- Desde la ventanilla del avión, allá en lo alto, la Ciudad de los Campos Azules se divisa tranquila y soñolienta, parece una rama fresca de madroño tendida a la orilla del mar, tejas blancas de zinc que tratan de asomar entre el follaje espeso de un campo de esmeralda y jade
[doap_box title=»La mesa servida» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]
[/doap_box]