- Los aún altos precios del petróleo favorecen a la industria de biocombustibles. Pero el éxito no está garantizado
RÍo de Janeiro
2006 se recordará como un año excepcional para la industria latinoamericana de combustibles “verdes” renovables. Sin embargo, compañías del sector energético, analistas, gobiernos y grupos ambientalistas están en desacuerdo sobre si el boom regional de biocombustibles perdurará, o la burbuja reventará.
Latinoamérica, en particular Brasil y Argentina, se distingue por su extensa y cultivable tierra, así como por su mano de obra barata, lo que permite que empresas de agronegocios y energía siembren caña de azúcar, oleaginosas, soja y otras materias primas para biocombustibles que pueden sustituir productos petroleros. La región también tiene recursos de energía biomasa, hidráulica, solar y eólica, que le permiten generar electricidad y no depender de combustibles sucios como el petróleo y el carbón.
Aunque la región posee cerca del 14 por ciento de las reservas mundiales de petróleo y es un gran exportador, varios factores han impulsado el uso de combustibles alternativos: altos precios del crudo, temores sobre la seguridad energética y una mayor preocupación en torno al calentamiento global. En un informe reciente, New Energy Finance, empresa de investigación en energía verde con sede en Londres, proyecta que las iniciativas de energía alternativa atraerán este año US$63,000 millones en el mundo. Más del doble de los US$30,000 millones del 2004.
Muchos de los proyectos apuntan a Latinoamérica. Brasil, Venezuela, República Dominicana, Costa Rica, Colombia y otros países están ampliando sus programas de etanol de caña. La industria brasileña de etanol tiene un valor de más de US$12,000 millones al año y produce alrededor de 4,800 millones de galones, cantidad suficiente para sustituir el 40 por ciento de la gasolina que Brasil consume. Y aún habría espacio para la exportación.
El etanol y el biocombustible a partir de granos u oleaginosas están despegando en Argentina y Brasil. Ambos pronto exigirán una mezcla (blend) de biodiesel para el diesel que se comercializa internamente.
La brasileña Petrobras, que aspira a convertirse en líder mundial en exportación de etanol, ya tiene en su portafolio más de US$1,000 millones en proyectos de combustibles renovables, lo que incluye dos plantas de biodiesel en Brasil, exportación de etanol y programas de intercambio tecnológico con Venezuela y Nigeria. Recientemente, los fondos de inversión internacionales han inyectado dinero a los biocombustibles de Sudamérica; por lo general, a través de sociedades con firmas locales. Entre las compañías están las estadounidenses Archer Daniels Midland, Cargill y Pure Biofuels.
Desafortunadamente, la gran apuesta en los biocombustibles de Latinoamérica difícilmente aportará dividendos para cualquiera que inyecte capital, advierte Roberto Rodrigues, un agricultor de azúcar de caña en São Paulo y ex ministro de Agricultura de Brasil entre 2004 y mediados del 2006. “Está llegando mucho capital extranjero”, dijo en una reciente entrevista con ISTOE Rural, una publicación sobre las tendencias agrícolas en Brasil. “En 10 años contaremos con una gran cantidad de etanol, pero si los inversionistas desarrollan proyectos en tierras de bajo rendimiento, podrían ir a la quiebra”. Para cualquier proyecto de etanol, explicó Rodrigues, el clima y la buena locación representan el 50 por ciento de las probabilidades de éxito en Brasil. Sólo los agricultores de azúcar de caña que asimilen bien la tecnología y la gestión podrán tener garantizado algún grado de éxito. Rodrigues está montando un fondo de inversión en etanol en Brasil que podría iniciar operaciones este mes.
No es el único que advierte sobre un exceso en las inversiones, especialmente cuando los precios del petróleo bajan y los de las materias primas para biocombustibles suben. “El éxito de los biocombustibles está condicionado a que los precios del petróleo se mantengan altos”, dice David Nilles, un editor de Biodiesel Magazine, una publicación de Dakota del Norte, Estados Unidos, sobre la industria global de biocombustibles. “El boom ha durado más de lo que cualquiera hubiera imaginado, pero es posible que la burbuja reviente”.
En meses pasados, los precios del petróleo han caído en cerca de un 20 por ciento, desde su punto más alto de más de US$80 por barril (a mediados del 2006). Asimismo, los países miembros de la OPEP han acordado implementar recortes para evitar un colapso, lo que haría que, otra vez, los precios favorezcan a los biocombustibles.
El costo promedio de un barril de crudo en Estados Unidos desde mediados de 1940 es de alrededor de US$23.50 (ajustado para inflación). Cuando está en el rango de los US$20, pocos proyectos de biocombustibles pueden competir, asegura Gary Eisen, analista de mercado de Pira Energy Group, en Nueva York. Para fortuna del sector de los biocombustibles, dice Eisen, los futuros de petróleo se están comercializando en los US$60.
Si alguna región está capacitada para sostener el desarrollo de biocombustibles no deberá hacerlo dependiendo de subsidios. Los analistas dicen que Latinoamérica podría realizarlo.
Estudios recientes organizados por la londinense International Sugar Organization señalan que, gracias a sus favorables condiciones climáticas, Brasil puede producir etanol a partir de caña de azúcar a un costo de unos US$0.23 por litro. En Estados Unidos, el etanol obtenido del maíz tiene un costo de US$0.35 por litro. En China, el costo es de US$0.41 por litro. Y en Europa, de US$0.60 por litro.
Aunque los costos de producción de etanol son más bajos en Brasil, el costo final que pagaron los distribuidores de combustible por etanol de Brasil antes de impuestos fue de US$0.35 por litro (US$1.31 por galón), el precio de principios de diciembre, según Unica, grupo de agricultores de caña de azúcar de Brasil. Un barril completo de etanol brasileño costó US$40.61, su precio más bajo desde septiembre del 2005. El etanol brasileño, el más barato de producir en el mundo, puede tener una ventaja, pero ha sido mucho más caro que el costo promedio del petróleo durante el pasado medio siglo.
Hace poco, algunos inversionistas han enviado señales en el sentido de que quizá ha llegado el momento de moderar el entusiasmo. A principios de noviembre, la brasileña Ecodiesel, la productora de biodiesel más grande de Brasil y la primera latinoamericana de biodiesel que vende acciones, sólo obtuvo la mitad de los fondos que esperaba atraer un reciente IPO (que generó US$176 millones).
Según estimaciones del Ministerio de Energía, a fines del 2007 la capacidad de producción de biodiesel de Brasil alcanzará 2,800 millones de litros por año —quintuplicando los niveles actuales—, al tiempo que en el país se abrirán tres decenas de nuevas plantas. Si esto ocurre, en 2008, Brasil podría tener una capacidad excedida de 2,000 millones de litros por año, cuando las leyes exigirán a los combustibles que mezclen 2 por ciento de biodiesel en el abastecimiento general de diesel.
El abastecimiento de alimentos y las preocupaciones ambientales también empiezan a aparecer en los debates sobre la viabilidad de los biocombustibles. La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés) ha dicho que su desarrollo debe asegurar que el abastecimiento mundial de alimentos peligre, ya que muchos agricultores podrían usar sus cosechas para combustibles en lugar de para alimento.
Los biocombustibles son más limpios que los hidrocarburos, pero los ambientalistas advierten que la expansión del cultivo de caña de azúcar o soja podría conducir a la deforestación, a la erosión del suelo y a prácticas que generan emisiones de dióxido de carbono y amenazan el abastecimiento de agua fresca.