzarse con la victoria, mientras al siguiente día tronaba Marlon Abea o Jimmy González, y de vez en cuando Vincent Palmer.
Y una vez que Clyde Williams despertó, los reflectores apuntaron hacia él y éste creció aún más, mientras Miguel Gómez cargaba con la mayor responsabilidad entre los abridores.
Pero luego vino el mayor impulso, cuando se fortaleció el pitcheo con Juan Figueroa y Gustavo Martínez, mientras se le daba los toques finales al staff con las adquisiciones de Julio Raudez y Miguel Pérez.
Es decir, se reunió a un gran personal, al que Noel le delegó funciones con mucha claridad y les hizo entender que tenían que halar en la misma dirección. De otro modo, era imposible el triunfo.