Luisa Ortega fue nombrada “Chica Harley Davidson” por los animadores del evento. (FOTOS: LA PRENSA/B. PICADO)

Harleros sin fronteras

Más de cien motociclistas de Harley Davidson se “tomaron” anoche la Carretera a Masaya, echando a volar sus espíritus “harleros”. Una periodista de la sección Revista, de LA PRENSA, se subió a una Davidson y vivió en carne propia la experiencia. Aquí se las cuenta Ver Infografia > De todas las experiencias vividas en mis […]

  • Más de cien motociclistas de Harley Davidson se “tomaron” anoche la Carretera a Masaya, echando a volar sus espíritus “harleros”. Una periodista de la sección Revista, de LA PRENSA, se subió a una Davidson y vivió en carne propia la experiencia. Aquí se las cuenta
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    De todas las experiencias vividas en mis 21 años, la de viajar en una motocicleta Harley Davidson, rodeada de “harleros”, es la que hasta ahora más me ha impresionado. Aunque parezca exagerado, se siente como si el mundo se detuviera mientras se recorren las calles con el pelo al viento.

    Para vivir esta aventura, me fui al punto de partida, donde en medio de tantos hombres vestidos con atuendos de la marca Harley Davidson, me encontró uno de los harleros más conocidos en Nicaragua, Guillermo Terán, anfitrión de este evento, entre cuyos patrocinadores figuró el Diario LA PRENSA.

    “Te voy a buscar a alguien que te lleve en su moto”, me dijo, mientras le preguntaba en inglés a sus colegas quién tenía un espacio libre.

    “Ella es periodista de LA PRENSA y quiero ver si la puedes llevar en tu moto”, le preguntó a Ricardo, uno de los “harleros” del club Los Pistones, de Nicaragua. “Será un placer”, fue su respuesta.

    Don Ricardo, vestido de negro con sombrero y lentes de la marca Harley Davidson, me presentó a “Julieta”, su moto, y después de media hora me invitó a subir. Ahí comenzó la aventura.

    Todos los “harleros” encendieron su moto causando un solo rugir, como si se tratase de un león gigante. Después de la señal dada por los organizadores del evento, sólo humo quedó en el estacionamiento del Hotel Seminole, el punto de partida de un recorrido que después de incluir varias vías de la capital, concluiría en la Zona Viva, en Galerías Santo Domingo.

    Pasamos por la Zona Hippos a baja velocidad, por lo que no fue necesario sujetarme de los fuertes hombros de don Ricardo. Eso me dio la oportunidad de observar en los rostros de los curiosos apostados a orillas de la calle, esas expresiones de las que tanto hablan los “harleros”.

    Cuando nos acercábamos a la Carretera a Masaya la velocidad iba aumentando y en mis pies comencé a sentir la vibración que subió hasta mi rostro haciendo explotar el espíritu de libertad que sólo un viaje en moto ofrece, por lo que esta vez decidí poner mis manos sobre los hombros del corpulento conductor.

    A mi alrededor otros “harleros” pasaban en sus motos diciendo adiós a todos los que detenían sus vehículos y se salían para observar a la caravana de motorizados, quienes en vez de sonreír ponían caras de malos.

    Los flashes de las cámaras y las luces de las motos combinaban perfectamente con la luna llena que se dibujaba en el cielo capitalino. Se veía como un escenario perfecto para una película de Hollywood.

    Al llegar a la Zona Viva de Galerías Santo Domingo, lugar donde culminaba la gira, varios niños en bicicleta se acercaron a la entrada para observar las motos.

    “Esos son los futuros ‘harleros’”, me dijo don Ricardo.

    Con el sonar de música metalera, los enormes reflectores, flashes y luces de cámaras de vídeo, hicimos la entrada triunfal de forma organizada y observando a los expectadores que estaban con la boca abierta al vernos llegar.

    Una vez estacionados, decenas de espectadores pedían permiso para tomarse fotos con “Julieta” y con el resto de motocicletas que literalmente invadieron la Zona Viva.

    En definitiva, para comprender a los “harleros”, hay que ser uno de ellos.

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