Tierra caliente

Ayer se conoció en París el informe de la Comisión Internacional para el Cambio Climático (CICC), sobre el calentamiento global de la Tierra y sus efectos actuales y futuros. La conclusión principal de la CICC, que está integrada por científicos del más alto nivel y la preside el meteorólogo indio Rajendra Pachauri, no fue una sorpresa para nadie: el calentamiento climático de la Tierra es innegable e inequívoco. Además, según el informe los efectos del calentamiento global “continuarán por siglos”, lo cual, si se quiere, viene a ser una buena noticia en el sentido de que la vida en la Tierra no se terminará tan pronto, como lo proclaman algunos malos agoreros, o al menos si termina de repente no será por causas humanas como el calentamiento global progresivo.

Lo que llama la atención en el informe de la CICC es que no se responsabiliza directamente a nadie en particular por el calentamiento de la Tierra. Lo que señalan los científicos es que la causa es “muy probablemente inducida por el hombre”. Lo cual sin duda decepcionó a quienes esperaban que se culpase expresamente al Gobierno de Estados Unidos y personalmente al presidente George W. Bush, a quien sus detractores de dentro y fuera de su país achacan todos los males del mundo.

En realidad, tratándose de científicos verdaderos no se debía esperar de ellos un sesgo político en cuanto a la determinación de las causas del calentamiento global y sobre las medidas a tomar para contenerlo y enfrentar sus consecuencias. La política en el ámbito medioambiental corre a cargo de personas como el ex Vicepresidente demócrata de Estados Unidos, Al Gore, quien en su película documental que se está vendiendo y viendo ampliamente en muchos lugares del mundo, La Verdad Incómoda, manipula de manera evidente un dramático problema que amenaza a toda la humanidad y que exige unir a la gente en la búsqueda de soluciones, no dividirla con y por intereses políticos personales.

Ciertamente, es una lástima que Al Gore manipulara políticamente un problema tan extendido y delicado, pues el mencionado documental tiene mucho valor en sí mismo por la abundancia de datos, imágenes, reflexiones y propuestas de medidas que podrían poner en práctica desde los gobiernos más poderosos hasta los más humildes ciudadanos.

Distinto es el informe del panel científico presentado en París, acerca del cual la directora adjunta de la Oficina para las Políticas en Ciencia y Tecnología, del Gobierno de Estados Unidos, Sharon Hays, declaró que “es un reporte significativo (que) será valioso para los políticos”, es decir, para los gobernantes, según reportó la agencia internacional de prensa Associated Press. Otra estadounidense, la científica Susan Solomon, quien forma parte del panel intergubernamental que presentó el informe ayer en París, dijo que “no puede haber duda de que el incremento en los gases de efecto de invernadero —los cuales, como muy bien se sabe, constituyen la causa material directa del recalentamiento global— es dominado por las actividades humanas”.

Es importante mencionar a estas personalidades estadounidenses, porque precisamente Estados Unidos, además de China comunista, India y Malasia, es uno de los países que más contaminan el ambiente, mientras que los que menos lo hacen son Suecia y Dinamarca, según evaluación de la Agencia Internacional de Energía (AIE).

Ahora bien, en lo que se refiere a Estados Unidos, después del mensaje a la nación que presentó el presidente Bush la semana pasada, los observadores consideran que ha dado un paso notable en dirección a alcanzar el consenso indispensable para que se pueda negociar y concertar un tratado “post Kyoto”. Estados Unidos no suscribió el Protocolo de Kyoto sobre el Cambio Climático, porque se dejó libre de obligaciones a países como China e India —que están entre los principales contaminadores del planeta— con el pretexto de que son países en desarrollo. Es como si en Managua la ley obligara sólo a las personas ricas a regular las emanaciones de gases contaminantes de sus carros, pero no a los propietarios de vehículos viejos y chatarras, “porque son pobres”.

La ley debe ser pareja. Las consecuencias del recalentamiento global afectan a todos por igual. Por lo tanto todos debemos tomar medidas para evitar que la calidad de vida en el planeta se siga deteriorando y, más aún, para que no ocurra una catástrofe universal de inimaginables consecuencias.

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